jueves, 4 de diciembre de 2008
Presentación de Proyecto Final
Proyecto Final Presentacion...1
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miércoles, 26 de noviembre de 2008
Proyecto de creación de un hotel
Nombre del sitio: Proyecto de crea´ción de un hotel
Url:http://proyectotuhotel.blogspot.com/
Breve descripción del sitio: El sitio busca informar de como crear un hotel desde las bases hasta mostrar proyectos ya terminados. Tambien muestra todo lo referente a la organizacion de hoteles como la estructura de su personal o que tipo de hotel es.
Url:http://proyectotuhotel.blogspot.com/
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138447,
Actividad 13,
Proyecto de creacion de un hotel
Opac de la Biblioteca Pública de Chicago
¿Cuantos y cuáles son los campos de la base de datos?
Title, other author, Publisher, subjects, summary, note, performer, note and description.
¿Cuantos y cuáles son los puntos de acceso dentro del Opac?
Palabra clave, titulo, autor, series, tema o materia, numero de control, número correspondiente al libro, edición, y una opción para solo mostrar resultados dentro de una fecha específica
¿El Opac permite el uso de operadores lógicos?
No, no permite el uso de operadores lógicos
¿Qué es préstamo interbibliotecario?
Yo pienso que el préstamo interbibliotecario es el préstamo de libros de una biblioteca a otra, mediante un acuerdo
¿Para qué sirve conocer los Opacs de otras bibliotecas?
Conocer los OPACS de otras bibliotecas nos dará una idea de toda la información que podemos llegar a obtener en caso de ser necesaria, o para saber cual biblioteca se encuentra afiliada a la nuestra y poder desarrollar campos de investigación más extensos.
Title, other author, Publisher, subjects, summary, note, performer, note and description.
¿Cuantos y cuáles son los puntos de acceso dentro del Opac?
Palabra clave, titulo, autor, series, tema o materia, numero de control, número correspondiente al libro, edición, y una opción para solo mostrar resultados dentro de una fecha específica
¿El Opac permite el uso de operadores lógicos?
No, no permite el uso de operadores lógicos
¿Qué es préstamo interbibliotecario?
Yo pienso que el préstamo interbibliotecario es el préstamo de libros de una biblioteca a otra, mediante un acuerdo
¿Para qué sirve conocer los Opacs de otras bibliotecas?
Conocer los OPACS de otras bibliotecas nos dará una idea de toda la información que podemos llegar a obtener en caso de ser necesaria, o para saber cual biblioteca se encuentra afiliada a la nuestra y poder desarrollar campos de investigación más extensos.
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Actividad 11,
Biblioteca Pública de Chicago,
Opacs
Opac de la Universidad de Arizona
¿Cuantos y cuáles son los campos de la base de datos?
Title, other author, Publisher, subjects, summary, note, performer, note and description.
¿Cuantos y cuáles son los puntos de acceso dentro del Opac?
P. clave, ubicación, secar and sort, format, Publisher, y de una determinada fecha a otra.
¿El Opac permite el uso de operadores lógicos?
No, no permite el uso de operadores lógicos
¿Qué es préstamo interbibliotecario?
Yo pienso que el préstamo interbibliotecario es el préstamo de libros de una biblioteca a otra, mediante un acuerdo
¿Para qué sirve conocer los Opacs de otras bibliotecas?
Conocer los OPACS de otras bibliotecas nos dará una idea de toda la información que podemos llegar a obtener en caso de ser necesaria, o para saber cual biblioteca se encuentra afiliada a la nuestra y poder desarrollar campos de investigación más extensos.
Title, other author, Publisher, subjects, summary, note, performer, note and description.
¿Cuantos y cuáles son los puntos de acceso dentro del Opac?
P. clave, ubicación, secar and sort, format, Publisher, y de una determinada fecha a otra.
¿El Opac permite el uso de operadores lógicos?
No, no permite el uso de operadores lógicos
¿Qué es préstamo interbibliotecario?
Yo pienso que el préstamo interbibliotecario es el préstamo de libros de una biblioteca a otra, mediante un acuerdo
¿Para qué sirve conocer los Opacs de otras bibliotecas?
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Actividad 11,
Opacs,
Univerisdad de Arizona
lunes, 24 de noviembre de 2008
Journal of Knowledge Management Practice
The Journal of Knowledge Management Practice (formerly the Journal of Systemic Knowledge Management under a different publisher) is devoted to collecting serious research about knowledge management and its practical applications. Authors are invited to read the notes for contributors, and are encouraged to contribute. We will promise a fast and fair critical review of all papers submitted. The Journal of Knowledge Management Practice is published in electronic format only.
The Journal of Knowledge Management Practice aims to collect, and disseminate to a multi-disciplinary audience, writings which will contribute to an holistic understanding of organisational knowledge management. Currently papers and presentations are scattered over a wide range of publications, none of which focus on knowledge management as a system which can only be understood and optimised when its elements have been identified, and their interactions understood and harmonised.
We are keen to encourage a wide range of submissions and contributions, including research findings, case studies, critical essays, trend analyses, anecdotal experiences, product and service reviews and commentaries, book and other publication reviews, and other areas of interest. Our intention is, above all, to be informative and useful to those working in organisations. As such, we would encourage those preparing submissions to think carefully about applications in practice.
URL: http://www.tlainc.com/jkmp.htm
The Journal of Knowledge Management Practice aims to collect, and disseminate to a multi-disciplinary audience, writings which will contribute to an holistic understanding of organisational knowledge management. Currently papers and presentations are scattered over a wide range of publications, none of which focus on knowledge management as a system which can only be understood and optimised when its elements have been identified, and their interactions understood and harmonised.
We are keen to encourage a wide range of submissions and contributions, including research findings, case studies, critical essays, trend analyses, anecdotal experiences, product and service reviews and commentaries, book and other publication reviews, and other areas of interest. Our intention is, above all, to be informative and useful to those working in organisations. As such, we would encourage those preparing submissions to think carefully about applications in practice.
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Actividad 22,
Knowledge,
Management
Cuadernos de Estudios Empresariales
Es una publicación fundada en 1991 con periodicidad anual por la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales y editada en colaboración con el Servicio de Publicaciones, dependiente del Vicerrectorado de Extensión Universitaria de la Universidad Complutense de Madrid.
Cuadernos de Estudios Empresariales pretende contribuir al desarrollo científico en los diferentes aspectos relacionados con la Economía de la Empresa, y ser un medio de difusión del conocimiento generado en la Academia hacia el mundo empresarial. Por tanto, aunque su público objetivo principal es el académico pretende suscitar el interés de los profesionales de la gestión de la empresa.
La revista cuenta con un Consejo de Redacción formado por Catedráticos de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales y un Comité Científico Asesor formado por prestigiosos académicos, pertenecientes a Universidades extranjeras como las de Kent (Reino Unido), INSEAD (Francia), ITAM (México), INCAE (Costa Rica) o La Habana (Cuba), y españolas como la Universidad Autónoma de Madrid, La Universidad de Castilla La Mancha, la Universidad de Zaragoza y la Universidad Complutense de Madrid, además de importantes instituciones profesionales como el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas ICAC o la Asociación Española de Profesores Universitarios de Contabilidad ASEPUC.
Los trabajos son sometidos a un proceso de selección basado en una doble evaluación ciega, contando con evaluadores de ocho países distintos.
URL: http://www.ucm.es/info/eunivers/hp207.htm
Cuadernos de Estudios Empresariales pretende contribuir al desarrollo científico en los diferentes aspectos relacionados con la Economía de la Empresa, y ser un medio de difusión del conocimiento generado en la Academia hacia el mundo empresarial. Por tanto, aunque su público objetivo principal es el académico pretende suscitar el interés de los profesionales de la gestión de la empresa.
La revista cuenta con un Consejo de Redacción formado por Catedráticos de la Escuela Universitaria de Estudios Empresariales y un Comité Científico Asesor formado por prestigiosos académicos, pertenecientes a Universidades extranjeras como las de Kent (Reino Unido), INSEAD (Francia), ITAM (México), INCAE (Costa Rica) o La Habana (Cuba), y españolas como la Universidad Autónoma de Madrid, La Universidad de Castilla La Mancha, la Universidad de Zaragoza y la Universidad Complutense de Madrid, además de importantes instituciones profesionales como el Instituto de Contabilidad y Auditoría de Cuentas ICAC o la Asociación Española de Profesores Universitarios de Contabilidad ASEPUC.
Los trabajos son sometidos a un proceso de selección basado en una doble evaluación ciega, contando con evaluadores de ocho países distintos.
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138447,
Actividad 22,
Empresas,
Estudios Empresariales
jueves, 6 de noviembre de 2008
Definición de Administrativo
Administrativo-Carnelutti clasifica a lo administrativo entre los actos técnicos de elaboración procesal, pera da a ese concepto un sentido distinto del que genéricamente. Dice: conviene repetir que este es un concepto técnico y no jurídico; administrar significa técnicamente desenvolver sobre una cosa, una actividad dirigida a hacerla vivir, de diversas maneras, en provecho de alguien. Precisamente por que es un concepto técnico, no existe incompatibilidad alguna entre el y las ideas de proceso y derecho procesal: la realidad es que también en el proceso se administra, por que ni el proceso ni ningún otro mecanismo del derecho pueden sustraerse a las leyes de la economía.
(Pallares, 1991)
(Pallares, 1991)
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138447,
Actividad 19,
Administrativo
Definición de Jurídico
Jurídico- Lo concerniente al derecho, lo que se hace con arreglo al derecho. Días jurídicos eran en el derecho romano aquellos en que podían administrar justicia los tribunales.
(Pallares, 1991)
(Pallares, 1991)
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138447,
Actividad 19,
Jurídico
Definición de Sistema Político
Sistema político- En su aceptación más general, la expresión s. político se refiere a cualquier conjunto de instituciones, de grupos y de procesos políticos caracterizados por un cierto grado de interdependencia reciproca. en la ciencia política contemporánea, sea como fuera se habla de s. político y de análisis sistemático de la vida política , se hace referencia a una noción y a un procedimiento de observación caracterizados por requisitos metodológicos y por precisos ámbitos de uso.
(Arico, 1991)
(Arico, 1991)
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138447,
Actividad 19,
Sistema Político
Definición de Partido Político
Partido político Según la famosa definición de Weber, el p. político es una asociación dirigida a un fin liberado, ya sea este objetivo: la realización de de un programa que tiene finalidades materiales o ideales, sea personal, es decir tendiente a obtener beneficios poder y honor para los jefes y seguidores o si no tendiente a todos estos finales al mismo tiempo. Esta definición pone de relieve el carácter asociativo, la naturaleza de su accionar, la multiplicación de impulsos y motivaciones que conducen a una acción política asociada, ni mas ni menos que la realización de fines objetivos y personales. Así concebido el partido comprende formaciones sociales bastante diversas, que van de los grupos unidos por vínculos personales y particulares a las organizaciones complejas de estilo burocrático y personal, cuyo rasgo común es el de moverse en la esfera de poder político.
(Arico, 1991)
(Arico, 1991)
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Actividad 19,
Partido Plítico
miércoles, 5 de noviembre de 2008
Introducción al proyecto final
Introduccion al proyecto final
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Actividad 17,
Introducción al proyecto final
viernes, 31 de octubre de 2008
Entrevista a Felix Ulloa, ex magistrado del TSE
"El verdadero fraude está en el financiamiento de los partidos”
La siginte es una entre vista a Felix Ulloa, Formó parte del equipo de COPAZ que diseñó el Tribunal Supremo Electoral después de los Acuerdos de Paz y fue después magistrado del mismo. Félix Ulloa analiza las últimas reformas electorales aprobadas a finales de diciembre, y habla también de la necesidad de reformar el sistema electoral salvadoreño.
¿Le parece obsoleto el actual sistema electoral?
Sí, esa es la conclusión. A estas alturas, no deberían estar las reglas del juego basadas en la desconfianza sino en la madurez, la transparencia y la equidad. Lo que sirvió para la transición de la postguerra a las nuevas instituciones democráticas ya no debería de existir. La base del fraude electoral en este momento en El Salvador tiene dos coordenadas. Una, que la descubrí y la planteé a la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La Corte me dio la razón y desafortunadamente la Asamblea Legislativa burló a la Corte. Es la definición de los distritos electorales, el número de diputados por departamentos. El fraude le permite al PCN ser siempre la tercera fuerza o ser el pie de la balanza legislativa porque con… por ejemplo, en 2000, con el ocho por ciento de la votación sacó 14 diputados.
¿Por qué?
Por la forma. El Código Electoral en el artículo 13 decía cuántos diputados tiene cada departamento. Ocho de los 14 departamentos tienen tres diputados. Según el sistema de cocientes y residuos, los dos partidos mayoritarios se llevan el primero y el segundo. El tercero no se lo lleva ninguno de los dos, sino que se lo lleva el tercer partido que sigue que siempre es el PCN. Es legítimo, pero el problema es que la constitución no dice que vas a basar el sistema electoral en los departamentos. Los distritos electorales no son los departamentos. El artículo 120 de la constitución dice que el sistema electoral se basa en la población y cuál es el hecho más notorio de que pudimos y debimos usar el censo electoral como la base para el diseño del sistema son los consejos municipales. Hay consejos que tienen 16 concejales más el alcalde y el síndico; pero otros tienen 12 ó 10 porque según el número de población que se tiene así se define el número de concejales. En el caso de los diputados no se hizo eso y se determinó que algunos departamentos tendrían tres diputados. ¿En base a qué?, no lo sabemos. Ahí se distorsionó y se violó la constitución. La CSJ me dio la razón… lo que hizo la Asamblea, y sobretodo el PCN, fue que el día anterior a que llegara la notificación declarando inconstitucional ese artículo ellos lo cambiaron y siempre quedaron los tres diputados. El sistema electoral que tiene una sobrerrepresentación. Ese es el primer fraude.
¿Y el segundo?
La ausencia de control en el financiamiento de los partidos políticos. Sobre todo el financiamiento privado. Algo que no se quiere regular y que, según lo manifestara Walter Araujo, el magistrado presidente, el financiamiento del sector privado, los grandes contribuyentes, es la infantería pesada y el uso de los medios de comunicación es la aviación. Como ellos están en guerra cuando hay elecciones, usan la artillera pesada y la aviación para aplastar al enemigo. Aquí la política es la guerra por otros medios. Con ese concepto nunca vas a regular el financiamiento de los partidos políticos y somos el único país de América que no tiene esa regulación. Aún en Haití está regulado el financiamiento. Aquí tú no sabés cuánto dan ni quién lo da. ¿Cuánto aporta Enrique Altamirano? no se sabe. Incluso, él podría decir: “Mire, yo no doy nada”; pero se podría medir en espacio de publicación lo que se está aportando en especie. Así se podría medir cuánto aporta El Diario de Hoy o Telecorporación Salvadoreña (TCS). Es fácil y lo quise hacer cuando era magistrado del Tribunal Supremo Electoral (TSE), cuando pedí que me enviaran la facturación de los partidos políticos. Y no me lo mandaron.
¿Ya vio la reforma aprobada en México?
Sí, eso me pareció magnífico. El PAN, que eran quien se podría haber opuesto, estuvieron de acuerdo y Santiago Creel Miranda dijo que pasara la reforma. Los abogados de Televisa y TVazteca interpusieron recursos de inconstitucionalidad.
Les han prohibido a los medios de comunicación la asignación de espacios a los partidos políticos.
Sí, sólo el Estado puede hacerlo.
Pero en El Salvador, las reformas que se han hecho no van en ese sentido y existe una percepción social de que fueron diseñadas para un posible fraude.
Hay demasiadas leyendas negras en torno al fraude electoral: que si los muertos votan, que si llevaban en las uñas minas de lápiz para anular votos, que si las pulseras que llevaban los de ARENA eran para manchar las papeletas del FMLN… Esas son puras leyendas negras. No hay fraude en ese sentido y enfocarse a querer evitar el fraude atacando este tipo de medidas es cometer un error gravísimo porque te vas a distraer de los verdaderos huecos que tiene el sistema. Y hablo del sistema de elección de diputados y la falta de control en el financiamiento privado. En cualquier país del mundo hay límites para el financiamiento privado.
Aquí, ¿Se mantiene la teoría de la desconfíanza recíproca entre los partidos políticos o ya el TSE tiene la confianza de la gente?
No, todavía no hemos llegado a ese punto de madurez política.
Por eso el presentar reformas electorales de manera no consensuada hace tener la percepción de parte del FMLN de que puede darse un fraude
Es que el FMLN mordió el anzuelo. El bloque de derecha aprobó estas reformas que no van a cambiar el ajedrez electoral y el FMLN reaccionó ante ellas y frente a lo que se tiene que discutir realmente. Es que no es cierto que se haya quitado la obligación de sellar y firmar la papeleta.
¿No?
No, lo que se quitó fue el hecho de que si alguien, un presidente o un secretario, no firman o no sella la papeleta deja de ser una causal de nulidad. Pero la obligación de sellar y firmar existe.
¿Eso no significaría en la práctica que las papeletas sin firma o sello son legítimas?
Sí.
¿Entonces?
Y sí hay un riesgo. Pero con 450 papeletas en cada urna, si te aparecen un 25 por ciento sin sello y firma no es el hecho que inspiró a legislador a regular eso. La norma se inspira en la realidad y se traduce en una ley para regular ese hecho factual. El hecho factual, según lo dijo el bloque de derecha que lo aprobó, es que hay algunos presidentes o secretarios que identificando al votante, como en los pueblos donde se conocen todos, no firma la papeleta y con eso ya anuló el voto. Estoy dando el beneficio de la buena fe a la reforma… pero, como lo dije, la percepción –y en política esto es la realidad- es que estas reformas se hicieron para asegurar el fraude electoral porque ARENA esta vez está convencida que va a perder y con esto está asegurando su continuidad.
¿Al aprobar estas reformas sin discusión no se refuerza esta percepción pública? ¿Por qué no hacerlo de una manera consensuada?
Es falta de madurez política pero no creo que haya que estigmatizar estas reformas electorales como “reformas para el fraude” porque esto empieza a generar dudas y desconfianza en torno al sistema que puede motivar a un ausentismo prematuro en las elecciones. Al contrario, si pudiesen ser una ventana para un posible fraude, lo que hay que combatir la percepción de la posibilidad de un fraude y eso se hace con la defensa del voto.
En México, se lo dije a los compañeros del PRD, “Miren a ustedes no les hicieron fraude electoral. Lo que aquí hubo fue un fraude a la democracia”. Fue mucho más amplio porque a López Obrador le hicieron el antejuicio, metieron los spots de Hugo Chávez, la presidencia de México metió 230 mil spots de televisión en la campaña. Fue una cosa abrumadora para aplastar. Y hay que tener cuidado porque esto es lo que puede pasar acá. El fraude que medio les hizo la maestra Elbester Gordillo y que si dio el triunfo a Felipe Calderón fue el de “hormiga”, el de anular uno o dos votos por urna. Eran 130 mil urnas y con un voto que anularan ya bastaba. Pero eso habla mal del PRD porque no tuvieron la capacidad de cubrir todas las casillas electorales, sólo el 80 por ciento. Entonces, si el FMLN no tiene la capacidad de cubrir las nueve mil Juntas Receptoras de Votos y tener ahí gente que defienda el voto… es decir, aquí yo te puedo hacer fraude si yo soy más, si tengo más capacidad de engañarte, de dormirte y de presionarte. Y, a estas alturas, un partido como el Frente no puede alegar que le van a hacer un fraude de este tipo porque eso es aceptar su incapacidad, su incompetencia o que tiene limitaciones para defender el voto que supuestamente va a ir masivamente para él.
Está mordiendo el anzuelo con ellas cuando lo que se debería de estar debatiendo es la solicitud del veto presidencial –que si el presidente de la República, Antonio Saca, quiere demostrar que su partido no está queriendo aprovecharse de ventajas del sistema electoral para mantenerse en el poder, que simplemente las vete-.
¿Le gustan entonces las reformas?
La que es mala me parece es que se quite la causal de nulidad al no haber sello y firma porque eso puede llevar una doble intención. Eso puede ser que hagas un cálculo de que te van a sacar 200 mil votos y con nueve mil urnas empecés a decir que necesitas sacar cinco o diez votos por urna… o sea, empezar a jugar. Eso pudiera ser un fraude de hormiga, como se hizo en México, y por eso la consigan en México fue voto por voto, casilla por casilla. Porque se sabía que en cada casilla le habían metido uno o dos y la diferencia entre Calderón y López Obrador fue de 250 mil votos en 130 mil casillas, bastaba que se anularan o se agregaran dos votos para hacer el trabajo de hormiga.
El problema no es que le vayan a hacer o no fraude al Frente sino que si la elección termina tan cerrada como la de la alcaldía de San Salvador en 2006 basta con que un simpatizante del FMLN diga para que hubo fraude para que esto, aunque no sea así, se convierta en un hecho político.
Exacto.
Entonces, vamos más a fondo, ¿por qué tanta suspicacia en una elección cerrada? ¿Esto está en las reformas electorales o en la composición del Tribunal? ¿Qué hay que cambiar para generar mayor confianza en la legitimidad de los resultados finales de una elección?
Para generar mayor confianza y que haya legitimidad en el TSE, para mí, hay que hacer las dos reformas que he dicho: cambiar el sistema de elección de diputados y cerrar el hueco del financiamiento. Lo demás es pura cosmetología del sistema.
¿Incluyendo la separación de lo jurisdiccional y lo administrativo dentro del TSE?
He sido de los defensores de esa separación pero eso implica reformas constitucionales. El problema es que estamos hablando de tiempos y posibilidades. Y dentro del tiempo que tenemos para las elecciones un cambio en la composición del Tribunal no es posible. El hecho de que se hayan separado las elecciones, yo sólo estoy esperando que salga publicado en el Diario Oficial para presentar el recurso de amparo ante la CSJ porque es inconstitucional, porque afecta los plazos de propaganda. El Artículo 80 de la Constitución te señala los plazos de campaña y de cierres de registros. Cuatro meses de campaña para elecciones presidenciales; dos meses para diputados; y uno para alcaldes. Y luego, está cuál de ellas utilizarás para el cierre del registro, que se tienen que hacer 60 días antes y 90 días antes de la fecha electoral.
¿Pero qué importa cuando el presidente del TSE dice que siempre deberíamos estar en campaña, que no se sancionará a nadie por campaña adelantada?
Totalmente de acuerdo con eso. Yo era de la misma idea. Aquí deberíamos de tener una campaña política permanente. No partidista ni de “voten por mí”, sino de educación política. Los partidos deberían de tener institutos y centros de investigación para ello.
Pero Araujo no se refería a eso.
Yo sé.
Entre las reformas está el no permitir el traslado de votantes a un año de las elecciones.
Eso está bien. Por eso te digo que las reformas no son malas en sí. También tienes ahí que no sean los partidos los que nombren a los miembros de la JRV, eso es algo que habíamos peleado desde antes, por ciudadanizar los procesos… o sea, la reforma en sí…
¿Pero de qué sirve si hoy será el Tribunal quién los nombre? ¿No es lo mismo?
Sí, es un Tribunal no solo partidizado sino que cuestionado por su legitimidad.
¿No cree que el Tribunal se ha desinstitucionalizado?
Sí, totalmente. No solo desinstitucionalizado sino que, y lo he dicho de una manera más gráfica, el escenario que se está planteando hoy, al igual que se hizo en 2004, es un choque de trenes que nos va a llevar a un golpe a la institucionalidad. Ese choque de trenes nos llevó a la eliminación del PDC, PCN y CDU; y, ¿qué se hizo?, afectar la institucionalidad nombrando a un magistrado, Moreno Niños, de un partido que había sido extinguido, que los partidos alegaran a la CSJ para que los restituyeran… Entonces, si no estamos preparados para el choque de trenes no habría que jugar a eso. Pero aquí decimos como los bichos: “Nos vamos a agarrar hasta que salga sangre”. Y cuando sale la sangre se asustan, eso fue lo que pasó aquí.
Pero entonces no basta lo que usted pone como requisito para alcanzar la madurez del sistema
No, son para evitar el fraude.
La gran amenaza para el país para el 2009 es una elección cerrada y un Tribunal que no tiene legitimidad.
Y que no tengas duda que será una elección cerrada. Y tenés varios escenarios en la región para observar qué pasó: México y Costa Rica, donde se resolvieron de diferentes maneras. Aquí ya tuvimos un caso con la elección de la alcaldía de San Salvador en 2006, que se definió con 44 votos, aunque no era la presidencia y mucho ojo con eso. ¿Qué es lo que te marca la diferencia cuando tu tienes esas normas en el papel aunque nadie las aplique?, que están y que podés decirle al TSE, “está la ley y no lo están aplicando”. Qué dicen los magistrados en la actualidad, y eso decía yo cuando lo era, “soy un tigre sin colmillos y sin garras”. Yo te lo demuestro porque mandé una carta a los medios de comunicación solicitando que me informaran cuánto le habían facturado a cada partido y ninguno me respondió porque ninguna norma los obligaba. Si hubiera habido una norma, te juro que demando a los medios por no informar. La diferencia de que exista una ley y no se cumpla frente a que no exista es enorme. ¿Qué pasó en México?, la ley no los obligaba y por eso la terminaron cambiando. ¿Qué van a buscar otra forma de evadirla?, sí pero vas poniendo cada vez más barreras. Esto es una construcción de una institucionalidad.
Si el TSE es un Tribunal partidizado y los partidos como mayoría se sienten cómodos con la actual legislación, ¿cómo esperar que esto cambie?
No es en el TSE donde está el problema, es en la Asamblea Legislativa. A mi me decía: “¿No seas ingenuo, crees que los partidos políticos se van a autolimitar? El Frente juega a lo mismo porque recibe dinero de aquí o de allá y no quieren declarar de dónde”. Pero, la diferencia es que la relación es asimétrica. Por un millón que recibe el Frente, René Figueroa recibe 20. El problema es poner reglas y no reglas para los partidos sino para la sociedad. Esa es la parte que hay que empujar en estos momentos.
¿Cómo empujar si tanto en el TSE como en la Asamblea mandan los mismos tres partidos por mayoría simple? Eso es algo que Araujo ha dicho.
Cuando yo era magistrado, no recuerdo si fue Suvillaga o Araujo el que me dijo: “La política es el negocio de los partidos, y el TSE está para arbitrar. Pero los dueños del negocio somos nosotros”. Pero eso es un error porque es entender la política con la misma visión patrimonial con la que se maneja el Estado. Primero, no son tres magistrados, sino son cinco y todos tienen la misma capacidad y potestad de interpretar y aplicar la ley. Entonces, ¿por qué se excluye a los otros dos? Ese es el primer punto.
Sigue existiendo esa desconfianza y la falta de credibilidad en la institución. Que es una lástima, porque el Tribunal y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos fueron las dos instituciones que nacieron de los acuerdos de paz un poco para combatir aquellos traumas que teníamos de la guerra y la postguerra sobre la violación de derechos humanos y los fraudes electorales que habían hecho Chante Vilanova y el Consejo Central de Elecciones de los años 70. Que tengamos ahora este tribunal no es culpa del tribunal mismo sino de la asamblea, hay un recurso de inconstitucionalidad y que la CSJ no resuelva no es culpa del Tribunal. Lo decía Ortega y Gasett con claridad: “Todas las democracias, aún las más consolidadas dependen de un simple detalle técnico, las elecciones”.
La responsabilidad no solo es de la derecha. La interpartidaria tiene más de 54 proyectos de ley –desde el voto en el exterior y el financiamiento de campañas- simplemente las apartó y se dedicó a hacer estas cosas que son estrictamente cosméticas y que no conducen ni a mejorar el sistema, ni a facilitar el acceso a los votantes ni a darle seguridad al proceso. Por el contrario, desde ya se les está considerando como la antesala de un fraude.
La interpartidaria no tiene ningún valor para Araujo. Nos dijo en una entrevista que es la comisión electoral de la Asamblea y no la interpartidaria la que decidía las reformas.
Pero era una instancia de concertación. Lastimosamente Araujo es de los niños de la guerra, de los menos evolucionados de ARENA, y no entiende que son los espacios de concertación y los mecanismos de diálogo. No, para ellos es “Jalisco nunca pierde”. Mantener el sistema actual es una ventaja y no hay interés en generar condiciones de competencia de igualdad.
¿Y el FMLN?
Tiene posiciones correctas que no las sabe vender y que no las sabe explotar. Pero también el Frente llega a un punto determinado en que las reformas no le convienen. Lo más grave fue cuando subieron ese techo del tres por ciento. Antes era el uno por ciento para que los partidos desaparecieran. Y ese fue un acuerdo entre ARENA y el FMLN. El mismo Gerson lo dijo, que entonces era magistrado, cuando le dijimos que era una reforma brutal para el sistema. “Mire”, dijo, “hay que eliminar a todos estos partiditos chiquitos”. Esta polarización favorece a ambos. Es un juego perverso en el cual ARENA se ha beneficiado y el Frente también. Y la consideración no es en función de democracia, ni del proceso electoral.
Esta entrevista fue realizada por Carlos Dada y Rodrigo Baires para el Perioddico Digital El faro, el dia 07 de Enero de 2008
La siginte es una entre vista a Felix Ulloa, Formó parte del equipo de COPAZ que diseñó el Tribunal Supremo Electoral después de los Acuerdos de Paz y fue después magistrado del mismo. Félix Ulloa analiza las últimas reformas electorales aprobadas a finales de diciembre, y habla también de la necesidad de reformar el sistema electoral salvadoreño.
¿Le parece obsoleto el actual sistema electoral?
Sí, esa es la conclusión. A estas alturas, no deberían estar las reglas del juego basadas en la desconfianza sino en la madurez, la transparencia y la equidad. Lo que sirvió para la transición de la postguerra a las nuevas instituciones democráticas ya no debería de existir. La base del fraude electoral en este momento en El Salvador tiene dos coordenadas. Una, que la descubrí y la planteé a la Corte Suprema de Justicia (CSJ). La Corte me dio la razón y desafortunadamente la Asamblea Legislativa burló a la Corte. Es la definición de los distritos electorales, el número de diputados por departamentos. El fraude le permite al PCN ser siempre la tercera fuerza o ser el pie de la balanza legislativa porque con… por ejemplo, en 2000, con el ocho por ciento de la votación sacó 14 diputados.
¿Por qué?
Por la forma. El Código Electoral en el artículo 13 decía cuántos diputados tiene cada departamento. Ocho de los 14 departamentos tienen tres diputados. Según el sistema de cocientes y residuos, los dos partidos mayoritarios se llevan el primero y el segundo. El tercero no se lo lleva ninguno de los dos, sino que se lo lleva el tercer partido que sigue que siempre es el PCN. Es legítimo, pero el problema es que la constitución no dice que vas a basar el sistema electoral en los departamentos. Los distritos electorales no son los departamentos. El artículo 120 de la constitución dice que el sistema electoral se basa en la población y cuál es el hecho más notorio de que pudimos y debimos usar el censo electoral como la base para el diseño del sistema son los consejos municipales. Hay consejos que tienen 16 concejales más el alcalde y el síndico; pero otros tienen 12 ó 10 porque según el número de población que se tiene así se define el número de concejales. En el caso de los diputados no se hizo eso y se determinó que algunos departamentos tendrían tres diputados. ¿En base a qué?, no lo sabemos. Ahí se distorsionó y se violó la constitución. La CSJ me dio la razón… lo que hizo la Asamblea, y sobretodo el PCN, fue que el día anterior a que llegara la notificación declarando inconstitucional ese artículo ellos lo cambiaron y siempre quedaron los tres diputados. El sistema electoral que tiene una sobrerrepresentación. Ese es el primer fraude.
¿Y el segundo?
La ausencia de control en el financiamiento de los partidos políticos. Sobre todo el financiamiento privado. Algo que no se quiere regular y que, según lo manifestara Walter Araujo, el magistrado presidente, el financiamiento del sector privado, los grandes contribuyentes, es la infantería pesada y el uso de los medios de comunicación es la aviación. Como ellos están en guerra cuando hay elecciones, usan la artillera pesada y la aviación para aplastar al enemigo. Aquí la política es la guerra por otros medios. Con ese concepto nunca vas a regular el financiamiento de los partidos políticos y somos el único país de América que no tiene esa regulación. Aún en Haití está regulado el financiamiento. Aquí tú no sabés cuánto dan ni quién lo da. ¿Cuánto aporta Enrique Altamirano? no se sabe. Incluso, él podría decir: “Mire, yo no doy nada”; pero se podría medir en espacio de publicación lo que se está aportando en especie. Así se podría medir cuánto aporta El Diario de Hoy o Telecorporación Salvadoreña (TCS). Es fácil y lo quise hacer cuando era magistrado del Tribunal Supremo Electoral (TSE), cuando pedí que me enviaran la facturación de los partidos políticos. Y no me lo mandaron.
¿Ya vio la reforma aprobada en México?
Sí, eso me pareció magnífico. El PAN, que eran quien se podría haber opuesto, estuvieron de acuerdo y Santiago Creel Miranda dijo que pasara la reforma. Los abogados de Televisa y TVazteca interpusieron recursos de inconstitucionalidad.
Les han prohibido a los medios de comunicación la asignación de espacios a los partidos políticos.
Sí, sólo el Estado puede hacerlo.
Pero en El Salvador, las reformas que se han hecho no van en ese sentido y existe una percepción social de que fueron diseñadas para un posible fraude.
Hay demasiadas leyendas negras en torno al fraude electoral: que si los muertos votan, que si llevaban en las uñas minas de lápiz para anular votos, que si las pulseras que llevaban los de ARENA eran para manchar las papeletas del FMLN… Esas son puras leyendas negras. No hay fraude en ese sentido y enfocarse a querer evitar el fraude atacando este tipo de medidas es cometer un error gravísimo porque te vas a distraer de los verdaderos huecos que tiene el sistema. Y hablo del sistema de elección de diputados y la falta de control en el financiamiento privado. En cualquier país del mundo hay límites para el financiamiento privado.
Aquí, ¿Se mantiene la teoría de la desconfíanza recíproca entre los partidos políticos o ya el TSE tiene la confianza de la gente?
No, todavía no hemos llegado a ese punto de madurez política.
Por eso el presentar reformas electorales de manera no consensuada hace tener la percepción de parte del FMLN de que puede darse un fraude
Es que el FMLN mordió el anzuelo. El bloque de derecha aprobó estas reformas que no van a cambiar el ajedrez electoral y el FMLN reaccionó ante ellas y frente a lo que se tiene que discutir realmente. Es que no es cierto que se haya quitado la obligación de sellar y firmar la papeleta.
¿No?
No, lo que se quitó fue el hecho de que si alguien, un presidente o un secretario, no firman o no sella la papeleta deja de ser una causal de nulidad. Pero la obligación de sellar y firmar existe.
¿Eso no significaría en la práctica que las papeletas sin firma o sello son legítimas?
Sí.
¿Entonces?
Y sí hay un riesgo. Pero con 450 papeletas en cada urna, si te aparecen un 25 por ciento sin sello y firma no es el hecho que inspiró a legislador a regular eso. La norma se inspira en la realidad y se traduce en una ley para regular ese hecho factual. El hecho factual, según lo dijo el bloque de derecha que lo aprobó, es que hay algunos presidentes o secretarios que identificando al votante, como en los pueblos donde se conocen todos, no firma la papeleta y con eso ya anuló el voto. Estoy dando el beneficio de la buena fe a la reforma… pero, como lo dije, la percepción –y en política esto es la realidad- es que estas reformas se hicieron para asegurar el fraude electoral porque ARENA esta vez está convencida que va a perder y con esto está asegurando su continuidad.
¿Al aprobar estas reformas sin discusión no se refuerza esta percepción pública? ¿Por qué no hacerlo de una manera consensuada?
Es falta de madurez política pero no creo que haya que estigmatizar estas reformas electorales como “reformas para el fraude” porque esto empieza a generar dudas y desconfianza en torno al sistema que puede motivar a un ausentismo prematuro en las elecciones. Al contrario, si pudiesen ser una ventana para un posible fraude, lo que hay que combatir la percepción de la posibilidad de un fraude y eso se hace con la defensa del voto.
En México, se lo dije a los compañeros del PRD, “Miren a ustedes no les hicieron fraude electoral. Lo que aquí hubo fue un fraude a la democracia”. Fue mucho más amplio porque a López Obrador le hicieron el antejuicio, metieron los spots de Hugo Chávez, la presidencia de México metió 230 mil spots de televisión en la campaña. Fue una cosa abrumadora para aplastar. Y hay que tener cuidado porque esto es lo que puede pasar acá. El fraude que medio les hizo la maestra Elbester Gordillo y que si dio el triunfo a Felipe Calderón fue el de “hormiga”, el de anular uno o dos votos por urna. Eran 130 mil urnas y con un voto que anularan ya bastaba. Pero eso habla mal del PRD porque no tuvieron la capacidad de cubrir todas las casillas electorales, sólo el 80 por ciento. Entonces, si el FMLN no tiene la capacidad de cubrir las nueve mil Juntas Receptoras de Votos y tener ahí gente que defienda el voto… es decir, aquí yo te puedo hacer fraude si yo soy más, si tengo más capacidad de engañarte, de dormirte y de presionarte. Y, a estas alturas, un partido como el Frente no puede alegar que le van a hacer un fraude de este tipo porque eso es aceptar su incapacidad, su incompetencia o que tiene limitaciones para defender el voto que supuestamente va a ir masivamente para él.
Está mordiendo el anzuelo con ellas cuando lo que se debería de estar debatiendo es la solicitud del veto presidencial –que si el presidente de la República, Antonio Saca, quiere demostrar que su partido no está queriendo aprovecharse de ventajas del sistema electoral para mantenerse en el poder, que simplemente las vete-.
¿Le gustan entonces las reformas?
La que es mala me parece es que se quite la causal de nulidad al no haber sello y firma porque eso puede llevar una doble intención. Eso puede ser que hagas un cálculo de que te van a sacar 200 mil votos y con nueve mil urnas empecés a decir que necesitas sacar cinco o diez votos por urna… o sea, empezar a jugar. Eso pudiera ser un fraude de hormiga, como se hizo en México, y por eso la consigan en México fue voto por voto, casilla por casilla. Porque se sabía que en cada casilla le habían metido uno o dos y la diferencia entre Calderón y López Obrador fue de 250 mil votos en 130 mil casillas, bastaba que se anularan o se agregaran dos votos para hacer el trabajo de hormiga.
El problema no es que le vayan a hacer o no fraude al Frente sino que si la elección termina tan cerrada como la de la alcaldía de San Salvador en 2006 basta con que un simpatizante del FMLN diga para que hubo fraude para que esto, aunque no sea así, se convierta en un hecho político.
Exacto.
Entonces, vamos más a fondo, ¿por qué tanta suspicacia en una elección cerrada? ¿Esto está en las reformas electorales o en la composición del Tribunal? ¿Qué hay que cambiar para generar mayor confianza en la legitimidad de los resultados finales de una elección?
Para generar mayor confianza y que haya legitimidad en el TSE, para mí, hay que hacer las dos reformas que he dicho: cambiar el sistema de elección de diputados y cerrar el hueco del financiamiento. Lo demás es pura cosmetología del sistema.
¿Incluyendo la separación de lo jurisdiccional y lo administrativo dentro del TSE?
He sido de los defensores de esa separación pero eso implica reformas constitucionales. El problema es que estamos hablando de tiempos y posibilidades. Y dentro del tiempo que tenemos para las elecciones un cambio en la composición del Tribunal no es posible. El hecho de que se hayan separado las elecciones, yo sólo estoy esperando que salga publicado en el Diario Oficial para presentar el recurso de amparo ante la CSJ porque es inconstitucional, porque afecta los plazos de propaganda. El Artículo 80 de la Constitución te señala los plazos de campaña y de cierres de registros. Cuatro meses de campaña para elecciones presidenciales; dos meses para diputados; y uno para alcaldes. Y luego, está cuál de ellas utilizarás para el cierre del registro, que se tienen que hacer 60 días antes y 90 días antes de la fecha electoral.
¿Pero qué importa cuando el presidente del TSE dice que siempre deberíamos estar en campaña, que no se sancionará a nadie por campaña adelantada?
Totalmente de acuerdo con eso. Yo era de la misma idea. Aquí deberíamos de tener una campaña política permanente. No partidista ni de “voten por mí”, sino de educación política. Los partidos deberían de tener institutos y centros de investigación para ello.
Pero Araujo no se refería a eso.
Yo sé.
Entre las reformas está el no permitir el traslado de votantes a un año de las elecciones.
Eso está bien. Por eso te digo que las reformas no son malas en sí. También tienes ahí que no sean los partidos los que nombren a los miembros de la JRV, eso es algo que habíamos peleado desde antes, por ciudadanizar los procesos… o sea, la reforma en sí…
¿Pero de qué sirve si hoy será el Tribunal quién los nombre? ¿No es lo mismo?
Sí, es un Tribunal no solo partidizado sino que cuestionado por su legitimidad.
¿No cree que el Tribunal se ha desinstitucionalizado?
Sí, totalmente. No solo desinstitucionalizado sino que, y lo he dicho de una manera más gráfica, el escenario que se está planteando hoy, al igual que se hizo en 2004, es un choque de trenes que nos va a llevar a un golpe a la institucionalidad. Ese choque de trenes nos llevó a la eliminación del PDC, PCN y CDU; y, ¿qué se hizo?, afectar la institucionalidad nombrando a un magistrado, Moreno Niños, de un partido que había sido extinguido, que los partidos alegaran a la CSJ para que los restituyeran… Entonces, si no estamos preparados para el choque de trenes no habría que jugar a eso. Pero aquí decimos como los bichos: “Nos vamos a agarrar hasta que salga sangre”. Y cuando sale la sangre se asustan, eso fue lo que pasó aquí.
Pero entonces no basta lo que usted pone como requisito para alcanzar la madurez del sistema
No, son para evitar el fraude.
La gran amenaza para el país para el 2009 es una elección cerrada y un Tribunal que no tiene legitimidad.
Y que no tengas duda que será una elección cerrada. Y tenés varios escenarios en la región para observar qué pasó: México y Costa Rica, donde se resolvieron de diferentes maneras. Aquí ya tuvimos un caso con la elección de la alcaldía de San Salvador en 2006, que se definió con 44 votos, aunque no era la presidencia y mucho ojo con eso. ¿Qué es lo que te marca la diferencia cuando tu tienes esas normas en el papel aunque nadie las aplique?, que están y que podés decirle al TSE, “está la ley y no lo están aplicando”. Qué dicen los magistrados en la actualidad, y eso decía yo cuando lo era, “soy un tigre sin colmillos y sin garras”. Yo te lo demuestro porque mandé una carta a los medios de comunicación solicitando que me informaran cuánto le habían facturado a cada partido y ninguno me respondió porque ninguna norma los obligaba. Si hubiera habido una norma, te juro que demando a los medios por no informar. La diferencia de que exista una ley y no se cumpla frente a que no exista es enorme. ¿Qué pasó en México?, la ley no los obligaba y por eso la terminaron cambiando. ¿Qué van a buscar otra forma de evadirla?, sí pero vas poniendo cada vez más barreras. Esto es una construcción de una institucionalidad.
Si el TSE es un Tribunal partidizado y los partidos como mayoría se sienten cómodos con la actual legislación, ¿cómo esperar que esto cambie?
No es en el TSE donde está el problema, es en la Asamblea Legislativa. A mi me decía: “¿No seas ingenuo, crees que los partidos políticos se van a autolimitar? El Frente juega a lo mismo porque recibe dinero de aquí o de allá y no quieren declarar de dónde”. Pero, la diferencia es que la relación es asimétrica. Por un millón que recibe el Frente, René Figueroa recibe 20. El problema es poner reglas y no reglas para los partidos sino para la sociedad. Esa es la parte que hay que empujar en estos momentos.
¿Cómo empujar si tanto en el TSE como en la Asamblea mandan los mismos tres partidos por mayoría simple? Eso es algo que Araujo ha dicho.
Cuando yo era magistrado, no recuerdo si fue Suvillaga o Araujo el que me dijo: “La política es el negocio de los partidos, y el TSE está para arbitrar. Pero los dueños del negocio somos nosotros”. Pero eso es un error porque es entender la política con la misma visión patrimonial con la que se maneja el Estado. Primero, no son tres magistrados, sino son cinco y todos tienen la misma capacidad y potestad de interpretar y aplicar la ley. Entonces, ¿por qué se excluye a los otros dos? Ese es el primer punto.
Sigue existiendo esa desconfianza y la falta de credibilidad en la institución. Que es una lástima, porque el Tribunal y la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos fueron las dos instituciones que nacieron de los acuerdos de paz un poco para combatir aquellos traumas que teníamos de la guerra y la postguerra sobre la violación de derechos humanos y los fraudes electorales que habían hecho Chante Vilanova y el Consejo Central de Elecciones de los años 70. Que tengamos ahora este tribunal no es culpa del tribunal mismo sino de la asamblea, hay un recurso de inconstitucionalidad y que la CSJ no resuelva no es culpa del Tribunal. Lo decía Ortega y Gasett con claridad: “Todas las democracias, aún las más consolidadas dependen de un simple detalle técnico, las elecciones”.
La responsabilidad no solo es de la derecha. La interpartidaria tiene más de 54 proyectos de ley –desde el voto en el exterior y el financiamiento de campañas- simplemente las apartó y se dedicó a hacer estas cosas que son estrictamente cosméticas y que no conducen ni a mejorar el sistema, ni a facilitar el acceso a los votantes ni a darle seguridad al proceso. Por el contrario, desde ya se les está considerando como la antesala de un fraude.
La interpartidaria no tiene ningún valor para Araujo. Nos dijo en una entrevista que es la comisión electoral de la Asamblea y no la interpartidaria la que decidía las reformas.
Pero era una instancia de concertación. Lastimosamente Araujo es de los niños de la guerra, de los menos evolucionados de ARENA, y no entiende que son los espacios de concertación y los mecanismos de diálogo. No, para ellos es “Jalisco nunca pierde”. Mantener el sistema actual es una ventaja y no hay interés en generar condiciones de competencia de igualdad.
¿Y el FMLN?
Tiene posiciones correctas que no las sabe vender y que no las sabe explotar. Pero también el Frente llega a un punto determinado en que las reformas no le convienen. Lo más grave fue cuando subieron ese techo del tres por ciento. Antes era el uno por ciento para que los partidos desaparecieran. Y ese fue un acuerdo entre ARENA y el FMLN. El mismo Gerson lo dijo, que entonces era magistrado, cuando le dijimos que era una reforma brutal para el sistema. “Mire”, dijo, “hay que eliminar a todos estos partiditos chiquitos”. Esta polarización favorece a ambos. Es un juego perverso en el cual ARENA se ha beneficiado y el Frente también. Y la consideración no es en función de democracia, ni del proceso electoral.
Esta entrevista fue realizada por Carlos Dada y Rodrigo Baires para el Perioddico Digital El faro, el dia 07 de Enero de 2008
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Entrevista a Felix Ulloa
Descartan en el IFE cambio a presupuesto
Descartan en el IFE cambio a presupuesto.
El Instituto Federal Electoral (IFE) no tiene previsto hacer ajustes a su petición de presupuesto.
El IFE no tiene previsto hacer cambio alguno al presupuesto para gastos de campaña de partidos políticos del siguiente año, pese a las peticiones que ha recibido. El IFE solicito 12 mil 880 millones de pesos para cubrir sus gastos operativos y el financiamiento a partidos políticos con miras a los comicios de 2009.
Bibliografía
Titulo: descartan en el IFE cambio al presupuesto
Fecha de publicación: miércoles 15 de Octubre de 2008
Publicación: Excélsior
Autor: Aurora Zepeda Rojas
El Instituto Federal Electoral (IFE) no tiene previsto hacer ajustes a su petición de presupuesto.
El IFE no tiene previsto hacer cambio alguno al presupuesto para gastos de campaña de partidos políticos del siguiente año, pese a las peticiones que ha recibido. El IFE solicito 12 mil 880 millones de pesos para cubrir sus gastos operativos y el financiamiento a partidos políticos con miras a los comicios de 2009.
Bibliografía
Titulo: descartan en el IFE cambio al presupuesto
Fecha de publicación: miércoles 15 de Octubre de 2008
Publicación: Excélsior
Autor: Aurora Zepeda Rojas
Sale cara la democracia a mexicanos
Sale cara la democracia a los mexicanos
Más de 12 mil millones de pesos le costará a los mexicanos las elecciones federales del próximo 2009, cuando se elegirán diputados federales de la Cámara Baja del Congreso de la Unión.
Así lo dio a conocer Marco Antonio Baños, miembro fundador y Consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), quien precisó que de ese presupuesto, 3 mil 500 millones de pesos corresponden directamente a financiamiento de los partidos políticos y el resto corresponde a los costos de operación del órgano electoral.
Tan sólo con el presupuesto directo a los partidos políticos, Cancún podría resolver sus problemas de rezago de infraestructura urbana y vial.
Bibliografía
Titulo: Sale cara la democracia a los mexicanos
Fecha de publicación: Viernes 10 de Octubre de 2008
Publicación: Novedades de Quintana Roo
Autor: Guadalupe Martinez
Más de 12 mil millones de pesos le costará a los mexicanos las elecciones federales del próximo 2009, cuando se elegirán diputados federales de la Cámara Baja del Congreso de la Unión.
Así lo dio a conocer Marco Antonio Baños, miembro fundador y Consejero del Instituto Federal Electoral (IFE), quien precisó que de ese presupuesto, 3 mil 500 millones de pesos corresponden directamente a financiamiento de los partidos políticos y el resto corresponde a los costos de operación del órgano electoral.
Tan sólo con el presupuesto directo a los partidos políticos, Cancún podría resolver sus problemas de rezago de infraestructura urbana y vial.
Bibliografía
Titulo: Sale cara la democracia a los mexicanos
Fecha de publicación: Viernes 10 de Octubre de 2008
Publicación: Novedades de Quintana Roo
Autor: Guadalupe Martinez
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138447,
Actividad 18,
financiamento,
Guadalupe Martinez,
partidos politicos
sábado, 18 de octubre de 2008
Campo político y juventud: análisis en dos dispostivos de Morelos
Campo político y
juventud: análisis en
dos dispositivos de
Morelos.
De la negación del otro a la
política como servicio
Problemática: juventud
y política ¿relación
infranqueable?
Se presenta un estudio en dos dispositivos
formativos de Morelos, uno formal y el
otro informal, en ambos se analizan las
representaciones que los jóvenes mantienen
de su relación con el campo político
y la manera en que irrumpe en sus vidas.
Sobresale que en los jóvenes escolarizados
los núcleos figurativos imperantes son
la manera formal en la que se la inscribe;
la democracia como parte del campo
en la que se presenta de manera disociada
y la comprensión bajo el conflicto al que
se la asocia con la consecuente negación
del otro distinto. Por su parte, los
jóvenes del dispositivo informal presentan
representaciones similares, la política
como conflicto; la democracia al interior
del campo político y como elemento de
las relaciones intersubjetivas y la política
como servicio, a la cual aspiran y en la que
el otro figura notablemente.
Palabras clave: jóvenes, campo político,
dispositivos de formación, formación
ciudadana, democracia
• Coordinador del Área de Evaluación y Sistematización
en Casa de la Ciencia: Centro
de Innovación Educativa, en San Cristóbal
de las Casas, Chiapas, México.
En un contexto socioeconómico
y político en el que
el segmento social denominado
"jóvenes" se enfrenta
a condiciones de desempleo
y precariedad de trabajo (Antunes,
2000) como no se enfrentaron otras
generaciones, su relación con lo
político presenta una realidad,
aparentemente, inédita. Como
muestras de un "nuevo capitalismo"
que impone demandas socioeconómicas
a muchos jóvenes mexicanos,
viéndose impulsados a la fuerza
de trabajo (Suárez, 2004:72) y, al
mismo tiempo, expulsados de la
escuela, parecen ser otros campos
prácticos los que se han vuelto primarios
en sus vidas. En dicho contexto
marcado por la necesidad, lo
político es negado; la prioridad está
en el aseguramiento material, en la
I. Este trabajo es parte de una investigación más amplia
desarrollada en el Doctorado en Educación en la Universidad
Autónoma del Estado de Morelos y financiada
por el Conacyt.
Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad Vol. XIV No. 42 ü Mayo / Agosto de 2008
Marcos J. Estrada Ruiz
producción y reproducción de su vida, y éste sólo irrumpe
o de manera formal o como algo que obstaculiza sus posibilidades
de subsistencia.
A los jóvenes se les ha caracterizado por su escepticismo
político acompañado de una suerte de repulsa hacia el
campo y sus practicantes, es decir, los políticos (Fernández,
2000: 3). Situación contradictoria pues desde el campo de
lo "juvenil" ha imperado la idea de que son los sujetos de la
renovación, el cambio y las transformaciones. Es decir, los
jóvenes son concebidos como actores sociales y políticos
(Aguilera, 2003: 67; Benedicto, 2002: 41), con el potencial
para el cambio social. Esta última idea es la que más se
ha destacado en la bibliografía "juvenil" en general (Fernández,
2000: 4).
Pero, ante el panorama que parecía desolador de la
relación juventud-política, se ha argumentado que el hecho
está sucediendo en otros ámbitos y que la comprensión
tradicional de los mecanismos de participación e involucramiento
con lo político se ha modificado. Esto indica
que sí hay interés y participación, pero bajo esquemas no
convencionales, sosteniendo que "lo político pasa por otros
lugares" (Portillo, 2003:222); que las culturas e identidades
juveniles constituyen dispositivos de re significación de lo
político (Reguillo en Monsiváis, 2004: 39); o bien, que hay
una instauración de un campo político propio que disputa el
sentido al mundo formal adulto (Aguilera, 2003: 73). Beck
(1997: 11) ha argumentado que los jóvenes practican una
denegación de la política "altamente política". Considero
que esto es, en efecto, cierto pero la cuestión es que no se
han detenido a explicitar cuáles son esos lugares y estas
formas, aparentemente, reivindicadas de lo político.
2. Se trataría más bien de problematizar los Intereses y necesidades privadas como
parte de lo público; esta es en cierta medida la propuesta de Bauman (2002):
averiguar dónde confluyen lo público y lo privado.
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
También es cierto que esta suerte de confusión y esperanza
subjetiva proviene de una falta de claridad de lo que
el campo político significa per se. Estamos, pues, ante la
imposibilidad de generalizar la caracterización de los jóvenes
bajo patrones estables, particularmente si nos ubicamos
desde el campo político. En este trabajo abordamos a la
juventud como característica sociológica, por tanto, además
de ser una construcción social, la juventud es una condición
social y jóvenes son un segmento de la población (Estrada,
2007: 27). Por eso es que la definición y el análisis deben
enfocarse en el tipo de condición en que se encuentran los
sujetos de estudio. Así, nos planteamos las siguientes interrogantes,
¿de qué manera se relacionan los jóvenes con el
campo político?, ¿cómo se asumen y qué expectativas tienen
los jóvenes ante su ciudadanía legal y, en general, hacia
el campo político?, ¿cuál es la representación que impera
sobre el campo?
Problematizando el campo de estudio
El campo educativo ha pretendido responder a esta
desafección política de manera poco efectiva, pues las
estrategias implementadas para la formación ciudadana
han desembocado en el tratamiento de los contenidos en
sentido declarativo (Yurén et al., 2004), imposibilitando
que los estudiantes lleven a su cotidianidad los diferentes
componentes de la ciudadanía responsable. Es decir, han
negado a la formación ciudadana como el desarrollo de
competencias y disposiciones ético-cívicas que los sujetos
construyen mediante la experiencia de relacionarse con el
campo político (Estrada, 2007: 8), además de reforzar una
moral convencional y reducir la ciudadanía a una práctica
consistente en "respetar las leyes" y "el estado de derecho"
(Jiménez, 2002).
Sociedad ê NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Los estudios acerca de la formación ciudadana en la
escuela han reportado la ineficacia de la misma para formar
personas con "visión ciudadana"; más bien, la tendencia ha
sido a perpetuar los rituales cívicos (Arredondo, 1997; Hernández,
2001). Sin embargo, la escuela no es el único ámbito
en el que se configura el ethos ciudadano. Espacios como el
trabajo, la familia, los movimientos sociales y el contexto
más amplio, pueden contribuir a que los sujetos desarrollen
disposiciones que condicionen, simultáneamente, la manera
de percibir y actuar en el espacio público.
Particularmente en Morelos se ha caracterizado a los jóvenes
por una negación y desinterés por la política (Estrada,
2004; Araújo-Olivera et al., 2005). Diversas fuentes, como
las encuestas, exhiben datos similares. La Encuesta Nacional
de Juventud presenta datos en los que se muestra que
el menor porcentaje de confianza de los jóvenes lo tienen
las instituciones públicas o del gobierno, y los mayores, la
iglesia (34.7%) y la familia (34.6%) (IMJ, 2003: 127; IMJ,
2005: 32). Muestran claramente que la política no les interesa,
porque los políticos "son deshonestos" y que, de ser el
caso, sólo participarían en las elecciones.
Para los jóvenes de Morelos el significado de ser un buen
ciudadano está asociado con tres cuestiones básicas: "ser
consciente de lo que sucede", "hacer cosas por los demás" y
"vivir sin involucrarse en ningún momento" (Suárez, 2003:
37). Al respecto, cabe decir que trabajos empíricos realizados
en el estado, han mostrado la tendencia a ser conscientes
de lo público, pero quedando cómplices o impotentes ante lo
que sucede (Yuren et al., 2004; Estrada, 2004). Permanece
la idea de que lo político es conflictivo y por ello prefieren
mantenerse al margen y no involucrarse (Araújo-Olivera
et al., 2005); una especie de cesión tácita del poder ciudadano.
También porque no existen los espacios donde los
jóvenes logren actuar políticamente o lleguen a sentir que
contribuyen en algo a la vida pública; de ahí que entre los
Campo político / juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
motivos que se mencionan para votar en alguna elección,
el de mayor porcentaje con 38% es: "porque sólo así puedo
participar y elegir a mis gobernantes"; seguida por 24.2%
de "es un derecho" (IMJ, 2003: 133).
En este contexto, pues, como bien advierte Suárez (2004:
75), no es de extrañar que los jóvenes mexicanos se aferren
a las instituciones tradicionales como la familia o la iglesia;
desconfiando de las modernas, como las instituciones
políticas asociadas a la vida democrática.
El marco de referencia: campo político
La relación campo político y juventud, ha sido estudiada
bajo una comprensión de la política al estilo, es
decir, condicionada por el poder entendido como dominio,
o bien, como conflicto en la relación amigo-enemigo
(Schmitt, 1991). En este panorama el resultado era
previsible, la denegación del campo político por la mayoría
de los ciudadanos.
Nos ubicaremos bajo un andamiaje teórico (Yurén et al
2004) distinto. El constructo "campo" le sirvió a Bourdieu
(1997: 75) para mostrar el microcosmos de un espacio relativamente
autónomo de lo macro, provisto de sus propias
leyes, con una lógica interna que lo singulariza frente a los
demás, volviéndolo identificable respecto a otros campos. El
campo "funciona a la vez como institución de inculcación"
(Bourdieu, 1988:63). Aquí se muestra su relación con el habitus,
pues no sólo representa ese espacio específico en el
que el sujeto se mueve y en el que desempeña una función,
sino que creará en él una "formación duradera" (Bourdieu
y Passeron, 1998: 250). Aparece la cuestión de la formación,
el campo va a mostrar su lógica mediante el habitus, que
como formación duradera en el sujeto, requerirá de un cierto
saber aunado a competencias y disposiciones —capital cultural—
a ser jugadas al interior del mismo. Esto es esencial
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
en el campo político porque si es percibido como legítimo,
requerirá de toda la competencia posible para actuar en
él, pero cuando no es concebido así, la incompetencia no
es "rigurosamente sancionada" (Bourdieu, 1988: 85) y todo
parecería permitido.
Enrique Dussel (2006: 4-6) caracteriza y delimita al
campo político como los diversos niveles o ámbitos posibles
de las acciones en las que el sujeto opera como actor de una
función —la de ciudadano—, y compuesto por principios
implícitos, que son las fuerzas que estructuran "las prácticas
permitidas dentro del campo". Es, pues, el espacio "en el
que los actores políticos actúan públicamente en tanto políticos".
Esta concepción permite dejar abierta la idea de "lo
político" sin reducirla, por ejemplo, a la relación amigo/enemigo,
pues parte de una comprensión del poder distinta, no
como dominio sino como poder consensual político (Dussel,
2006) que encuentra su fundamento en el consenso de la
comunidad política. Esto porque siempre se encontrarán
nuevas dimensiones de lo político que se podrán incorporar
a la lógica interna del campo.
Considero que, particularmente esta idea, posibilita no
sólo trascender el espacio público como único componente
de lo político sino también descubrir a la política atravesada
por otros campos fuera de los formales, aunque quizá en un
nivel menos institucionalizado (Dussel, 2006). El ciudadano
es en sí el que da vida al campo político y éste se define a
partir de aquél, sin él se vuelve un espacio vacío.
Consideración metódica
I En este trabajo la "realidad" no ha sido afrontada como
lo "dado" que se explica desde un a priori teórico. Considero
que "la relación con la realidad debe ser construida" (Zemelman,
1987: 82). Parto de la comprensión de ésta como algo
dinámico y, por consiguiente, complejo. Por lo anterior, la
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
estrategia para abordar la problemática fue la de estudio
en caso (Rockwell, 1986: 14; 1993). Esta postura consiste
en la utilización de conceptos de carácter estructural que
permitan analizar los procesos históricos y sociales que se
presentan en la realidad estudiada —campo político y juventud,
en nuestro caso—. Es decir, se privilegia el estudio de
un problema estructural y macrosocial "en casos específicos"
(Bertely, 2000: 32-33) lo que también equivale, según Dell
Hymes (en Bertely, 2000: 33) a que el investigador particularice
la generalidad y no viceversa.
Dentro del campo educativo entendemos por dispositivo
al conjunto de elementos dispuestos de tal forma que, al
movilizarse, conducen al logro de una finalidad educativa
y social determinada (Yurén, 2005: 32-33). Ahora bien,
abordamos nuestras problemáticas estructurales en dos
dispositivos de referencia: uno formal y el otro informal. El
primero, correspondiente al ámbito escolar, propiamente a
una preparatoria. El segundo, al margen de la institución
educativa, referente al trabajo, la vida en el desempleo o la
familia. En total se entrevistaron y observaron a 40 jóvenes
—20 pertenecientes al dispositivo formal y los restantes al
informal—. Los jóvenes de la preparatoria se encontraban
cursando el último semestre de su formación, en la edad promedio
de 17 años, provenientes la mayoría de clase media
con padres profesionistas y con la perspectiva incuestionable
de ir a la universidad y estudiar carreras como derecho,
artes plásticas, antropología y diversas ingenierías. En
cambio, los jóvenes trabajadores y desempleados —cuyo
promedio de edad es de 19 años— de entrada dejaron de
estudiar por razones económicas; sus padres —empleados la
mayoría— ya no pudieron pagarles sus estudios, y aunque
muchos trataron de combinar el estudio con el trabajo, éste
3. Me refiero a la investigación completa de la que este texto presenta sólo los dos
dispositivos del municipio urbano; la otra parte fue hecha en un municipio rural,
igualmente en una preparatoria y con jóvenes trabajadores y desempleados.
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
terminó por convertirse en el campo práctico primario. Sus
ocupaciones oscilaban desde el desempleo, amas de casa,
meseros y, en su mayoría, empleados en puestos de venta
de ropa, discos, películas y videojuegos.
En ambos dispositivos tomamos como elemento principal
para el análisis a los actores, sus perspectivas, experiencias y
representaciones sobre la relación campo político-juventud.
El entramado analítico se compuso de un análisis del
discurso que se fue movilizando de la búsqueda de patrones
emergentes (Bertely, 2000) hasta encontrar el núcleo de las
representaciones asociadas a determinada figura (Jodelet,
1986). Recurrí al análisis estructural (Piret et al., 1996)
como herramienta que permite develar el cómo una persona
representa la realidad; se interesa también, y particularmente,
por hallar lo que no está explícito o manifiesto.
Lo formal como modo de irrupción: la política
en los jóvenes del dispositivo formal
Entre los jóvenes escolarizados encontramos cuatro
ámbitos de sentido que, asociados a una determinada figura
(Jodelet, 1986: 476), dan cuenta de su representación del
campo político.
Lo formal viene condicionado por procedimientos propiamente
legales, burocráticos y sin repercusión en el nivel de
interés y comprensión de lo político en los jóvenes; es, por
definición, meramente procedimental.
El documento formal que representa él derecho de ciudadanía
y de participación política —la credencial de elector—
se reduce a lo que permite realizar trámites y para
el trabajo. Efectivamente es algo formal; no es, en ningún
sentido, algo significativo adquirir la ciudadanía con sus
consecuentes responsabilidades políticas. En los terrenos
de la formalidad, la forma es el fondo; no hay nada más,
ninguna relación o afectación material en la vida de los
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Núcleo figurativo
de la política
Lo formal
Discurso de referencia
"Políticamente no [participo] porque... No sé... Ya tengo 18
años y no he sacado ni mi credencial de elector pero... pero
yo creo que no, todavía no [participo]
"No sé. Tal vez porque no he tenido tiempo, ni he querido
[sacar la credencial de elector], pues hasta ahorita no... Ya
yo creo que en el futuro sí, ahorita no"
"Cuando esté más grande pues a lo mejor y pueda ajrudar
dando mi opinión, votando —como muchas veces se dice—
para que escojamos a nuestros dirigentes y todo ese rollo;
pero pues ahorita así como que no podemos ayudar en casi
nada" "La política, bueno, pues me interesa sobre los asuntos
actuales, la legislación de los políticos que tenemos actualmente
[...] No me interesaría ejercerla, pero son temas de
interés de todos los ciudadanos, por lo tanto me gusta debatir
sobre ellos". "Me compete —dentro de mis posibilidades— observar el
pleno desarrollo de los políticos en sus actividades y obedecer
las normas, las leyes propuestas por ellos". Esta codificación es la manera en la que organizamos nuestros datos de campo para identificar
a los jóvenes de los diferentes dispositivos y contextos. Se realizaron entrevistas a
profundidad y observaciones participantes.
sujetos o su relación con lo político. Esto contribuye a la
opinión que se tiene del campo político como algo heterónomo
y conflictívo, en lo que no se participa más que para
defenderse de su hostilidad.
Cuando lo político se entiende dentro de lo formal, los
jóvenes no se reconocen completamente como parte integrante
del campo, esencialmente porque no han sacado
su credencial de elector —que para ellos es lo que avala la
ciudadanía formal—. Nótese cómo lo político entra en la
vida de los jóvenes por su condición de ciudadanos; si no
tienen esta formalidad, consideran que no participan del
campo, además de la asociación con la edad.
La inserción en lo político y las responsabilidades inherentes
al mismo, muchos jóvenes las ven a futuro, en una
edad adulta centrada en una participación electoraL Ésta
es la posibilidad que ven, por una parte de participar y, por
la otra, es el momento que prevalece —por excelencia— de
irrupción de lo politico en sus vidas.
Aun cuando reconocen la importancia de la temática e
incluso se logran interesar, esto es más bien algo que se inscribe
en lo formal pues cuando aparecen las posibilidades
de involucrarse y de intervenir, el deslinde es inmediato:
interesa pero sin participar. Hay un interés en la temática,
pero al enfrentarse a las condiciones fácticas de involucramiento,
entonces toman distancia argumentando que no
les interesa ejercerla, sino sólo debatir sobre esos temas.
La representación negativa de lo asociado con la política
se traduce en una toma de posición-acción que los lleva a
interesarse pero no a involucrarse, y este interés es interpretado
como el ámbito en el que "participan".
La opción, entonces, es asumir la figura del espectador:
considerar que la obligación y responsabilidad dentro del
campo político es la de estar enterados e informados del acontecer;
observar sin comprometerse. Concatenadamente,
nos habla de una ciudadanía en un sentido convencional de
obedecer las normas y leyes por el hecho de serlas (Kohlberg,
1992). Aunque reconocen su no participación en la toma de
decisiones y en que éstas no son las mejores para el pueblo,
se acepta sin remedio las normas y leyes "propuestas por
ellos" —los políticos—. No sólo es una idea de la democracia
y de la política formal-convencional, sino toda una disposición
a ceder, de hecho, el ejercicio pleno de la ciudadanía
con su consecuente poder ciudadano.
La democracia que trasciende al campo
I La concepción formal de la política se descubre también
al analizar uno de los elementos del campo: la democracia
concebida como un proceso formal. Lo procedimental, sin
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
mediación de la acción explícita del ciudadano por medio
del debate y la confrontación de ideas distintas:
Pues el término democracia es bastante interesante, bastante certero,
porque implica la libertad del pueblo al elegir a sus gobernantes [...]
Todavía nos falta evolucionar un poco más pero creo, o al menos eso
quisiera creer, que se está dando la evolución
La concepción de democracia que prevalece es la asociada a
lo electoral y representativo, pero avalada por el componente
de la libertad del pueblo al elegir a sus gobernantes. Ahi se
encuentra una connotación positiva, aunque se reconoce que
falta que "evolucione un poco más"; lo que lleva a pensar
que es entendida como un proceso. De manera implícita, esto
muestra ya la conciencia de que se necesita algo más que el
tipo de democracia formal-representativa imperante.
La democracia es enjuiciada de manera directa en sentido
positivo. Desde la perspectiva de estos jóvenes: democracia
significa "tratar a todos por igual", siendo el componente de
igualdad lo que permite discernir si efectivamente "falta"
democracia o no. Pero aqui descubrimos que es comprendida
y enjuiciada positivamente porque se entiende como
parte de las relaciones interpersonales, inherente a la vida
cotidiana y no como un elemento necesariamente integrante
del campo politico. Cuando el discurso de la democracia
se comprende al interior del campo, la valoración no sólo
disminuye, sino que prácticamente desaparece:
Creo que sí falta más democracia, sobre todo por la corrupción y todas
esas cosas [...] Pues que fueran menos corruptos todo lo que es el
sistema político, yo creo que eso principalmente (EM/MNSAPI/7).
Se enjuicia negativamente cuando se entiende como elemento
propio de lo político. "Falta democracia" porque "hay
corrupción" en el "sistema político". En esta asociación y
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
percepción, como parte del campo, la democracia está en
falta porque la ilegitimidad de éste la ha tocado:
Siento que nos falta mucho [para la democracia], por la corrupción, hay
mucha corrupción [...] En primer lugar, que no haya tanta corrupción,
que los presidentes y gobernadores no intervengan en las elecciones
(EM/MNSAPI/8).
Lo cual denota el sentido formal en el que se la inscribe. Son
dos tipos de asociaciones de la democracia en los jóvenes
escolarizados: en sentido positivo se percibe como parte de
las relaciones interpersonales; y en sentido negativo, como
parte del campo politico. En ambos casos sin posibilidades
de inserción critica y con atisbos de transformación, la que
es enjuiciada de manera positiva, no lleva a la esfera de las
decisiones, pero sí al de las relaciones interpersonales. En el
cuadro siguiente vemos esquematizado lo anterior, la esfera
en la que se le comprende y la valoración consecuente:
Esfera de comprensión de la democracia
a) Vida cotidiana y relaciones interpersonales
b) Indisociable del campo político
Valoración consecuente
a) Valorada porque permite la convivencia
b) Negación por ser lo mismo
La política como conflicto (lo defectivo)
Encontramos que existe en los jóvenes una comprensión
de la politica como aquella que provoca conflicto, y por ello
prefieren quedar al margen de la misma; lo que en consecuencia
ocasiona la cesión tácita del poder ciudadano. La
hemos caracterizado como parte de toda una disposición a
la sujeción (Estrada, 2004). Pero la negación del conflicto
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
tiene implicaciones más profundas que este sólo hecho, que
pareciera aislado.
Núcleo figurativo Discurso de referencia
de la política
"En esos temas casi no estoy muy metido... Pero de la política...
Simplemente es mucha corrupción para mí. Nada más.
No sé mucho de política, la verdad" (EH/MNSAPl/2).
'Todo eso de la migración va junto con lo de la política;
simplemente si no hay trabajo, si el gohiemo no da trabajo
muchas veces, son señores los que se v£in y tienen que dar
de comer a niños, tienen que darle escuela... Y como padres
quieren una vida mejor para sus hijos y es cuando es la decisión
de irse allá a trabajar para que sus hijos tengan una
vida mejor..." (EH/MNSAPiy2).
"No, no me interesa. Es como otro rollo... No me gusta
meterme en eso, es muy problemático [...] No sé... como que
son muchos pleitos" (EM/MNSAPl/4).
"A veces sí me llama la atención pero me molesta que siem-
Como confiícto pre hay pleito por todo; no parece política, parecen discusio-
(lo defectivo) nes de lavadero. De que me llama la atención, sí me llama
la atención, pero cuando te sientas a ver el plano en el que
está la verdadera política te quedas de ¡¡¡auchhü! Mejor no"
(EM/MNSAPl/5).
"Yo creo... No sé... Me gustaría ser una persona importante
[...] Porque me gustó mucho la política" (EM/MNSAPl/7).
"No. Casi no me llama la atención, la verdad: política no"
(EM/MNSAPl/7).
"Pues que la mayoría de ellos hacen promesas que no
cumplen; cosas por el estilo, que no son honestos" (EM/
MNSAPl/7).
"No me gusta porque siento que como manejan mucho dinero
se olvidan del país y se van hacia el dinero [...] Sí [aquí también
es así] por el CESA y el consejo de estudiantes, pues"
(EM/MNSAPiy8).
Lo defectivo es una asociación de representaciones que
desembocan en un alejamiento del campo político; sin duda,
el de mayor peso es el del campo ilegítimo marcado por
antivalores políticos. Cuando se profundiza más sobre la
política, los jóvenes reconocen no saber en esencia qué es,
su primera respuesta cuando se les cuestionaba sobre lo
político era una muestra de desagrado, de desinterés y de
renuncia a priori a su significado e implicación. Admiten
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
desconocer sus funciones, lo cual nos indica que es una de
las razones por la que aceptan parte de la cultura política
defectiva prevaleciente. Pero cuando se les preguntó por
las razones, coincidieron en que en realidad no saben lo
suficiente. Hay, pues, una postura a-crítica sobre el campo
y se opina y se concibe con base en prejuicios políticos, tal y
como lo precisa Arendt (1997: 52-53), es decir, sin evidencia
clara, pues no son producto de la experiencia personaL
Aparecen también, de manera significativa, las consecuencias
de la negación del confiícto. Se niega implícitamente
el consenso —y dentro de lo normativo ya se perdió,
entonces, su positividad— y se cede el poder ciudadano.
Irrumpe entonces lo que caracterizamos como el dilema del
subdito, ejemplificado en el discurso de este joven:
Porque no. O sea: no me interesa estar con personas que sé que nada
más me están... me hablan porque les interesa que les dé mi voto, mi
apoyo; o sea, no me interesa, así, gente hipócrita; la verdad que nada más
quiere que lo apoyemos para ganar y después, ¡ah ni te conozco! Nada
más por ganar, por tener poder. Y cuando están arriba, ya... Y eso lo
ves en la Prepa, con los del CESA y eso: te jalan, tu voto, si tienes algún
problema, "¡ah sí, luego vemos!"; o sea: no, eso no me gusta mucho, se
me hace mucha hipocresía. No me gusta (EH/MNSAPI/2).
El desagrado hacía la política proviene de la percepción que
se tiene délas prácticas políticas institucionales —partidos,
congreso, gobernantes— pero también, y quizá de manera
más específica, de los pequeños espacios políticos que se
ejercen en el ámbito escolar. Sí incluso su referente político
inmediato a nivel cotídíano-escolar está comprendido como
lleno de corrupción e hipocresía, no hay resígníficacíones
posibles de lo político en su nivel más cercano, sino reafirmacíón
y reproducción de las prácticas al nivel más amplío
de la política.
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Se descubren las implicaciones de la política, pero desde
lo negativo. La migración, por ejemplo, la asocian con ésta
porque "si no hay trabajo, la gente se va". Los jóvenes escolarizados
encuentran las dimensiones de lo politico identificando
lo que a su alrededor está mal: desempleo, migración,
corrupción, etcétera. El campo político está saturado de los
peores adjetivos, todo lo negativo "va junto con lo de la política",
sostienen. Se reproducen las prácticas macro a nivel
micro, se refuerza la obturación de la comprensión de lo
político sin alternativas, pues al nivel de la vida cotidianaescolar
se muestra una copia fiel de lo que acontece al nivel
de la política partidaria y de gobierno en general:
La política en cierta forma sí me gusta, pero no me gusta cómo la aplican.
Como ahorita con eso del CESA... Tienen una que otra buena idea, pero
manejan la politica como la [...] que se pasa en las noticias... que hay
que saber manejar. Saben manejar la política ellos, pero no lo pueden
utilizar para ya a grandes rasgos para el bien dentro de la comunidad,
porque tampoco tienen mucho, digamos, dinero; algo parecido, para
hacer de verdad grandes cosas aquí, grandes planes en los que sí puedan
ayudarnos en lo académico. De todos modos, tiene que pasar por el
consejo de maestros y que lo aprueben así que... De que me gusta, me
gusta... pero no me gusta como la aplican (EM/MNSAPI/5).
La escuela, en este sentido, refuerza la forma de hacer y
concebir la política por medio de prácticas reproductivas de
lo político, clientelar y autoritario. Los propios orientadores
escolares reconocen, al igual que los alumnos, que el campo
es defectivo y, por otra parte, que no saben mucho del tema,
se declaran ignorantes al respecto, asociándolo también
con que el campo es de especialistas —de carácter privado
y no público—; lo cual demuestra que el propio dispositivo
escolar refuerza dicha representación de la política.
Hay interés desde lo cotidiano, percibido ahora como una
extensión de lo que sucede en el campo mayor, como mues-
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
tra perversa de nuestra cultura política que reproduce las
prácticas del sistema político en su conjunto. Los jóvenes
identifican los ejercicios de organización y de representación
estudiantil, como expresiones de política, pero las
encuentran semejantes a las de la política partidaria o de
gobierno y de representación, pues aunque los estudiantes
eligen a sus representantes "de todos modos tiene que pasar
por el consejo de maestros y que lo aprueben", así que lo
que ellos detectan como lógica y prácticas de los políticos
profesionales o propiamente del gobierno, se reproducen a
nivel micro, en sus prácticas estudiantiles; esto hace que
lo rechacen también a nivel cotidiano.
Esta negación del campo proviene también del desconocimiento
que existe sobre el mismo. El sentido negativo
predominante, sin interés, encuentra cierta justificación en
la aceptación de que no se sabe mucho sobre lo que significa
y lo que tiene que ver con la política:
No, casi no me llama la atención, la verdad; política no [...] No sé...
pues no sé mucho de política, a lo mejor también por eso pues no me
gusta mucho (EM/MNSAPI/7).
Éste fue un patrón emergente en nuestro trabajo, nos indica
que no es sólo la representación defectiva sobre la política
lo que hace que no se interesen y se alejen de la misma,
sino que también la percepción de que es algo complicado,
difícil de aprehender. Serían entonces dos tipos de representaciones
relacionadas: a) lo defectivo por ser un campo
impuro, ilegítimo; y b) la asociación con un ámbito complicado,
ante lo cual se requiere de determinado conjunto de
saberes y conocimientos —adquiridos en la escuela.
En los jóvenes, y quizá en la mayoría de los ciudadanos
mexicanos, la comprensión e interpretación de la política
está envuelta en una serie de dilemas por las implicaciones
que adquieren sus opciones. Se niega la participación y el
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
ejercicio del poder ciudadano y se acepta implícitamente
—en ocasiones no de manera tan implícita— la preferencia
por la figura del subdito. En otras, como lo es la estructura
düemática siguiente, se opta por una política sin debate
ni deliberación. Lo siguiente es una de las vertientes que
se desprenden del análisis estructural, específicamente la
estructura cruzada, que muestra las realidades emergentes
del discurso de los sujetos, sobre todo las que están de
manera implícita (Piret, 1996: 50).
Nos encontramos ante cuatro ejes discursivos que se desprenden
de los datos del espacio escolarizado. Se trataba
de que expresaran lo que para ellos significa la política.
Hay dos realidades que brotan de su mismo discurso y las
otras dos están de manera implícita, evidencian realidades
negadas.^
Esquema 1
Valoración de la política
"Si me llama la atención"
1
" Sin discusiones "
•Hay
pleito"
"No parece
política"
"Sin
pleito"
No me ilama la atención"
4. El signo positivo refleja el tipo de valoración positiva hecha por el sujeto / el
otro signo es su contraparte, la estructura cruzada se analiza de la siguiente forma:
qué realidad subyace de la relación 1-2, 1-3, y 4-2, 4-3.
Sociedad ^ NO. AI
Marcos J. Estrada Ruiz
Aparece, nuevamente, la falta de aceptación del conflicto y
del debate. Las discusiones son vistas como algo negativo
dentro de la poKtica; lo deseable, entonces, sería una política
sin debate ni discusiones. Por otra parte, se reconoce que
la política requiere de cierta capacidad discursiva, saber
hablar es necesario dentro de este campo, pero como una
capacidad de mera "comunicación", que no para el debate
mediante argumentos o para buscar el consenso.
La política que interesa es aquella en la que no hay pleitos
ni discusiones, en la que no hay muestras de divergencia
y en donde el uso de la razón discursiva, a través de las
competencias argumentativas del debate, no se hace presente.
Se niega, pues, lo esencial de la cuestión política: la
posibilidad de arribar al poder consensual político (Dussel,
2006), el cual no existe sin la razón discursiva.
La política que se acepta y que sería deseable en este caso,
es la que promueve la ausencia de debate, que evite las discusiones
que son percibidas por los jóvenes como la no-política.
El dilema está en la negación de una parte importante, quizá
esencial de la vida pública, del ejercicio de la ciudadanía y
que tiene como fin la realización de lo político para la reproducción
de la vida de la comunidad: del poder que se crea
a través del consenso de la comunidad de referencia y del
respeto y convivencia con lo distinto, con el otro.
La política en los jóvenes del dispositivo informal
Aunque están insertos constantemente en el campo poKtico,
los jóvenes no escolarizados dejan ver la irrupción de la
política en sus vidas por medio de su relación con el trabajo:
el campo laboral cruza el político y lo hace evidente, lo devela.
En cierta medida avasalla al campo político, sólo lo toca de
manera parcial, e irrumpe en la vida del sujeto cuando éste
se enfrenta a un campo laboral que le exige la mayoría de
edad; por ende, la credencial de elector para acceder a traCampo
político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
bajos formales. Los jóvenes que trabajan se enfrentan desde
más temprana edad a lo político-formal por presión del campo
laboral, se tiene acceso a una ciudadanía parcial que se relaciona
con la credencial electoral por la misma vía.
Diferente a los escolarizados, en donde la credencial como
documento formal de la ciudadanía no se necesita, para ellos
es algo secundario y su contacto con lo político-público se
vuelve también algo de segundo orden. Con los jóvenes del
dispositivo informal, sin embargo, lo político está más presente
en su vida cotidiana, lo que no significa que asuman
una postura más crítica sobre el mismo, simplemente que
están más cercanos a él y lo conocen porque lo laboral los
vincula con lo político.
Núcleo
figurativo
de la
política
Discurso de referencia
"No, pues no sé... Pienso que simplemente nada más hablan y no
hacen lo que... O sea: no cumplen" (EM/MNSA/1)
"Sí [participo en política] a veces, por ejemplo, no sé si te enteraste
que hubo un operativo [antipiratería]' aquí y pues todos se unen
para cerrar toda la plaza" (EM/MNSA/1).
"De la política no, pues pura corrupción [...] Pues yo creo que va a
ser difícil [que cambie] porque va de mal en peor" (EM/MNSA/2).
"No, casi no [me gusta la política] Porque todo es conflicto, más que
eso, o sea que todo el tiempo son puros conflictos, revueltas y robos
y todo eso" (EH/MNSA/4).
"No [participaría] Por lo mismo de los problemas que ha}?" (EH/
MNSA/4).
Como "No. De la política ni me hables [...] Es un país que... La política no
conflicto sirve aquí: no hay democracia no hay nada... no hay respeto" (EM/
(lo MNSA/5).
defectivo) "¡Ay no! [no me interesa] Pues todo eso de política... porque, no
sé... Según dizque los presidentes, ¿no?, que todo eso que prometen
y prometen... no veo que hagan nada, ¿o sí?, o será porque no veo
tele... pero no veo que hagan nada" (EM/MNSA/6).
"¡Ay no! No me gusta la política [...] No sé [por qué] pero nomás sé
que no me gusta" (EM/MNSA/6).
"Pues que no haya peleas... conflictos así grandes, que haya leyes
y eso, y que se respeten" (EH/MNSA/4).
* Muchos de nuestros informantes en el dispositivo informal trabajaban en plazas
comerciales vendiendo productos denominados "piratas".
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Para la mayoría de los jóvenes no escolarizados, la política
no tiene un significado positivo y en esencia no les gusta
porque los políticos no cumplen con lo que prometen. Hay
la percepción de "uso" e instrumentalización, es decir, se
sienten utilizados para la consecución de un fin político,
como ciudadanos mediatizados. En efecto, estamos ante la
consecuencia de la instrumentalización de los ciudadanos,
pero en jóvenes de 17 y 19 años, que nunca han votado o
que se han enfrentado a sus primeras elecciones ya en un
contexto de "transición política" y con un discurso de exaltación
de la democracia. Asociarlos con la política es como
estigmatizarlos, a la manera de Hoffman (1970: 12), pues
es como si les redujeran sus posibilidades de vida, por eso la
respuesta inmediata es "¡Ay no! No me gusta la política".
Cada joven forma su percepción de lo político al abordar
una parte negativa del fenómeno:
No me gusta nada de la política. Yo creo que todos son... no son tan
justos como realmente dicen. No. Siempre dicen que van hacer esto,
que van hacer lo otro... y a la mera hora nunca hacen nada [...] Pues
sí... a veces... no sé, no son justos con las personas que realmente
hacen cosas, los dejan salir [de la cárcel] y las personas que a veces no
hacen nada les toca vivir una mala vida; les dan mala vida, los tratan mal
y a los que realmente los deben de detener —no sé... hacerles equis
cosa—, nos los dejan sueltos y uno no puede andar libre en las calles
(EM/MNSA/8).
La política no les interesa porque hay todo un conjunto de
antivalores que no comparten y porque el consenso es que
se trata de un campo ilegítimo, en este caso caracterizado
por la injusticia y el engaño; particularmente, la injusticia
es la que permite enjuiciar como negativo al campo. Al igual
que en el espacio formal, cada sujeto acude a un elemento
negativo de éste que, a nivel cotidiano, proviene de una
experiencia directa y que, a nivel macro, en la mayoría
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
de las ocasiones responde a un prejuicio como ya lo
vimos. En cualquier caso, estos hechos se convierten
en disposiciones para distanciarse y negarlo.
Es un campo ilegítimo y, por eso, no importa crear
competencia para poder desenvolverse en él, pues
el tipo de capital que requiere es proporcional a la
lógica interna del mismo (Bourdieu, 1988: 112). Y
aquí la lógica es la ausencia de principios y la instauración
del conflicto. Lo que no significa, necesariamente,
que haya una suerte de analfabetismo político
(Freiré, 1990) en donde impere el desconocimiento o
la negación de su importancia; sin embargo, esto no
es suficiente como para que decidan aceptarla como
parte de sus vidas por el conflicto que perciben en
dicha actividad:
Pues yo digo que sí: a mí y a todos [nos afecta la política], a
todos porque ora sí que cuando uno apoya a un gobierno es
para que haga un cambio ¿no? Y en todo eso me refiero a lo
político todo, general... Y nos afecta a todos cuando cambian,
hacen de planes y cambian las cosas y nos afectan mucho a
todos. Yo digo que a todos [...] La verdad no [participaría]
porque yo siento que es una presión ¿no?, también estar así
con los políticos y todo eso... no sé... siento que es mucho
relajo. Me siento mejor así (EM/MNSA/8).
Aun cuando reconocen que las decisiones de los
políticos les afectan, asumen negar al campo y no
ser parte, haciendo la cesión tácita de su poder
ciudadano, dejando todo lo público en manos de un
soberano, al estilo de Hohhes.^ Esta interpretación de
5. Recordemos que Hobbes (1984: 179-180) hablaba de la fundación del Estado
ante la rapacidad del otro, pero el Estado estaba representado por un soberano
que adquiría el poder mediante pactos recíprocos de sujeción; en tal sentido,
Hobbes llama subditos a "los hombres que se ponen de acuerdo entre sí, para
someterse a algún hombre o asamblea de hombres voluntariamente [...]".
Sociedad ê NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
lo político es compartida por los jóvenes de ambos espacios:
apelan al respeto en aras de evitar el conflicto. El valor del
respeto es el mediador entre la política y las opciones de los
jóvenes, como si éste justificara su ausencia explícita.
Esquema 2
Valoración del respeto en el campo político
"No 2
resuelvennada"
"Todo es
1
"Revueltas
y robos"
-
4
"sin CO
»nflicto
*
nflicto"
3 „
SI
"Haya leyes, y
que se respeten
resuelven"
El respeto, entendido de esta manera, termina por convertirse
en una especie de antivalor político por las consecuencias
que arroja sobre la vida de la comunidad política.
Es decir: se delegan las cuestiones esenciales a decidir sobre
lo público y se permanece al margen por no aceptar el conflicto
que las relaciones políticas fundadas en la diversidad
provocan. Si la política es conflicto, se concibe de manera
negativa porque no resuelven nada; es decir, se le percibe
como obstáculo, sin ninguna ventaja práctica para el desarrollo
de la comunidad política, sino que las consecuencias
percibidas son las revueltas y los robos. El conflicto, desde la
interpretación de los jóvenes, saca a flote lo peor del campo
y es su consecuencia. La cuestión es que está asociado a las
discusiones que muestran divergencias y maneras distintas
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
de percibir, no sólo lo político, sino en general la lectura
del mundo que se hace. Hay una representación política
que deviene dilemática, que niega a los otros y que opta
por una idea de lo político en donde las divergencias no se
muestren, asumiendo la postura de que sin esta expresión
de lo distinto, lo que imperaría sería lo legal y, sobre todo,
habría "respeto". Al respecto puede sostenerse que subsiste
una cultura política negadora del debate, la diferencia y la
confrontación, porque se asume como "falta de respeto"; es,
en esencia, el encierro en lo mismo y el encubrimiento del
otro distinto (Dussel, 1994; Levinas, 2000).
Entre los jóvenes prevalece una idea acerca de que existe
un campo político permanentemente atravesado por el
conflicto y las peleas de los agentes "propietarios". El respeto
termina siendo, desde esta utilización, lo que permite
encubrir al otro. Se opone al disenso, a la diversidad, a la
pluralidad, al diálogo con lo distinto, pues esto provoca
conflicto y confrontación: es un antivalor que representa la
tendencia hacia lo mismo, lo homogéneo que no provoque
conflicto.
La política aparece como el asunto intratable del que no
se quiere saber. Hay una especie de hastío hacia todo lo que
tiene que ver con la política. Se percibe como algo importante
pero que no cumple su función como ellos esperarían,
por eso dicen que "aquí no sirve la política", aceptando que
hay otros lugares donde sí sirve; en el paquete de lo que no
sirve, en algunos casos vemos que va la democracia y, como
mediador de todo esto, aparece siempre el respeto. La triada
poHtica-democracia-respeto parece ser el componente esencial
de lo público: cuando esta triada falla, hay retraimiento
del campo y alejamiento de los ciudadanos. Sin embargo,
el respeto se presenta como el elemento ineludible, pues
es el mediador de las relaciones políticas y, aquí, respeto
significa no conflicto = fin de la política.
Sociedad ê No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
La democracia que trasciende al campo
Al igual que en los jóvenes escolarizados, la democracia
percibida al interior del campo politico y bajo su lógica, no
podria ser enjuiciada de manera distinta, pues la ilegitimidad
de aquél se le transfiere. Cuando permanece bajo esta
lógica, la interpretación se presenta en sentido defectivo.
Esta joven, por ejemplo, al hablar sobre la democracia,
termina centrando su discurso en una experiencia de la
vida cotidiana en la que tuvo un contacto cercano con el
campo politico:
No [hay democracia] porque hay veces que compran a las personas,
por ejemplo: les dan despensas con tal de que voten por ese partido o
les dicen: "sí, yo te ayudo a construir tu casa pero vota por mi", y no
hay libertad de... Por ejemplo, cuando antes yo le iba al PAN, yo andaba
mucho con Sergio Estrada y con este Javier López, y Javier López andaba
así en varias colonias y les prometía un buen de cosas, y de todas esas
cosas ninguna ha cumplido, dijo que Iba regalar láminas para las casas
pero que votaran por él... y no, las láminas nunca llegaron; y dijo, "de
todos modos, yo les voy a dar las gracias si votaron o no votaron por
mí, si no votaron por mí yo voy a venir de todos modos a dar las gracias;
aquí por estos rumbos me van a volver a ver"... ¡aja! Y ganó y no ha
• vuelto a ir en estas colonias. No ha vuelto a ir. Los estaba comprando
nada más para que votaran por él... prometiendo, prometiendo y no
cumplió nada (EM/MNSA/7).
Cuando los sujetos contrastan la democracia con su experiencia,
ésta sale muy mal parada ante la realidad imperante;
la cuestionan, pues es percibida como parte inherente
de lo político.
Sin embargo, la interpretación anterior no es la que
impera entre estos jóvenes, pues sólo un par de ellos la
entendia como parte integrante de lo político. La democracia
tiene un uso social que trasciende al campo en el que por
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
definición está inscrita, sobre todo en términos formales,
es decir el pohtico. Una vez realizado este movimiento de
"purificación", les es posible enjuiciarla de manera distinta
respecto a lo que por definición pertenece a lo político:
Pues sí es importante porque se nos toma en cuenta lo que nosotros
decimos y pensamos de los demás, sin que alguien nos calle (EH/
MNSA/4).
La encontramos, entonces, asociada con la libertad, la de
expresión particularmente. Esto sin duda es muestra del
uso social que se le ha dado, pues se le han adjudicado todas
las virtudes posibles, al grado de fetichizarla. Es claro que
se asocia a un contexto más amplio que trasciende al campo
político y se lleva, entre otros, a las relaciones interpersonales.
Aquí podría estar la explicación de lo bien aceptada
que se encuentra la democracia en un contexto en el que el
campo politico está tan desprestigiado. Lo que acontece es
que no se está entendiendo —necesariamente— como algo
dentro de dicho campo, el uso social que se le ha dado lo ha
trascendido. Esto es lo que lleva a que goce de una amplia
aprobación, porque en la vida cotidiana se ve como un
detonante de la buena convivencia, es decir, la que podría
evitar el confiicto y permitir la expresión de la pluralidad
"sin que alguien nos calle".
Uno de esos usos sociales se encuentra relacionado con
la escuela. Para estos jóvenes los estudios son el espacio
en el que se aprende de la democracia, o sea, que no está
tampoco en el campo politico sino en el escolar, donde se
conoce y se le otorga sentido a ésta. Por ende, no asistir a la
escuela los "inhabilita" para saber de ella. El uso social se
encuentra más del lado de la escuela y se constata cuando
se les pregunta sobre la democracia:
Sociedad g No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Pues no sé [...] ¡Ah, es que ya no me acuerdo qué es la democracia!
Si me explicas qué es la democracia, yo te diría qué pienso [...] No,
pues no tengo ni idea... se me olvidó ya todo. Eso me pasa por no ir a
la escuela, ¿verdad? (EM/MNSA/6);
¿Democracia? ¿Un país democrático? ¡Estudié y no sé! ¿Qué es democracia?
(EM/MNSA/7).
Al igual que en los jóvenes escolarizados, en los espacios
informales la democracia es enjuiciada en sentido positivo
cuando se percibe su significado y se asocia a prácticas de lo
cotidiano, no cercanas al campo politico. Pero en los jóvenes
de los espacios informales, no hay siquiera un contenido
vago acerca de su significado. La palabra los desconcierta
y no saben qué significa, a tal grado que lanzan una pregunta
difícil para el entrevistador: "¿qué es democracia?",
y lo asocian con un saber propio de la escuela: "¡estudié y
no sé!"; la democracia, pues, percibida como conocimiento
propio de lo escolar. Los jóvenes escolarizados tienen más
idea de su significado que los de los espacios informales. La
variable que explica esto es la escuela, al menos por cuanto
a los conocimientos formales se refiere.
El papel dado a la escuela como la que transmite conocimiento,
es una idea arraigada; y nos explica por qué lo
escolar se presenta permanentemente en su horizonte: es
lo que permite acceder a los conocimientos necesarios, ser
culto; en la distinción se encuentra su valoración. Pero lo
relevante es que la democracia no se percibe como parte
inherente del campo politico. Se desconoce, pero no se niega
como la politica. Muy al contrario, se le opone:
Es que no sé qué es democracia... La democracia es algo que se respeta
¿no?, algo sobre los derechos de los demás, ¿no? Es lo que tengo
entendido. Yo creo que no se respeta ni un derecho de nadie. Yo creo
que este mundo está así como que todo revuelto, ¿no?, no respeta
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
cada quien su decisión de los demás; cada quien hace lo que quiere
(EM/MNSA/8).
Asumen la pregunta general acerca de qué piensan sobre la
democracia como si se les pidiera que dieran una definición,
lo cual refuerza la interpretación de que es percibida como
un saber propio y exclusivo de lo escolar. Pero lo que se
revela es que no saben qué es, ni qué significado tiene. La
asociación que se hace es con el respeto, valor ausente por
antonomasia del campo politico. En tal caso, es enjuiciada
como algo positivo, aunque se asegura que hace falta, pues
no se respetan los derechos de las personas y no hay una
especie de control ya que "cada quien hace lo que quiere".
Desde su postura, lo que faltaria para una democracia más
sólida o desarrollada es que desaparezcan los gobiernos
corruptos; aquí ya la asocian con el campo y pareciera que,
para que tengamos una mejor democracia, no deberia de
relacionarse con lo político. Una contradicción que se traduce
en la imposibilidad de intervenir en lo púbHco-político
porque ahí la democracia ya no funciona.
La política como servicio
I Encontramos esta representación —que es una clara
aspiración— como una posibilidad que ven los jóvenes de
resignificar al campo, y en la cual la carga negativa de la
política se desvanece porque está en función del servicio a
las mayorías.
Pese a que la política se ve como una actividad totalmente
desprestigiada, sí aparece un cierto interés de involucrarse
en ella cuando se presenta la posibilidad de que sirva; literalmente:
la política como servicio. Muchos jóvenes desde
una voluntad sensible ante la pobreza, la injusticia y la
desigualdad, sostienen que ayudar a los pueblos pobres sí
los movería a actuar. La política entonces encuentra una
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Núcleo figurativo Discurso de referencia
de la política
"Pues ayudar en los pueblos pobres... eso sí me da un poco de
interés, sí me mueve" (EH/MNSA/4).
"Yo digo que sí [puedo hacer algo]... pues viendo a una persona
que sí trabaje bien y apoyarla" (EH/MNSA/4).
"¡Ah! pues que deveras hagan lo que dicen, que deveras hagan
lo que prometen... no que nada más digan; bueno, en pocas
Como servicio palabras: que sea de hechos, no palabras" (EM/MNSA/6).
"Todo lo relacionado a los delincuentes trataría... Es que ellos
los sueltan o quién sabe qué les hacen... a cambio de qué los
sueltan o quién sabe por qué... pero a mí me gustaría que ya
no hubiera violencia, que todos los pueblitos y todo eso... yo
los ayudara, yo los pudiera ajTidar económicamente... no sé,
ajrudar a las personas que más lo necesitan, como los callejeros,
las personas esas que andan ahí en las calles; ajrudarlas
y no ayudar a personas que, por ejemplo, luego se casan y
ya se empiezan a comprar ropa, joyas, los llevan a viajes.
Ya ves: Vicente Fox y Martha Sahagún a dónde andan... Me
gustaría mucho ayudar a las personas que más lo necesiten"
(EM/MNSA/7).
"De que yo decía que iban a cambiar las cosas, que ya si
ganando ellos... no sé, ya iba a ser diferente, ya no iba a haber
delincuencia... de que iban ayudar a las personas que lo necesitan,
que a lo mejor también la ayuda me iba necesitar a
mí... era lo que me llamaba la atención" (EM/MNSA/7).
"Tal vez sí participaría. Es para que yo... o sea, que yo quiera
ser por ejemplo diputada o algo así, pero para mí, pero yo
cumplir lo que me proponga [...], me gustaría mucho a3rudar
a las personas que lo necesitan, eso me gustaría mucho, no
regalar el dinero" (EM/MNSA/5).
condición de posibilidad en los jóvenes, en la medida en que
sea vista como servicio al pueblo. ¿Y cuál otro debería ser
el papel de la política en nuestro contexto?
Hay un reconocimiento de que lo referente a la política
está permeado por muchas cuestiones negativas que hacen
que los ciudadanos no la vean como una actividad honrosa,
pero también hay el reconocimiento de que dicha situación
puede cambiar en la medida en que se participe. En este
caso, en la única forma clara que ven de involucrarse, es
decir, por vía de lo electoral se piensa que se puede revertir
dicha situación, apoyando a alguien que "sí trabaje bien".
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Ante el desprestigio del campo, la reacción natural es que
nadie quiera ser partícipe. Si "negamos" esta "negación",
descubrimos la positividad: lo que ellos quisieran ver en el
campo y que nos permite enjuiciar desde una prêter sión
normativa, otra política: el núcleo figurativo en este asjjecto
ha sido la política como servicio. Una joven, en particular, lo
ve como ayuda a comunidades pobres a través de la acción
política, la opción por quienes "más lo necesiten".
La política como servicio se alimenta de una subjetividad
sensible que se percibe y se descubre en el sufrimiento del
otro, y de las experiencias pasadas y sufridas por ellos, la
ayuda a los otros es, también, ayuda a ellos mismos:
Pues no sé... Hay veces que siento... ¡Como yo no puedo hacer nada!,
que me gustaría hacer algo para ayudar. Por ejemplo, los terremotos
que ha habido. Las personas, cuando los veo en la televisión sufriendo
así digo: ¡Ay! Yo tengo aquí la comida que a mí me sobra... a ellos les
falta, me gustaría regalársela. Pero no puedo hacer nada, simplemente
donar pero no sé si realmente va llegar a su destino lo que yo done
(EM/MNSA/7).
Cuando hay la pretensión de que la política sea un servicio
al pueblo, la percepción en cuanto a la participación y las
responsabilidades con el campo cambian, pues ya no se percibe
la delegación que se presenta con la postura defectiva,
sino que se asume una cierta corresponsabilidad:
De ambos ¿no?, tanto del gobierno también como de uno, porque si
ponen a un gobierno que... no sé... que ayude a todos, yo creo que
también uno debe de apoyarlo, ¿no? (EM/MNSA/8).
En un gobierno que asume a la política como un espacio y
práctica de servicio, los jóvenes se muestran dispuestos a
participar, aquí está la positividad del campo: en eliminar
las prácticas autoritarias, de corrupción y de distinción.
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
en aras de la consecución del bien común por medio de
una política que se considere, no como ganancia personal
—servirse— sino como un servicio para todos.
Desde la negación de lo "negado" por los jóvenes en relación
a lo politico, encontramos otra política interpretada como
ayuda a los demás, siempre con miras al bien común;
como servicio en relación al conjunto social y no en referencia
a grupos privilegiados. En este caso, el propio discurso
revela, después de la negación, la afirmación de lo que la
política debiera ser:
Es que hay mucho, cuando es... este... Así, las elecciones... Hay muchos
problemas porque muchos de ellos quieren llegar hasta... o sea a ser...
¿cómo le explico? Muchos pretenden que van ayudar, nos van ayudar a
nosotros —a las personas—y no lo cumplen; unos no lo cumplen [...]
Pues [yo] ayudaría a los demás económicamente (EM/MNSA/IO).
La política como servicio es la apuesta implícita que descubrimos
a través de la afirmación subyacente de lo que antes
habían negado del campo. Mostramos que existe interés por
la política y que la posibilidad de que los jóvenes participen
y se involucren, radica en que ésta sirva a las mayorías,
bajo una idea del poder diferente a la del dominio. Estos
jóvenes nos han mostrado, pues, a la política de otro modo
(Rabinovich, 2000:42).
A modo de conclusión
Descubrimos que en los dos dispositivos analizados prevalece
una comprensión de la política bajo los terrenos de
la formalidad; reconocen estar interesados e informados
del campo, pero sin involucrarse de manera material. El
conñicto en el que la perciben hace que la disposición permanente
sea la de excluirse del campo y negar su poder
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
ciudadano, asumiendo la figura del mero espectador y del
subdito.
Pero el confiicto inherente del campo político que perciben
no queda en excluirse del mismo, sino en negar a lo
que consideran que lo genera: al otro distinto, que difiere
y que muestra una no aceptación de las convenciones, que
piensa distinto e irrumpe en el campo como el "peligro"
o el "enemigo"; la respuesta a esto en ambos dispositivos
es la exaltación del valor del respeto como mediador y en
aspirar a una política sin confiicto, sin la presencia del otro
distinto.
Aunque los dos dispositivos muestran representaciones
similares y hasta congruentes, hay un elemento que difiere
y que representa la posibilidad de resignificación del campo
político. Particularmente, los jóvenes del dispositivo informal,
trabajadores y de clases populares, nos han mostrado
la posibilidad de resignificar al campo para participar e
involucrarse: la política como servicio, a favor del pueblo.
juventud: análisis en
dos dispositivos de
Morelos.
De la negación del otro a la
política como servicio
Problemática: juventud
y política ¿relación
infranqueable?
Se presenta un estudio en dos dispositivos
formativos de Morelos, uno formal y el
otro informal, en ambos se analizan las
representaciones que los jóvenes mantienen
de su relación con el campo político
y la manera en que irrumpe en sus vidas.
Sobresale que en los jóvenes escolarizados
los núcleos figurativos imperantes son
la manera formal en la que se la inscribe;
la democracia como parte del campo
en la que se presenta de manera disociada
y la comprensión bajo el conflicto al que
se la asocia con la consecuente negación
del otro distinto. Por su parte, los
jóvenes del dispositivo informal presentan
representaciones similares, la política
como conflicto; la democracia al interior
del campo político y como elemento de
las relaciones intersubjetivas y la política
como servicio, a la cual aspiran y en la que
el otro figura notablemente.
Palabras clave: jóvenes, campo político,
dispositivos de formación, formación
ciudadana, democracia
• Coordinador del Área de Evaluación y Sistematización
en Casa de la Ciencia: Centro
de Innovación Educativa, en San Cristóbal
de las Casas, Chiapas, México.
En un contexto socioeconómico
y político en el que
el segmento social denominado
"jóvenes" se enfrenta
a condiciones de desempleo
y precariedad de trabajo (Antunes,
2000) como no se enfrentaron otras
generaciones, su relación con lo
político presenta una realidad,
aparentemente, inédita. Como
muestras de un "nuevo capitalismo"
que impone demandas socioeconómicas
a muchos jóvenes mexicanos,
viéndose impulsados a la fuerza
de trabajo (Suárez, 2004:72) y, al
mismo tiempo, expulsados de la
escuela, parecen ser otros campos
prácticos los que se han vuelto primarios
en sus vidas. En dicho contexto
marcado por la necesidad, lo
político es negado; la prioridad está
en el aseguramiento material, en la
I. Este trabajo es parte de una investigación más amplia
desarrollada en el Doctorado en Educación en la Universidad
Autónoma del Estado de Morelos y financiada
por el Conacyt.
Espiral, Estudios sobre Estado y Sociedad Vol. XIV No. 42 ü Mayo / Agosto de 2008
Marcos J. Estrada Ruiz
producción y reproducción de su vida, y éste sólo irrumpe
o de manera formal o como algo que obstaculiza sus posibilidades
de subsistencia.
A los jóvenes se les ha caracterizado por su escepticismo
político acompañado de una suerte de repulsa hacia el
campo y sus practicantes, es decir, los políticos (Fernández,
2000: 3). Situación contradictoria pues desde el campo de
lo "juvenil" ha imperado la idea de que son los sujetos de la
renovación, el cambio y las transformaciones. Es decir, los
jóvenes son concebidos como actores sociales y políticos
(Aguilera, 2003: 67; Benedicto, 2002: 41), con el potencial
para el cambio social. Esta última idea es la que más se
ha destacado en la bibliografía "juvenil" en general (Fernández,
2000: 4).
Pero, ante el panorama que parecía desolador de la
relación juventud-política, se ha argumentado que el hecho
está sucediendo en otros ámbitos y que la comprensión
tradicional de los mecanismos de participación e involucramiento
con lo político se ha modificado. Esto indica
que sí hay interés y participación, pero bajo esquemas no
convencionales, sosteniendo que "lo político pasa por otros
lugares" (Portillo, 2003:222); que las culturas e identidades
juveniles constituyen dispositivos de re significación de lo
político (Reguillo en Monsiváis, 2004: 39); o bien, que hay
una instauración de un campo político propio que disputa el
sentido al mundo formal adulto (Aguilera, 2003: 73). Beck
(1997: 11) ha argumentado que los jóvenes practican una
denegación de la política "altamente política". Considero
que esto es, en efecto, cierto pero la cuestión es que no se
han detenido a explicitar cuáles son esos lugares y estas
formas, aparentemente, reivindicadas de lo político.
2. Se trataría más bien de problematizar los Intereses y necesidades privadas como
parte de lo público; esta es en cierta medida la propuesta de Bauman (2002):
averiguar dónde confluyen lo público y lo privado.
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
También es cierto que esta suerte de confusión y esperanza
subjetiva proviene de una falta de claridad de lo que
el campo político significa per se. Estamos, pues, ante la
imposibilidad de generalizar la caracterización de los jóvenes
bajo patrones estables, particularmente si nos ubicamos
desde el campo político. En este trabajo abordamos a la
juventud como característica sociológica, por tanto, además
de ser una construcción social, la juventud es una condición
social y jóvenes son un segmento de la población (Estrada,
2007: 27). Por eso es que la definición y el análisis deben
enfocarse en el tipo de condición en que se encuentran los
sujetos de estudio. Así, nos planteamos las siguientes interrogantes,
¿de qué manera se relacionan los jóvenes con el
campo político?, ¿cómo se asumen y qué expectativas tienen
los jóvenes ante su ciudadanía legal y, en general, hacia
el campo político?, ¿cuál es la representación que impera
sobre el campo?
Problematizando el campo de estudio
El campo educativo ha pretendido responder a esta
desafección política de manera poco efectiva, pues las
estrategias implementadas para la formación ciudadana
han desembocado en el tratamiento de los contenidos en
sentido declarativo (Yurén et al., 2004), imposibilitando
que los estudiantes lleven a su cotidianidad los diferentes
componentes de la ciudadanía responsable. Es decir, han
negado a la formación ciudadana como el desarrollo de
competencias y disposiciones ético-cívicas que los sujetos
construyen mediante la experiencia de relacionarse con el
campo político (Estrada, 2007: 8), además de reforzar una
moral convencional y reducir la ciudadanía a una práctica
consistente en "respetar las leyes" y "el estado de derecho"
(Jiménez, 2002).
Sociedad ê NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Los estudios acerca de la formación ciudadana en la
escuela han reportado la ineficacia de la misma para formar
personas con "visión ciudadana"; más bien, la tendencia ha
sido a perpetuar los rituales cívicos (Arredondo, 1997; Hernández,
2001). Sin embargo, la escuela no es el único ámbito
en el que se configura el ethos ciudadano. Espacios como el
trabajo, la familia, los movimientos sociales y el contexto
más amplio, pueden contribuir a que los sujetos desarrollen
disposiciones que condicionen, simultáneamente, la manera
de percibir y actuar en el espacio público.
Particularmente en Morelos se ha caracterizado a los jóvenes
por una negación y desinterés por la política (Estrada,
2004; Araújo-Olivera et al., 2005). Diversas fuentes, como
las encuestas, exhiben datos similares. La Encuesta Nacional
de Juventud presenta datos en los que se muestra que
el menor porcentaje de confianza de los jóvenes lo tienen
las instituciones públicas o del gobierno, y los mayores, la
iglesia (34.7%) y la familia (34.6%) (IMJ, 2003: 127; IMJ,
2005: 32). Muestran claramente que la política no les interesa,
porque los políticos "son deshonestos" y que, de ser el
caso, sólo participarían en las elecciones.
Para los jóvenes de Morelos el significado de ser un buen
ciudadano está asociado con tres cuestiones básicas: "ser
consciente de lo que sucede", "hacer cosas por los demás" y
"vivir sin involucrarse en ningún momento" (Suárez, 2003:
37). Al respecto, cabe decir que trabajos empíricos realizados
en el estado, han mostrado la tendencia a ser conscientes
de lo público, pero quedando cómplices o impotentes ante lo
que sucede (Yuren et al., 2004; Estrada, 2004). Permanece
la idea de que lo político es conflictivo y por ello prefieren
mantenerse al margen y no involucrarse (Araújo-Olivera
et al., 2005); una especie de cesión tácita del poder ciudadano.
También porque no existen los espacios donde los
jóvenes logren actuar políticamente o lleguen a sentir que
contribuyen en algo a la vida pública; de ahí que entre los
Campo político / juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
motivos que se mencionan para votar en alguna elección,
el de mayor porcentaje con 38% es: "porque sólo así puedo
participar y elegir a mis gobernantes"; seguida por 24.2%
de "es un derecho" (IMJ, 2003: 133).
En este contexto, pues, como bien advierte Suárez (2004:
75), no es de extrañar que los jóvenes mexicanos se aferren
a las instituciones tradicionales como la familia o la iglesia;
desconfiando de las modernas, como las instituciones
políticas asociadas a la vida democrática.
El marco de referencia: campo político
La relación campo político y juventud, ha sido estudiada
bajo una comprensión de la política al estilo, es
decir, condicionada por el poder entendido como dominio,
o bien, como conflicto en la relación amigo-enemigo
(Schmitt, 1991). En este panorama el resultado era
previsible, la denegación del campo político por la mayoría
de los ciudadanos.
Nos ubicaremos bajo un andamiaje teórico (Yurén et al
2004) distinto. El constructo "campo" le sirvió a Bourdieu
(1997: 75) para mostrar el microcosmos de un espacio relativamente
autónomo de lo macro, provisto de sus propias
leyes, con una lógica interna que lo singulariza frente a los
demás, volviéndolo identificable respecto a otros campos. El
campo "funciona a la vez como institución de inculcación"
(Bourdieu, 1988:63). Aquí se muestra su relación con el habitus,
pues no sólo representa ese espacio específico en el
que el sujeto se mueve y en el que desempeña una función,
sino que creará en él una "formación duradera" (Bourdieu
y Passeron, 1998: 250). Aparece la cuestión de la formación,
el campo va a mostrar su lógica mediante el habitus, que
como formación duradera en el sujeto, requerirá de un cierto
saber aunado a competencias y disposiciones —capital cultural—
a ser jugadas al interior del mismo. Esto es esencial
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
en el campo político porque si es percibido como legítimo,
requerirá de toda la competencia posible para actuar en
él, pero cuando no es concebido así, la incompetencia no
es "rigurosamente sancionada" (Bourdieu, 1988: 85) y todo
parecería permitido.
Enrique Dussel (2006: 4-6) caracteriza y delimita al
campo político como los diversos niveles o ámbitos posibles
de las acciones en las que el sujeto opera como actor de una
función —la de ciudadano—, y compuesto por principios
implícitos, que son las fuerzas que estructuran "las prácticas
permitidas dentro del campo". Es, pues, el espacio "en el
que los actores políticos actúan públicamente en tanto políticos".
Esta concepción permite dejar abierta la idea de "lo
político" sin reducirla, por ejemplo, a la relación amigo/enemigo,
pues parte de una comprensión del poder distinta, no
como dominio sino como poder consensual político (Dussel,
2006) que encuentra su fundamento en el consenso de la
comunidad política. Esto porque siempre se encontrarán
nuevas dimensiones de lo político que se podrán incorporar
a la lógica interna del campo.
Considero que, particularmente esta idea, posibilita no
sólo trascender el espacio público como único componente
de lo político sino también descubrir a la política atravesada
por otros campos fuera de los formales, aunque quizá en un
nivel menos institucionalizado (Dussel, 2006). El ciudadano
es en sí el que da vida al campo político y éste se define a
partir de aquél, sin él se vuelve un espacio vacío.
Consideración metódica
I En este trabajo la "realidad" no ha sido afrontada como
lo "dado" que se explica desde un a priori teórico. Considero
que "la relación con la realidad debe ser construida" (Zemelman,
1987: 82). Parto de la comprensión de ésta como algo
dinámico y, por consiguiente, complejo. Por lo anterior, la
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
estrategia para abordar la problemática fue la de estudio
en caso (Rockwell, 1986: 14; 1993). Esta postura consiste
en la utilización de conceptos de carácter estructural que
permitan analizar los procesos históricos y sociales que se
presentan en la realidad estudiada —campo político y juventud,
en nuestro caso—. Es decir, se privilegia el estudio de
un problema estructural y macrosocial "en casos específicos"
(Bertely, 2000: 32-33) lo que también equivale, según Dell
Hymes (en Bertely, 2000: 33) a que el investigador particularice
la generalidad y no viceversa.
Dentro del campo educativo entendemos por dispositivo
al conjunto de elementos dispuestos de tal forma que, al
movilizarse, conducen al logro de una finalidad educativa
y social determinada (Yurén, 2005: 32-33). Ahora bien,
abordamos nuestras problemáticas estructurales en dos
dispositivos de referencia: uno formal y el otro informal. El
primero, correspondiente al ámbito escolar, propiamente a
una preparatoria. El segundo, al margen de la institución
educativa, referente al trabajo, la vida en el desempleo o la
familia. En total se entrevistaron y observaron a 40 jóvenes
—20 pertenecientes al dispositivo formal y los restantes al
informal—. Los jóvenes de la preparatoria se encontraban
cursando el último semestre de su formación, en la edad promedio
de 17 años, provenientes la mayoría de clase media
con padres profesionistas y con la perspectiva incuestionable
de ir a la universidad y estudiar carreras como derecho,
artes plásticas, antropología y diversas ingenierías. En
cambio, los jóvenes trabajadores y desempleados —cuyo
promedio de edad es de 19 años— de entrada dejaron de
estudiar por razones económicas; sus padres —empleados la
mayoría— ya no pudieron pagarles sus estudios, y aunque
muchos trataron de combinar el estudio con el trabajo, éste
3. Me refiero a la investigación completa de la que este texto presenta sólo los dos
dispositivos del municipio urbano; la otra parte fue hecha en un municipio rural,
igualmente en una preparatoria y con jóvenes trabajadores y desempleados.
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
terminó por convertirse en el campo práctico primario. Sus
ocupaciones oscilaban desde el desempleo, amas de casa,
meseros y, en su mayoría, empleados en puestos de venta
de ropa, discos, películas y videojuegos.
En ambos dispositivos tomamos como elemento principal
para el análisis a los actores, sus perspectivas, experiencias y
representaciones sobre la relación campo político-juventud.
El entramado analítico se compuso de un análisis del
discurso que se fue movilizando de la búsqueda de patrones
emergentes (Bertely, 2000) hasta encontrar el núcleo de las
representaciones asociadas a determinada figura (Jodelet,
1986). Recurrí al análisis estructural (Piret et al., 1996)
como herramienta que permite develar el cómo una persona
representa la realidad; se interesa también, y particularmente,
por hallar lo que no está explícito o manifiesto.
Lo formal como modo de irrupción: la política
en los jóvenes del dispositivo formal
Entre los jóvenes escolarizados encontramos cuatro
ámbitos de sentido que, asociados a una determinada figura
(Jodelet, 1986: 476), dan cuenta de su representación del
campo político.
Lo formal viene condicionado por procedimientos propiamente
legales, burocráticos y sin repercusión en el nivel de
interés y comprensión de lo político en los jóvenes; es, por
definición, meramente procedimental.
El documento formal que representa él derecho de ciudadanía
y de participación política —la credencial de elector—
se reduce a lo que permite realizar trámites y para
el trabajo. Efectivamente es algo formal; no es, en ningún
sentido, algo significativo adquirir la ciudadanía con sus
consecuentes responsabilidades políticas. En los terrenos
de la formalidad, la forma es el fondo; no hay nada más,
ninguna relación o afectación material en la vida de los
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Núcleo figurativo
de la política
Lo formal
Discurso de referencia
"Políticamente no [participo] porque... No sé... Ya tengo 18
años y no he sacado ni mi credencial de elector pero... pero
yo creo que no, todavía no [participo]
"No sé. Tal vez porque no he tenido tiempo, ni he querido
[sacar la credencial de elector], pues hasta ahorita no... Ya
yo creo que en el futuro sí, ahorita no"
"Cuando esté más grande pues a lo mejor y pueda ajrudar
dando mi opinión, votando —como muchas veces se dice—
para que escojamos a nuestros dirigentes y todo ese rollo;
pero pues ahorita así como que no podemos ayudar en casi
nada" "La política, bueno, pues me interesa sobre los asuntos
actuales, la legislación de los políticos que tenemos actualmente
[...] No me interesaría ejercerla, pero son temas de
interés de todos los ciudadanos, por lo tanto me gusta debatir
sobre ellos". "Me compete —dentro de mis posibilidades— observar el
pleno desarrollo de los políticos en sus actividades y obedecer
las normas, las leyes propuestas por ellos". Esta codificación es la manera en la que organizamos nuestros datos de campo para identificar
a los jóvenes de los diferentes dispositivos y contextos. Se realizaron entrevistas a
profundidad y observaciones participantes.
sujetos o su relación con lo político. Esto contribuye a la
opinión que se tiene del campo político como algo heterónomo
y conflictívo, en lo que no se participa más que para
defenderse de su hostilidad.
Cuando lo político se entiende dentro de lo formal, los
jóvenes no se reconocen completamente como parte integrante
del campo, esencialmente porque no han sacado
su credencial de elector —que para ellos es lo que avala la
ciudadanía formal—. Nótese cómo lo político entra en la
vida de los jóvenes por su condición de ciudadanos; si no
tienen esta formalidad, consideran que no participan del
campo, además de la asociación con la edad.
La inserción en lo político y las responsabilidades inherentes
al mismo, muchos jóvenes las ven a futuro, en una
edad adulta centrada en una participación electoraL Ésta
es la posibilidad que ven, por una parte de participar y, por
la otra, es el momento que prevalece —por excelencia— de
irrupción de lo politico en sus vidas.
Aun cuando reconocen la importancia de la temática e
incluso se logran interesar, esto es más bien algo que se inscribe
en lo formal pues cuando aparecen las posibilidades
de involucrarse y de intervenir, el deslinde es inmediato:
interesa pero sin participar. Hay un interés en la temática,
pero al enfrentarse a las condiciones fácticas de involucramiento,
entonces toman distancia argumentando que no
les interesa ejercerla, sino sólo debatir sobre esos temas.
La representación negativa de lo asociado con la política
se traduce en una toma de posición-acción que los lleva a
interesarse pero no a involucrarse, y este interés es interpretado
como el ámbito en el que "participan".
La opción, entonces, es asumir la figura del espectador:
considerar que la obligación y responsabilidad dentro del
campo político es la de estar enterados e informados del acontecer;
observar sin comprometerse. Concatenadamente,
nos habla de una ciudadanía en un sentido convencional de
obedecer las normas y leyes por el hecho de serlas (Kohlberg,
1992). Aunque reconocen su no participación en la toma de
decisiones y en que éstas no son las mejores para el pueblo,
se acepta sin remedio las normas y leyes "propuestas por
ellos" —los políticos—. No sólo es una idea de la democracia
y de la política formal-convencional, sino toda una disposición
a ceder, de hecho, el ejercicio pleno de la ciudadanía
con su consecuente poder ciudadano.
La democracia que trasciende al campo
I La concepción formal de la política se descubre también
al analizar uno de los elementos del campo: la democracia
concebida como un proceso formal. Lo procedimental, sin
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
mediación de la acción explícita del ciudadano por medio
del debate y la confrontación de ideas distintas:
Pues el término democracia es bastante interesante, bastante certero,
porque implica la libertad del pueblo al elegir a sus gobernantes [...]
Todavía nos falta evolucionar un poco más pero creo, o al menos eso
quisiera creer, que se está dando la evolución
La concepción de democracia que prevalece es la asociada a
lo electoral y representativo, pero avalada por el componente
de la libertad del pueblo al elegir a sus gobernantes. Ahi se
encuentra una connotación positiva, aunque se reconoce que
falta que "evolucione un poco más"; lo que lleva a pensar
que es entendida como un proceso. De manera implícita, esto
muestra ya la conciencia de que se necesita algo más que el
tipo de democracia formal-representativa imperante.
La democracia es enjuiciada de manera directa en sentido
positivo. Desde la perspectiva de estos jóvenes: democracia
significa "tratar a todos por igual", siendo el componente de
igualdad lo que permite discernir si efectivamente "falta"
democracia o no. Pero aqui descubrimos que es comprendida
y enjuiciada positivamente porque se entiende como
parte de las relaciones interpersonales, inherente a la vida
cotidiana y no como un elemento necesariamente integrante
del campo politico. Cuando el discurso de la democracia
se comprende al interior del campo, la valoración no sólo
disminuye, sino que prácticamente desaparece:
Creo que sí falta más democracia, sobre todo por la corrupción y todas
esas cosas [...] Pues que fueran menos corruptos todo lo que es el
sistema político, yo creo que eso principalmente (EM/MNSAPI/7).
Se enjuicia negativamente cuando se entiende como elemento
propio de lo político. "Falta democracia" porque "hay
corrupción" en el "sistema político". En esta asociación y
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
percepción, como parte del campo, la democracia está en
falta porque la ilegitimidad de éste la ha tocado:
Siento que nos falta mucho [para la democracia], por la corrupción, hay
mucha corrupción [...] En primer lugar, que no haya tanta corrupción,
que los presidentes y gobernadores no intervengan en las elecciones
(EM/MNSAPI/8).
Lo cual denota el sentido formal en el que se la inscribe. Son
dos tipos de asociaciones de la democracia en los jóvenes
escolarizados: en sentido positivo se percibe como parte de
las relaciones interpersonales; y en sentido negativo, como
parte del campo politico. En ambos casos sin posibilidades
de inserción critica y con atisbos de transformación, la que
es enjuiciada de manera positiva, no lleva a la esfera de las
decisiones, pero sí al de las relaciones interpersonales. En el
cuadro siguiente vemos esquematizado lo anterior, la esfera
en la que se le comprende y la valoración consecuente:
Esfera de comprensión de la democracia
a) Vida cotidiana y relaciones interpersonales
b) Indisociable del campo político
Valoración consecuente
a) Valorada porque permite la convivencia
b) Negación por ser lo mismo
La política como conflicto (lo defectivo)
Encontramos que existe en los jóvenes una comprensión
de la politica como aquella que provoca conflicto, y por ello
prefieren quedar al margen de la misma; lo que en consecuencia
ocasiona la cesión tácita del poder ciudadano. La
hemos caracterizado como parte de toda una disposición a
la sujeción (Estrada, 2004). Pero la negación del conflicto
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
tiene implicaciones más profundas que este sólo hecho, que
pareciera aislado.
Núcleo figurativo Discurso de referencia
de la política
"En esos temas casi no estoy muy metido... Pero de la política...
Simplemente es mucha corrupción para mí. Nada más.
No sé mucho de política, la verdad" (EH/MNSAPl/2).
'Todo eso de la migración va junto con lo de la política;
simplemente si no hay trabajo, si el gohiemo no da trabajo
muchas veces, son señores los que se v£in y tienen que dar
de comer a niños, tienen que darle escuela... Y como padres
quieren una vida mejor para sus hijos y es cuando es la decisión
de irse allá a trabajar para que sus hijos tengan una
vida mejor..." (EH/MNSAPiy2).
"No, no me interesa. Es como otro rollo... No me gusta
meterme en eso, es muy problemático [...] No sé... como que
son muchos pleitos" (EM/MNSAPl/4).
"A veces sí me llama la atención pero me molesta que siem-
Como confiícto pre hay pleito por todo; no parece política, parecen discusio-
(lo defectivo) nes de lavadero. De que me llama la atención, sí me llama
la atención, pero cuando te sientas a ver el plano en el que
está la verdadera política te quedas de ¡¡¡auchhü! Mejor no"
(EM/MNSAPl/5).
"Yo creo... No sé... Me gustaría ser una persona importante
[...] Porque me gustó mucho la política" (EM/MNSAPl/7).
"No. Casi no me llama la atención, la verdad: política no"
(EM/MNSAPl/7).
"Pues que la mayoría de ellos hacen promesas que no
cumplen; cosas por el estilo, que no son honestos" (EM/
MNSAPl/7).
"No me gusta porque siento que como manejan mucho dinero
se olvidan del país y se van hacia el dinero [...] Sí [aquí también
es así] por el CESA y el consejo de estudiantes, pues"
(EM/MNSAPiy8).
Lo defectivo es una asociación de representaciones que
desembocan en un alejamiento del campo político; sin duda,
el de mayor peso es el del campo ilegítimo marcado por
antivalores políticos. Cuando se profundiza más sobre la
política, los jóvenes reconocen no saber en esencia qué es,
su primera respuesta cuando se les cuestionaba sobre lo
político era una muestra de desagrado, de desinterés y de
renuncia a priori a su significado e implicación. Admiten
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
desconocer sus funciones, lo cual nos indica que es una de
las razones por la que aceptan parte de la cultura política
defectiva prevaleciente. Pero cuando se les preguntó por
las razones, coincidieron en que en realidad no saben lo
suficiente. Hay, pues, una postura a-crítica sobre el campo
y se opina y se concibe con base en prejuicios políticos, tal y
como lo precisa Arendt (1997: 52-53), es decir, sin evidencia
clara, pues no son producto de la experiencia personaL
Aparecen también, de manera significativa, las consecuencias
de la negación del confiícto. Se niega implícitamente
el consenso —y dentro de lo normativo ya se perdió,
entonces, su positividad— y se cede el poder ciudadano.
Irrumpe entonces lo que caracterizamos como el dilema del
subdito, ejemplificado en el discurso de este joven:
Porque no. O sea: no me interesa estar con personas que sé que nada
más me están... me hablan porque les interesa que les dé mi voto, mi
apoyo; o sea, no me interesa, así, gente hipócrita; la verdad que nada más
quiere que lo apoyemos para ganar y después, ¡ah ni te conozco! Nada
más por ganar, por tener poder. Y cuando están arriba, ya... Y eso lo
ves en la Prepa, con los del CESA y eso: te jalan, tu voto, si tienes algún
problema, "¡ah sí, luego vemos!"; o sea: no, eso no me gusta mucho, se
me hace mucha hipocresía. No me gusta (EH/MNSAPI/2).
El desagrado hacía la política proviene de la percepción que
se tiene délas prácticas políticas institucionales —partidos,
congreso, gobernantes— pero también, y quizá de manera
más específica, de los pequeños espacios políticos que se
ejercen en el ámbito escolar. Sí incluso su referente político
inmediato a nivel cotídíano-escolar está comprendido como
lleno de corrupción e hipocresía, no hay resígníficacíones
posibles de lo político en su nivel más cercano, sino reafirmacíón
y reproducción de las prácticas al nivel más amplío
de la política.
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Se descubren las implicaciones de la política, pero desde
lo negativo. La migración, por ejemplo, la asocian con ésta
porque "si no hay trabajo, la gente se va". Los jóvenes escolarizados
encuentran las dimensiones de lo politico identificando
lo que a su alrededor está mal: desempleo, migración,
corrupción, etcétera. El campo político está saturado de los
peores adjetivos, todo lo negativo "va junto con lo de la política",
sostienen. Se reproducen las prácticas macro a nivel
micro, se refuerza la obturación de la comprensión de lo
político sin alternativas, pues al nivel de la vida cotidianaescolar
se muestra una copia fiel de lo que acontece al nivel
de la política partidaria y de gobierno en general:
La política en cierta forma sí me gusta, pero no me gusta cómo la aplican.
Como ahorita con eso del CESA... Tienen una que otra buena idea, pero
manejan la politica como la [...] que se pasa en las noticias... que hay
que saber manejar. Saben manejar la política ellos, pero no lo pueden
utilizar para ya a grandes rasgos para el bien dentro de la comunidad,
porque tampoco tienen mucho, digamos, dinero; algo parecido, para
hacer de verdad grandes cosas aquí, grandes planes en los que sí puedan
ayudarnos en lo académico. De todos modos, tiene que pasar por el
consejo de maestros y que lo aprueben así que... De que me gusta, me
gusta... pero no me gusta como la aplican (EM/MNSAPI/5).
La escuela, en este sentido, refuerza la forma de hacer y
concebir la política por medio de prácticas reproductivas de
lo político, clientelar y autoritario. Los propios orientadores
escolares reconocen, al igual que los alumnos, que el campo
es defectivo y, por otra parte, que no saben mucho del tema,
se declaran ignorantes al respecto, asociándolo también
con que el campo es de especialistas —de carácter privado
y no público—; lo cual demuestra que el propio dispositivo
escolar refuerza dicha representación de la política.
Hay interés desde lo cotidiano, percibido ahora como una
extensión de lo que sucede en el campo mayor, como mues-
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
tra perversa de nuestra cultura política que reproduce las
prácticas del sistema político en su conjunto. Los jóvenes
identifican los ejercicios de organización y de representación
estudiantil, como expresiones de política, pero las
encuentran semejantes a las de la política partidaria o de
gobierno y de representación, pues aunque los estudiantes
eligen a sus representantes "de todos modos tiene que pasar
por el consejo de maestros y que lo aprueben", así que lo
que ellos detectan como lógica y prácticas de los políticos
profesionales o propiamente del gobierno, se reproducen a
nivel micro, en sus prácticas estudiantiles; esto hace que
lo rechacen también a nivel cotidiano.
Esta negación del campo proviene también del desconocimiento
que existe sobre el mismo. El sentido negativo
predominante, sin interés, encuentra cierta justificación en
la aceptación de que no se sabe mucho sobre lo que significa
y lo que tiene que ver con la política:
No, casi no me llama la atención, la verdad; política no [...] No sé...
pues no sé mucho de política, a lo mejor también por eso pues no me
gusta mucho (EM/MNSAPI/7).
Éste fue un patrón emergente en nuestro trabajo, nos indica
que no es sólo la representación defectiva sobre la política
lo que hace que no se interesen y se alejen de la misma,
sino que también la percepción de que es algo complicado,
difícil de aprehender. Serían entonces dos tipos de representaciones
relacionadas: a) lo defectivo por ser un campo
impuro, ilegítimo; y b) la asociación con un ámbito complicado,
ante lo cual se requiere de determinado conjunto de
saberes y conocimientos —adquiridos en la escuela.
En los jóvenes, y quizá en la mayoría de los ciudadanos
mexicanos, la comprensión e interpretación de la política
está envuelta en una serie de dilemas por las implicaciones
que adquieren sus opciones. Se niega la participación y el
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
ejercicio del poder ciudadano y se acepta implícitamente
—en ocasiones no de manera tan implícita— la preferencia
por la figura del subdito. En otras, como lo es la estructura
düemática siguiente, se opta por una política sin debate
ni deliberación. Lo siguiente es una de las vertientes que
se desprenden del análisis estructural, específicamente la
estructura cruzada, que muestra las realidades emergentes
del discurso de los sujetos, sobre todo las que están de
manera implícita (Piret, 1996: 50).
Nos encontramos ante cuatro ejes discursivos que se desprenden
de los datos del espacio escolarizado. Se trataba
de que expresaran lo que para ellos significa la política.
Hay dos realidades que brotan de su mismo discurso y las
otras dos están de manera implícita, evidencian realidades
negadas.^
Esquema 1
Valoración de la política
"Si me llama la atención"
1
" Sin discusiones "
•Hay
pleito"
"No parece
política"
"Sin
pleito"
No me ilama la atención"
4. El signo positivo refleja el tipo de valoración positiva hecha por el sujeto / el
otro signo es su contraparte, la estructura cruzada se analiza de la siguiente forma:
qué realidad subyace de la relación 1-2, 1-3, y 4-2, 4-3.
Sociedad ^ NO. AI
Marcos J. Estrada Ruiz
Aparece, nuevamente, la falta de aceptación del conflicto y
del debate. Las discusiones son vistas como algo negativo
dentro de la poKtica; lo deseable, entonces, sería una política
sin debate ni discusiones. Por otra parte, se reconoce que
la política requiere de cierta capacidad discursiva, saber
hablar es necesario dentro de este campo, pero como una
capacidad de mera "comunicación", que no para el debate
mediante argumentos o para buscar el consenso.
La política que interesa es aquella en la que no hay pleitos
ni discusiones, en la que no hay muestras de divergencia
y en donde el uso de la razón discursiva, a través de las
competencias argumentativas del debate, no se hace presente.
Se niega, pues, lo esencial de la cuestión política: la
posibilidad de arribar al poder consensual político (Dussel,
2006), el cual no existe sin la razón discursiva.
La política que se acepta y que sería deseable en este caso,
es la que promueve la ausencia de debate, que evite las discusiones
que son percibidas por los jóvenes como la no-política.
El dilema está en la negación de una parte importante, quizá
esencial de la vida pública, del ejercicio de la ciudadanía y
que tiene como fin la realización de lo político para la reproducción
de la vida de la comunidad: del poder que se crea
a través del consenso de la comunidad de referencia y del
respeto y convivencia con lo distinto, con el otro.
La política en los jóvenes del dispositivo informal
Aunque están insertos constantemente en el campo poKtico,
los jóvenes no escolarizados dejan ver la irrupción de la
política en sus vidas por medio de su relación con el trabajo:
el campo laboral cruza el político y lo hace evidente, lo devela.
En cierta medida avasalla al campo político, sólo lo toca de
manera parcial, e irrumpe en la vida del sujeto cuando éste
se enfrenta a un campo laboral que le exige la mayoría de
edad; por ende, la credencial de elector para acceder a traCampo
político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
bajos formales. Los jóvenes que trabajan se enfrentan desde
más temprana edad a lo político-formal por presión del campo
laboral, se tiene acceso a una ciudadanía parcial que se relaciona
con la credencial electoral por la misma vía.
Diferente a los escolarizados, en donde la credencial como
documento formal de la ciudadanía no se necesita, para ellos
es algo secundario y su contacto con lo político-público se
vuelve también algo de segundo orden. Con los jóvenes del
dispositivo informal, sin embargo, lo político está más presente
en su vida cotidiana, lo que no significa que asuman
una postura más crítica sobre el mismo, simplemente que
están más cercanos a él y lo conocen porque lo laboral los
vincula con lo político.
Núcleo
figurativo
de la
política
Discurso de referencia
"No, pues no sé... Pienso que simplemente nada más hablan y no
hacen lo que... O sea: no cumplen" (EM/MNSA/1)
"Sí [participo en política] a veces, por ejemplo, no sé si te enteraste
que hubo un operativo [antipiratería]' aquí y pues todos se unen
para cerrar toda la plaza" (EM/MNSA/1).
"De la política no, pues pura corrupción [...] Pues yo creo que va a
ser difícil [que cambie] porque va de mal en peor" (EM/MNSA/2).
"No, casi no [me gusta la política] Porque todo es conflicto, más que
eso, o sea que todo el tiempo son puros conflictos, revueltas y robos
y todo eso" (EH/MNSA/4).
"No [participaría] Por lo mismo de los problemas que ha}?" (EH/
MNSA/4).
Como "No. De la política ni me hables [...] Es un país que... La política no
conflicto sirve aquí: no hay democracia no hay nada... no hay respeto" (EM/
(lo MNSA/5).
defectivo) "¡Ay no! [no me interesa] Pues todo eso de política... porque, no
sé... Según dizque los presidentes, ¿no?, que todo eso que prometen
y prometen... no veo que hagan nada, ¿o sí?, o será porque no veo
tele... pero no veo que hagan nada" (EM/MNSA/6).
"¡Ay no! No me gusta la política [...] No sé [por qué] pero nomás sé
que no me gusta" (EM/MNSA/6).
"Pues que no haya peleas... conflictos así grandes, que haya leyes
y eso, y que se respeten" (EH/MNSA/4).
* Muchos de nuestros informantes en el dispositivo informal trabajaban en plazas
comerciales vendiendo productos denominados "piratas".
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Para la mayoría de los jóvenes no escolarizados, la política
no tiene un significado positivo y en esencia no les gusta
porque los políticos no cumplen con lo que prometen. Hay
la percepción de "uso" e instrumentalización, es decir, se
sienten utilizados para la consecución de un fin político,
como ciudadanos mediatizados. En efecto, estamos ante la
consecuencia de la instrumentalización de los ciudadanos,
pero en jóvenes de 17 y 19 años, que nunca han votado o
que se han enfrentado a sus primeras elecciones ya en un
contexto de "transición política" y con un discurso de exaltación
de la democracia. Asociarlos con la política es como
estigmatizarlos, a la manera de Hoffman (1970: 12), pues
es como si les redujeran sus posibilidades de vida, por eso la
respuesta inmediata es "¡Ay no! No me gusta la política".
Cada joven forma su percepción de lo político al abordar
una parte negativa del fenómeno:
No me gusta nada de la política. Yo creo que todos son... no son tan
justos como realmente dicen. No. Siempre dicen que van hacer esto,
que van hacer lo otro... y a la mera hora nunca hacen nada [...] Pues
sí... a veces... no sé, no son justos con las personas que realmente
hacen cosas, los dejan salir [de la cárcel] y las personas que a veces no
hacen nada les toca vivir una mala vida; les dan mala vida, los tratan mal
y a los que realmente los deben de detener —no sé... hacerles equis
cosa—, nos los dejan sueltos y uno no puede andar libre en las calles
(EM/MNSA/8).
La política no les interesa porque hay todo un conjunto de
antivalores que no comparten y porque el consenso es que
se trata de un campo ilegítimo, en este caso caracterizado
por la injusticia y el engaño; particularmente, la injusticia
es la que permite enjuiciar como negativo al campo. Al igual
que en el espacio formal, cada sujeto acude a un elemento
negativo de éste que, a nivel cotidiano, proviene de una
experiencia directa y que, a nivel macro, en la mayoría
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
de las ocasiones responde a un prejuicio como ya lo
vimos. En cualquier caso, estos hechos se convierten
en disposiciones para distanciarse y negarlo.
Es un campo ilegítimo y, por eso, no importa crear
competencia para poder desenvolverse en él, pues
el tipo de capital que requiere es proporcional a la
lógica interna del mismo (Bourdieu, 1988: 112). Y
aquí la lógica es la ausencia de principios y la instauración
del conflicto. Lo que no significa, necesariamente,
que haya una suerte de analfabetismo político
(Freiré, 1990) en donde impere el desconocimiento o
la negación de su importancia; sin embargo, esto no
es suficiente como para que decidan aceptarla como
parte de sus vidas por el conflicto que perciben en
dicha actividad:
Pues yo digo que sí: a mí y a todos [nos afecta la política], a
todos porque ora sí que cuando uno apoya a un gobierno es
para que haga un cambio ¿no? Y en todo eso me refiero a lo
político todo, general... Y nos afecta a todos cuando cambian,
hacen de planes y cambian las cosas y nos afectan mucho a
todos. Yo digo que a todos [...] La verdad no [participaría]
porque yo siento que es una presión ¿no?, también estar así
con los políticos y todo eso... no sé... siento que es mucho
relajo. Me siento mejor así (EM/MNSA/8).
Aun cuando reconocen que las decisiones de los
políticos les afectan, asumen negar al campo y no
ser parte, haciendo la cesión tácita de su poder
ciudadano, dejando todo lo público en manos de un
soberano, al estilo de Hohhes.^ Esta interpretación de
5. Recordemos que Hobbes (1984: 179-180) hablaba de la fundación del Estado
ante la rapacidad del otro, pero el Estado estaba representado por un soberano
que adquiría el poder mediante pactos recíprocos de sujeción; en tal sentido,
Hobbes llama subditos a "los hombres que se ponen de acuerdo entre sí, para
someterse a algún hombre o asamblea de hombres voluntariamente [...]".
Sociedad ê NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
lo político es compartida por los jóvenes de ambos espacios:
apelan al respeto en aras de evitar el conflicto. El valor del
respeto es el mediador entre la política y las opciones de los
jóvenes, como si éste justificara su ausencia explícita.
Esquema 2
Valoración del respeto en el campo político
"No 2
resuelvennada"
"Todo es
1
"Revueltas
y robos"
-
4
"sin CO
»nflicto
*
nflicto"
3 „
SI
"Haya leyes, y
que se respeten
resuelven"
El respeto, entendido de esta manera, termina por convertirse
en una especie de antivalor político por las consecuencias
que arroja sobre la vida de la comunidad política.
Es decir: se delegan las cuestiones esenciales a decidir sobre
lo público y se permanece al margen por no aceptar el conflicto
que las relaciones políticas fundadas en la diversidad
provocan. Si la política es conflicto, se concibe de manera
negativa porque no resuelven nada; es decir, se le percibe
como obstáculo, sin ninguna ventaja práctica para el desarrollo
de la comunidad política, sino que las consecuencias
percibidas son las revueltas y los robos. El conflicto, desde la
interpretación de los jóvenes, saca a flote lo peor del campo
y es su consecuencia. La cuestión es que está asociado a las
discusiones que muestran divergencias y maneras distintas
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
de percibir, no sólo lo político, sino en general la lectura
del mundo que se hace. Hay una representación política
que deviene dilemática, que niega a los otros y que opta
por una idea de lo político en donde las divergencias no se
muestren, asumiendo la postura de que sin esta expresión
de lo distinto, lo que imperaría sería lo legal y, sobre todo,
habría "respeto". Al respecto puede sostenerse que subsiste
una cultura política negadora del debate, la diferencia y la
confrontación, porque se asume como "falta de respeto"; es,
en esencia, el encierro en lo mismo y el encubrimiento del
otro distinto (Dussel, 1994; Levinas, 2000).
Entre los jóvenes prevalece una idea acerca de que existe
un campo político permanentemente atravesado por el
conflicto y las peleas de los agentes "propietarios". El respeto
termina siendo, desde esta utilización, lo que permite
encubrir al otro. Se opone al disenso, a la diversidad, a la
pluralidad, al diálogo con lo distinto, pues esto provoca
conflicto y confrontación: es un antivalor que representa la
tendencia hacia lo mismo, lo homogéneo que no provoque
conflicto.
La política aparece como el asunto intratable del que no
se quiere saber. Hay una especie de hastío hacia todo lo que
tiene que ver con la política. Se percibe como algo importante
pero que no cumple su función como ellos esperarían,
por eso dicen que "aquí no sirve la política", aceptando que
hay otros lugares donde sí sirve; en el paquete de lo que no
sirve, en algunos casos vemos que va la democracia y, como
mediador de todo esto, aparece siempre el respeto. La triada
poHtica-democracia-respeto parece ser el componente esencial
de lo público: cuando esta triada falla, hay retraimiento
del campo y alejamiento de los ciudadanos. Sin embargo,
el respeto se presenta como el elemento ineludible, pues
es el mediador de las relaciones políticas y, aquí, respeto
significa no conflicto = fin de la política.
Sociedad ê No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
La democracia que trasciende al campo
Al igual que en los jóvenes escolarizados, la democracia
percibida al interior del campo politico y bajo su lógica, no
podria ser enjuiciada de manera distinta, pues la ilegitimidad
de aquél se le transfiere. Cuando permanece bajo esta
lógica, la interpretación se presenta en sentido defectivo.
Esta joven, por ejemplo, al hablar sobre la democracia,
termina centrando su discurso en una experiencia de la
vida cotidiana en la que tuvo un contacto cercano con el
campo politico:
No [hay democracia] porque hay veces que compran a las personas,
por ejemplo: les dan despensas con tal de que voten por ese partido o
les dicen: "sí, yo te ayudo a construir tu casa pero vota por mi", y no
hay libertad de... Por ejemplo, cuando antes yo le iba al PAN, yo andaba
mucho con Sergio Estrada y con este Javier López, y Javier López andaba
así en varias colonias y les prometía un buen de cosas, y de todas esas
cosas ninguna ha cumplido, dijo que Iba regalar láminas para las casas
pero que votaran por él... y no, las láminas nunca llegaron; y dijo, "de
todos modos, yo les voy a dar las gracias si votaron o no votaron por
mí, si no votaron por mí yo voy a venir de todos modos a dar las gracias;
aquí por estos rumbos me van a volver a ver"... ¡aja! Y ganó y no ha
• vuelto a ir en estas colonias. No ha vuelto a ir. Los estaba comprando
nada más para que votaran por él... prometiendo, prometiendo y no
cumplió nada (EM/MNSA/7).
Cuando los sujetos contrastan la democracia con su experiencia,
ésta sale muy mal parada ante la realidad imperante;
la cuestionan, pues es percibida como parte inherente
de lo político.
Sin embargo, la interpretación anterior no es la que
impera entre estos jóvenes, pues sólo un par de ellos la
entendia como parte integrante de lo político. La democracia
tiene un uso social que trasciende al campo en el que por
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
definición está inscrita, sobre todo en términos formales,
es decir el pohtico. Una vez realizado este movimiento de
"purificación", les es posible enjuiciarla de manera distinta
respecto a lo que por definición pertenece a lo político:
Pues sí es importante porque se nos toma en cuenta lo que nosotros
decimos y pensamos de los demás, sin que alguien nos calle (EH/
MNSA/4).
La encontramos, entonces, asociada con la libertad, la de
expresión particularmente. Esto sin duda es muestra del
uso social que se le ha dado, pues se le han adjudicado todas
las virtudes posibles, al grado de fetichizarla. Es claro que
se asocia a un contexto más amplio que trasciende al campo
político y se lleva, entre otros, a las relaciones interpersonales.
Aquí podría estar la explicación de lo bien aceptada
que se encuentra la democracia en un contexto en el que el
campo politico está tan desprestigiado. Lo que acontece es
que no se está entendiendo —necesariamente— como algo
dentro de dicho campo, el uso social que se le ha dado lo ha
trascendido. Esto es lo que lleva a que goce de una amplia
aprobación, porque en la vida cotidiana se ve como un
detonante de la buena convivencia, es decir, la que podría
evitar el confiicto y permitir la expresión de la pluralidad
"sin que alguien nos calle".
Uno de esos usos sociales se encuentra relacionado con
la escuela. Para estos jóvenes los estudios son el espacio
en el que se aprende de la democracia, o sea, que no está
tampoco en el campo politico sino en el escolar, donde se
conoce y se le otorga sentido a ésta. Por ende, no asistir a la
escuela los "inhabilita" para saber de ella. El uso social se
encuentra más del lado de la escuela y se constata cuando
se les pregunta sobre la democracia:
Sociedad g No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Pues no sé [...] ¡Ah, es que ya no me acuerdo qué es la democracia!
Si me explicas qué es la democracia, yo te diría qué pienso [...] No,
pues no tengo ni idea... se me olvidó ya todo. Eso me pasa por no ir a
la escuela, ¿verdad? (EM/MNSA/6);
¿Democracia? ¿Un país democrático? ¡Estudié y no sé! ¿Qué es democracia?
(EM/MNSA/7).
Al igual que en los jóvenes escolarizados, en los espacios
informales la democracia es enjuiciada en sentido positivo
cuando se percibe su significado y se asocia a prácticas de lo
cotidiano, no cercanas al campo politico. Pero en los jóvenes
de los espacios informales, no hay siquiera un contenido
vago acerca de su significado. La palabra los desconcierta
y no saben qué significa, a tal grado que lanzan una pregunta
difícil para el entrevistador: "¿qué es democracia?",
y lo asocian con un saber propio de la escuela: "¡estudié y
no sé!"; la democracia, pues, percibida como conocimiento
propio de lo escolar. Los jóvenes escolarizados tienen más
idea de su significado que los de los espacios informales. La
variable que explica esto es la escuela, al menos por cuanto
a los conocimientos formales se refiere.
El papel dado a la escuela como la que transmite conocimiento,
es una idea arraigada; y nos explica por qué lo
escolar se presenta permanentemente en su horizonte: es
lo que permite acceder a los conocimientos necesarios, ser
culto; en la distinción se encuentra su valoración. Pero lo
relevante es que la democracia no se percibe como parte
inherente del campo politico. Se desconoce, pero no se niega
como la politica. Muy al contrario, se le opone:
Es que no sé qué es democracia... La democracia es algo que se respeta
¿no?, algo sobre los derechos de los demás, ¿no? Es lo que tengo
entendido. Yo creo que no se respeta ni un derecho de nadie. Yo creo
que este mundo está así como que todo revuelto, ¿no?, no respeta
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
cada quien su decisión de los demás; cada quien hace lo que quiere
(EM/MNSA/8).
Asumen la pregunta general acerca de qué piensan sobre la
democracia como si se les pidiera que dieran una definición,
lo cual refuerza la interpretación de que es percibida como
un saber propio y exclusivo de lo escolar. Pero lo que se
revela es que no saben qué es, ni qué significado tiene. La
asociación que se hace es con el respeto, valor ausente por
antonomasia del campo politico. En tal caso, es enjuiciada
como algo positivo, aunque se asegura que hace falta, pues
no se respetan los derechos de las personas y no hay una
especie de control ya que "cada quien hace lo que quiere".
Desde su postura, lo que faltaria para una democracia más
sólida o desarrollada es que desaparezcan los gobiernos
corruptos; aquí ya la asocian con el campo y pareciera que,
para que tengamos una mejor democracia, no deberia de
relacionarse con lo político. Una contradicción que se traduce
en la imposibilidad de intervenir en lo púbHco-político
porque ahí la democracia ya no funciona.
La política como servicio
I Encontramos esta representación —que es una clara
aspiración— como una posibilidad que ven los jóvenes de
resignificar al campo, y en la cual la carga negativa de la
política se desvanece porque está en función del servicio a
las mayorías.
Pese a que la política se ve como una actividad totalmente
desprestigiada, sí aparece un cierto interés de involucrarse
en ella cuando se presenta la posibilidad de que sirva; literalmente:
la política como servicio. Muchos jóvenes desde
una voluntad sensible ante la pobreza, la injusticia y la
desigualdad, sostienen que ayudar a los pueblos pobres sí
los movería a actuar. La política entonces encuentra una
Sociedad ^ NO. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
Núcleo figurativo Discurso de referencia
de la política
"Pues ayudar en los pueblos pobres... eso sí me da un poco de
interés, sí me mueve" (EH/MNSA/4).
"Yo digo que sí [puedo hacer algo]... pues viendo a una persona
que sí trabaje bien y apoyarla" (EH/MNSA/4).
"¡Ah! pues que deveras hagan lo que dicen, que deveras hagan
lo que prometen... no que nada más digan; bueno, en pocas
Como servicio palabras: que sea de hechos, no palabras" (EM/MNSA/6).
"Todo lo relacionado a los delincuentes trataría... Es que ellos
los sueltan o quién sabe qué les hacen... a cambio de qué los
sueltan o quién sabe por qué... pero a mí me gustaría que ya
no hubiera violencia, que todos los pueblitos y todo eso... yo
los ayudara, yo los pudiera ajTidar económicamente... no sé,
ajrudar a las personas que más lo necesitan, como los callejeros,
las personas esas que andan ahí en las calles; ajrudarlas
y no ayudar a personas que, por ejemplo, luego se casan y
ya se empiezan a comprar ropa, joyas, los llevan a viajes.
Ya ves: Vicente Fox y Martha Sahagún a dónde andan... Me
gustaría mucho ayudar a las personas que más lo necesiten"
(EM/MNSA/7).
"De que yo decía que iban a cambiar las cosas, que ya si
ganando ellos... no sé, ya iba a ser diferente, ya no iba a haber
delincuencia... de que iban ayudar a las personas que lo necesitan,
que a lo mejor también la ayuda me iba necesitar a
mí... era lo que me llamaba la atención" (EM/MNSA/7).
"Tal vez sí participaría. Es para que yo... o sea, que yo quiera
ser por ejemplo diputada o algo así, pero para mí, pero yo
cumplir lo que me proponga [...], me gustaría mucho a3rudar
a las personas que lo necesitan, eso me gustaría mucho, no
regalar el dinero" (EM/MNSA/5).
condición de posibilidad en los jóvenes, en la medida en que
sea vista como servicio al pueblo. ¿Y cuál otro debería ser
el papel de la política en nuestro contexto?
Hay un reconocimiento de que lo referente a la política
está permeado por muchas cuestiones negativas que hacen
que los ciudadanos no la vean como una actividad honrosa,
pero también hay el reconocimiento de que dicha situación
puede cambiar en la medida en que se participe. En este
caso, en la única forma clara que ven de involucrarse, es
decir, por vía de lo electoral se piensa que se puede revertir
dicha situación, apoyando a alguien que "sí trabaje bien".
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
Ante el desprestigio del campo, la reacción natural es que
nadie quiera ser partícipe. Si "negamos" esta "negación",
descubrimos la positividad: lo que ellos quisieran ver en el
campo y que nos permite enjuiciar desde una prêter sión
normativa, otra política: el núcleo figurativo en este asjjecto
ha sido la política como servicio. Una joven, en particular, lo
ve como ayuda a comunidades pobres a través de la acción
política, la opción por quienes "más lo necesiten".
La política como servicio se alimenta de una subjetividad
sensible que se percibe y se descubre en el sufrimiento del
otro, y de las experiencias pasadas y sufridas por ellos, la
ayuda a los otros es, también, ayuda a ellos mismos:
Pues no sé... Hay veces que siento... ¡Como yo no puedo hacer nada!,
que me gustaría hacer algo para ayudar. Por ejemplo, los terremotos
que ha habido. Las personas, cuando los veo en la televisión sufriendo
así digo: ¡Ay! Yo tengo aquí la comida que a mí me sobra... a ellos les
falta, me gustaría regalársela. Pero no puedo hacer nada, simplemente
donar pero no sé si realmente va llegar a su destino lo que yo done
(EM/MNSA/7).
Cuando hay la pretensión de que la política sea un servicio
al pueblo, la percepción en cuanto a la participación y las
responsabilidades con el campo cambian, pues ya no se percibe
la delegación que se presenta con la postura defectiva,
sino que se asume una cierta corresponsabilidad:
De ambos ¿no?, tanto del gobierno también como de uno, porque si
ponen a un gobierno que... no sé... que ayude a todos, yo creo que
también uno debe de apoyarlo, ¿no? (EM/MNSA/8).
En un gobierno que asume a la política como un espacio y
práctica de servicio, los jóvenes se muestran dispuestos a
participar, aquí está la positividad del campo: en eliminar
las prácticas autoritarias, de corrupción y de distinción.
Sociedad ^ No. 42
Marcos J. Estrada Ruiz
en aras de la consecución del bien común por medio de
una política que se considere, no como ganancia personal
—servirse— sino como un servicio para todos.
Desde la negación de lo "negado" por los jóvenes en relación
a lo politico, encontramos otra política interpretada como
ayuda a los demás, siempre con miras al bien común;
como servicio en relación al conjunto social y no en referencia
a grupos privilegiados. En este caso, el propio discurso
revela, después de la negación, la afirmación de lo que la
política debiera ser:
Es que hay mucho, cuando es... este... Así, las elecciones... Hay muchos
problemas porque muchos de ellos quieren llegar hasta... o sea a ser...
¿cómo le explico? Muchos pretenden que van ayudar, nos van ayudar a
nosotros —a las personas—y no lo cumplen; unos no lo cumplen [...]
Pues [yo] ayudaría a los demás económicamente (EM/MNSA/IO).
La política como servicio es la apuesta implícita que descubrimos
a través de la afirmación subyacente de lo que antes
habían negado del campo. Mostramos que existe interés por
la política y que la posibilidad de que los jóvenes participen
y se involucren, radica en que ésta sirva a las mayorías,
bajo una idea del poder diferente a la del dominio. Estos
jóvenes nos han mostrado, pues, a la política de otro modo
(Rabinovich, 2000:42).
A modo de conclusión
Descubrimos que en los dos dispositivos analizados prevalece
una comprensión de la política bajo los terrenos de
la formalidad; reconocen estar interesados e informados
del campo, pero sin involucrarse de manera material. El
conñicto en el que la perciben hace que la disposición permanente
sea la de excluirse del campo y negar su poder
Campo político y juventud: análisis en dos dispositivos de Morelos
ciudadano, asumiendo la figura del mero espectador y del
subdito.
Pero el confiicto inherente del campo político que perciben
no queda en excluirse del mismo, sino en negar a lo
que consideran que lo genera: al otro distinto, que difiere
y que muestra una no aceptación de las convenciones, que
piensa distinto e irrumpe en el campo como el "peligro"
o el "enemigo"; la respuesta a esto en ambos dispositivos
es la exaltación del valor del respeto como mediador y en
aspirar a una política sin confiicto, sin la presencia del otro
distinto.
Aunque los dos dispositivos muestran representaciones
similares y hasta congruentes, hay un elemento que difiere
y que representa la posibilidad de resignificación del campo
político. Particularmente, los jóvenes del dispositivo informal,
trabajadores y de clases populares, nos han mostrado
la posibilidad de resignificar al campo para participar e
involucrarse: la política como servicio, a favor del pueblo.
Corrupción, gobernanza y captura política: análisis y apuntes a partir de la experiencia mexicana
CORRUPCIÓN, GOBERNANZA Y CAPTURA POLÍTICA:
APUNTES Y ANÁLISIS A PARTIR DE LA EXPERIENCIA
MEXICANA
Gustavo Mazcorro-Téllez, Nicolás Rodríguez-Perego
Sección de Estudios de Posgrado e Investigación
UPIICSA, IPN
México
Resumen
Los mecanismos de captura del Estado suponen coerción o arreglos de mediano y largo
plazos, donde los agentes públicos (incluyendo a los legisladores) se comprometen o son
obligados a actuar en beneficio de intereses privados, y en general a vincular su actuación
con las necesidades de los grupos “captores.” Esto da cuenta de una diferencia importante
con procesos “típicos” de corrupción: la deformación en los mecanismos de aplicación de
leyes, y la deformación en los procesos de creación de leyes.
Un mecanismo clásico de ocurrencia de la captura del Estado es el financiamiento −legal o
ilegal− de actividades proselitistas. En este caso, los agentes corporativos (empresas,
sindicatos, iglesias, etc.) dan soporte a partidos y candidaturas mediante artificios que
incluyen donativos en efectivo, bienes o servicios. La diferencia entre las contribuciones
políticas y la compra de favores o la extorsión puede ser muy pequeña o flexible.
Evidentemente, esto incide negativamente en los procesos democráticos y en la governanza.
La captura política es una forma de “gran corrupción” con efectos trascendentes (que
pueden ser nacionales y de largo plazo, y que se asocia con funcionarios públicos de alto
nivel y legisladores). La gobernanza se ve afectada debido a que los grupos captores
generalmente representan intereses perversos, orientados a obtener ganancias en función
de objetivos que con frecuencia se contraponen a los programas de reforma del Estado y al
interés público. Esto incluye desde ambiciones o intereses completamente ilícitos, como los
del crimen organizado, hasta intereses privados que se ubican en las fronteras de la
legalidad. El trabajo que se presenta analiza los fundamentos de esta problemática y
algunos aspectos de la experiencia de México.•
Palabras Claves
Corrupción, gobernanza, captura política, crecimiento económico
Introducción
El ambiente sociopolítico de la década de
los sesentas propició un interesante
debate sobre los efectos económicos de la
corrupción y sus implicaciones en la
función pública. Autores como Nathaniel
Leff (1964) y Samuel Huntington (1968)
sugirieron que la corrupción podía tener
consecuencias positivas en el crecimiento
económico, particularmente cuando la
actividad comercial estaba sujeta a la
injerencia predatoria de instancias
gubernamentales. La corrupción,
entendida como pagos de agentes
privados a funcionarios públicos, se
reconocía como un “lubricante” útil para el
funcionamiento de las actividades
productivas.
Bajo esta perspectiva, el principal
argumento es que la corrupción evita
demoras, facilita trámites, y en general
permite contrarrestar o negociar la
arbitrariedad asociada con regulaciones
2 2
excesivas o deficientes, a la vez que
muestra un efecto “compensatorio” en los
bajos salarios de los servidores públicos.
La discusión continúa hasta la fecha,
aunque cada vez más conclusiones
fortalecen la idea de que la corrupción
tiene efectos negativos. Por ejemplo,
Kaufmann (1997) afirma que “en las
sociedades corruptas los políticos tienen
discreción sobre la creación, proliferación,
e interpretación de regulaciones
contradictorias. Y por tanto, en lugar de
que la corrupción sea un lubricante para el
“engrane atascado” de una administración
pública rígida, se convierte en el
combustible para la creación de reglas
discrecionales excesivas“. Así mismo,
Mauro (1995) y Kaufmann (1997)
sostienen que la corrupción afecta
negativamente variables económicas de
desarrollo, como la pobreza, la inversión,
el gasto público y la recaudación fiscal.
La relación entre corrupción y crecimiento
económico se ha estudiado
convenientemente, tomando en cuenta
diversos factores. Entre ellos sobresale la
afectación de ese fenómeno en el
desempeño de las empresas pequeñas o
medianas ⎯agentes fundamentales⎯
sobre todo en economías emergentes
donde ese sector es el principal
empleador. Otra vertiente de estudio ha
sido el encarecimiento del gasto público
que imponen las externalidades
vinculadas con la corrupción (pagos
laterales a servidores públicos, menor
calidad en obras, desvío de recursos, etc.),
así como la existencia de relaciones
directas entre la magnitud de la corrupción
y deficiencias operativas en los sistemas
de salud, educación, y en general, en
políticas públicas que tienden a promover
mayor equidad y menor pobreza. Así
mismo, un cúmulo de trabajos académicos
de índole econométrico se han
concentrado en aspectos muy puntuales
como los efectos de la descentralización
gubernamental en la corrupción (Bardhan
y Mookerhee, 2005), los efectos
desequilibrantes de los cambios en la
regulación (Benson) y la relación de la
corrupción con políticas proteccionistas
(Dutt, 2002).
Sin embargo, la relación entre desarrollo
económico y los procesos de “captura del
Estado”, definidos como los esfuerzos que
realizan los particulares (sobre todo
empresas) para conformar ambientes
económicos y legales que les concedan
privilegios u oportunidades específicas,
comunes en la mayoría de los países con
democracias consolidadas o en desarrollo,
ha recibido menor atención por parte de
analistas e investigadores.
El presente trabajo expone las
generalidades de este fenómeno y
examina algunas particularidades en el
contexto mexicano. La primera sección se
dedica a establecer las diferencias entre
captura política y corrupción sistemática.
La segunda y tercera secciones plantean
algunas consecuencias adversas de la
corrupción. La tercera sección establece
las relaciones entre gobernanza
(ocasionalmente llamada gobernabilidad)
y captura política; y en la cuarta sección
se discuten algunas repercusiones de la
corrupción en el desarrollo económico. El
trabajo concluye con una discusión final.
1. Corrupción Sistemática y Captura
Política
Un estudio estadístico sobre
gobernabilidad y desarrollo empresarial en
México, elaborado a mediados de 2005,
reveló ⎯entre otros datos
sorprendentes⎯ que un 20% de las
empresas encuestadas no sólo admitió
haber pagado sobornos a funcionarios
públicos, sino que manifestó haber
destinado importantes recursos (en
promedio el 6% de sus ingresos) para
influir en los procesos legislativos (CEESP,
2005). En otras palabras, las empresas,
además de aceptar haber incurrido en
actos de corrupción para evadir
obligaciones, violar reglas o acelerar
trámites, también reconocieron haber
intervenido en la definición del marco
legal.1
1 Además de CEESP (2005) es interesante
consultar el trabajo de del Castillo y Ampudia
(2005), el cual proporciona datos y
2 3
Este tipo de fenómenos, sin embargo, no
representa una variedad innovadora de
corrupción. El concepto captura política o
captura del Estado se ha utilizado
especialmente a partir de la presente
década para denotar los “...esfuerzos que
realizan las empresas para influir y
delinear las reglas básicas del juego
(legislación, leyes, reglamentos, decretos)
a través de pagos de agentes privados a
funcionarios” (Hellman et. al., 2000). Este
fenómeno es una variedad de “alta”
corrupción, propia de las democracias
desarrolladas y de las que experimentan
procesos de transición.
1.1 Corrupción Sistemática
Los países con bajo desarrollo y
democracias incipientes combinan las
distorsiones de políticas económicas
predatorias o restrictivas con la debilidad
institucional del Estado, generando con
ello deficiencias en el sector público y
ambientes propicios para el asentamiento
de corrupción institucionalizada o
sistemática (Abed y Davoodi, 2002: 292).
La corrupción sistemática ocurre en la
relación cotidiana de los particulares con
la burocracia gubernamental; depende de
ambientes socioeconómicos específicos,
exhibe un alto nivel de organización y
tiene como base el monopolio coercitivo y
la arbitrariedad del Estado (Anechiarico y
Jacobs, 1996; Miller et. al., 2001;
Robinson, 2002; Johnston, 2002). El
nepotismo, las “mordidas” y de vehículos
o instalaciones públicas para fines
personales son casos típicos de esta
variedad (Caiden et al., 2001: 1-14; Morris
﴾sin fecha); Scott, 1972: 2-19).
1.2 Captura Política
En los países desarrollados la corrupción
sistemática es relativamente menor ⎯o
tiende a disminuir⎯, pero importantes
oportunidades de corrupción se presentan
a menudo en los procesos de transición
política, en el perfeccionamiento de las
instituciones gubernamentales y en la
definición de la acción pública; así como
en los procesos legislativos, el comercio
conclusiones sobre el impacto de la
corrupción en empresas pequeñas o medianas.
globalizado, la competencia política, y en
cualquier actividad que implique recursos
públicos cuantiosos y escasa rendición de
cuentas. Las “nuevas” oportunidades de
corrupción involucran conductas
incidentales o intercambios mucho más
sofisticados que, por ejemplo, sobornar a
un inspector para que sea omiso frente al
incumplimiento de un reglamento, comprar
protección policíaca, o influir en una
sentencia judicial. Los fenómenos que
surgen en tal contexto, considerados
fenómenos de “gran corrupción,” tienen
que ver con la interacción de legisladores
y políticos de alto nivel, con empresarios y
grupos de poder. Este fenómeno también
implica el “abuso de la función pública
para beneficiar intereses privados”, pero
no involucra actividades burocráticas,
rutinarias, o “al detalle.” Se trata de actos
que resultan de la capacidad de manipular
estratégicamente la función pública para
obtener y perpetuar rentas (Nef, 2001).
Los mecanismos de captura del Estado
suponen coerción o arreglos de mediano y
largo plazos, donde los agentes públicos
(incluyendo a los legisladores) se
comprometen o son obligados a actuar en
beneficio de intereses particulares, y en
general, a vincular su actuación con las
necesidades de los grupos “captores.”
Esto da cuenta de una diferencia
importante entre los dos fenómenos: la
corrupción sistemática se caracteriza por
deformaciones en los mecanismos de
aplicación de la ley, la captura política
asume deformaciones en los procesos de
creación de leyes.
Un mecanismo clásico de incubación y
desarrollo de este fenómeno es el
financiamiento −legal o ilegal− de
actividades proselitistas (della Porta y
Vanucci, 1999: Caps. 3,4; Carrillo-Flores,
1999; Zovatto, 2005). En este caso los
agentes corporativos (empresas,
sindicatos, iglesias, etc.) dan soporte a
partidos y candidaturas mediante artificios
que incluyen donativos en efectivo o
bienes, uso de inmuebles, descuentos,
viáticos, y promoción o “comentarios
favorables” en los medios de
comunicación, entre otros. En el mejor de
los casos, los compromisos derivados
2 4
asumen el carácter de “deudas de
gratitud” que son medianamente
correspondidas; sin embargo, los apoyos
pueden convertirse en obligaciones de
reciprocidad que afecten seriamente las
decisiones gubernamentales (Carrillo-
Flores, 1999). Por tanto, es natural
conceder que “...la línea que separa las
contribuciones políticas y la compra de
favores o la extorsión puede ser muy
delgada...” (Anechiarico y Jacobs, 1996:
4). Y evidentemente estas posibilidades
tienen el riesgo de incidir negativamente
en los procesos democráticos (Caiden,
2002). A este respecto, como expresa,
Zovatto (2005) es importante asegurar
que sea “...el sistema democrático el que
controle al dinero y no a la inversa”.
En la corrupción sistemática, expresa
Wallis, “los agentes políticos
deliberadamente crean rentas a través de
la concesión selectiva de privilegios
económicos” a particulares. Es decir: la
política corrompe la economía. Sin
embargo, en la captura del Estado se
promueven intereses económicos a través
del proceso político. El fenómeno ocurre
en sentido opuesto al anterior, es decir, la
economía corrompe la política (Wallis,
2004).
2. ¿Por qué y cómo imponer límites a la
Corrupción?
Los países que experimentan procesos de
transición democrática y ajustes
económicos −como México− sufren
simultáneamente problemas de corrupción
sistemática y de captura política. En estos
países prevalecen viejas instituciones con
altos niveles de corrupción y la sociedad
es extraordinariamente tolerante al
respecto (p. ej. en lo relacionado con la
actuación de policías); a la vez que surgen
instituciones que muestran una ética
distinta, mayores niveles de eficacia,
profesionalización y corrupción esporádica,
aislada, o prácticamente nula (p. ej. el IFE
y el IFAI en México) 2 . En la corrupción
2 El IFE es el Instituto Federal Electoral y el
IFAI es el Instituto Federal de Acceso a la
Información Gubernamental.
sistemática los procesos rutinarios del
Estado son dominados, organizados y
utilizados por funcionarios deshonestos, y
quienes no quieren tolerar esas
actividades tienen pocas alternativas para
enfrentarlos; es más sencillo, y desde el
punto de vista económico es hasta cierto
punto justificable tolerar prácticas
habituales de corrupción (Johnston, 2002;
Acemoglu and Verrier, 1998). 3 Un paso
fundamental para superar estos
problemas es reducir el nivel de tolerancia
de la sociedad, de manera que los actos
de corrupción sean fuertemente
condenados, y el trabajo de la estructura
institucional anticorrupción cuente con la
colaboración extensiva del público
(Johnston, 2002).
La corrupción sistemática significa una
perversión generalizada de la función
pública, con alto grado de tolerancia social.
No obstante, diversas experiencias han
mostrado ser eficaces para contrarrestar
el fenómeno. Entre los mecanismos más
efectivos se encuentra la desregulación y
la imposición de medios de rendición de
cuentas verticales y horizontales. Es el
caso de México, a nivel federal existen la
Auditoría Superior de la Federación y la
Secretaría de la Función Pública, las
cuales conjugan sus funciones de
fiscalización con imposiciones legales de
transparencia, libertad de acceso a la
información gubernamental y libertad de
expresión. Este arreglo institucional sirve
de complemento a políticas y mecanismos
de “mercado” como la privatización de
empresas públicas, así como el fomento
de servicios (no monopólicos del Estado)
a través de organizaciones sociales
autónomas (Goldin y Glaeser, 2004). Tal
conjunto de ideas caracteriza un enfoque
“económico-institucional” que asume que
el comportamiento rentista es ineludible y
por tanto el adelgazamiento del Estado y
la imposición de controles y sanciones son
el antídoto eficaz para evitar la corrupción
(Klitgaard, 1988).
3 Sin embargo, es importante subrayar que la
corrupción afecta severamente el desarrollo,
además de que es éticamente inadmisible. Ver,
entre otros, (Mauro, 2004; Heidenheimer y
Johnston, 2005: 251-353).
2 5
Sin embargo, el Estado no debe eludir sus
obligaciones en cuanto a la protección de
la integridad de las personas y los
derechos de propiedad privada, por lo que
el adelgazamiento no debe ser extremo de
manera que produzca un Estado débil,
que en principio no pueda controlar su
propia burocracia y consecuentemente
sea incapaz de cumplir sus obligaciones
constitucionales (OCDE, 2004; Hellman et
al., 2000; Myrdal, 1968).
Por otra parte, en la captura del Estado
los funcionarios aprovechan sus
jerarquías dentro de la estructura de
gobierno, lo cual, además de los
privilegios inherentes a sus puestos
(salarios elevados, discrecionalidad,
inmunidad), les permite incidir en la
formulación de las políticas públicas y del
estatus legal (y ocasionalmente ejercitar
facultades meta-legales). La jerarquía
también hace factible conocer o generar
información privilegiada e incrementa la
posibilidad de incurrir en el “fraude
honesto.” Por ejemplo, tomar ventaja de la
revelación de criterios reservados de
elegibilidad en licitaciones públicas futuras
o delinear proyectos a manera de que
ciertos intereses se vean necesariamente
favorecidos (Anechiarico y Jacobs, 1996:
Cap. 4-5).
Así mismo, las reciprocidades que
caracterizan la captura política pueden
satisfacerse mediante la asignación de
cargos administrativos a individuos
convenientes a ciertos intereses; o a
través de la agilización o el retraso
deliberado de pagos de instituciones
públicas a empresas privadas, la creación
de entidades redundantes o el
financiamiento a proyectos que no
necesariamente representan el interés
general. “Los intereses económicos que
pueden capturar o influir las políticas
gubernamentales son la esencia de la
corrupción moderna” (Wallis, 2004).
3. Factibilidad y Riesgos de la Captura
Política
De acuerdo con algunas investigaciones,
la captura política es menos factible en
regímenes que muestran balance
institucional, sobre todo en cuanto a la
separación eficaz de los poderes
gubernamentales (Kudamatsu, 2002).
También se observa que la forma como se
integran los órganos legislativos influye en
los niveles de captura. A partir del estudio
de 94 democracias, Kunicova y Rose-
Ackerman (2003) concluyen que las
legislaturas de representación
proporcional son más susceptibles de
corrupción que las legislaturas integradas
por pluralidad. Muestran, además, que los
sistemas presidenciales combinados con
legislaturas de representación
proporcional exhiben mayores niveles de
corrupción. La idea que parece derivar
tales conclusiones es que la estructura o
configuración política influye
significativamente en las posibilidades de
captura. Por ejemplo, la estructura sufre la
intermediación de los sistemas electorales
y la influencia de partidos políticos.
Las elecciones independientes son un
componente básico de cualquier sistema
democrático. Constituyen el momento que
mejor caracteriza la máxima: gobierno
“por el pueblo.” A través de elecciones
democráticas los políticos rinden cuentas
a los electores y reciben el aval o el
rechazo mayoritario. Sin embargo, los
sistemas electorales están muy lejos de
ser perfectos, o incluso congruentes con
ciertos principios básicos;4 amén de que
como instituciones públicas pueden
corromperse cuando no se les aplican
controles adecuados. Algunas
consecuencias no deseadas son el
exceso electoral, la “partidocracia”, la
tiranía de la mayoría y la “oclocracia”.
Como aspecto crucial hay que reconocer
que las competencias electorales
4 Los problemas de elección colectiva fueron
examinados de manera fundamental a
mediados del siglo XX, la conclusión más
importante, llamada “Teorema de
Imposibilidad de Arrow” muestra que ningún
sistema de elección colectiva garantiza la
satisfacción de un conjunto básico de
propiedades democráticas [Arrow (1963); Sen
(2002)].
2 6
contemporáneas emplean grandes
cantidades de recursos. En México, por
ejemplo, la competencia electoral federal
de 2006 contempla un presupuesto
público de operación y financiamiento a
partidos y agrupaciones políticas cercano
a los 12 mil millones de pesos (un poco
menos de mil millones de dólares
americanos). Sin embargo, las extensivas
campañas políticas asociadas con el
posicionamiento de precandidatos y las
elecciones internas (partidistas)
evidencian claramente la erogación de
enormes cantidades de dinero privado. La
participación de capital privado en
campañas políticas no está prohibida en
México, pero tiene importantes
restricciones en cuanto a los montos y la
procedencia del financiamiento: no
permite el dinero de corporaciones, ni del
extranjero.
La problemática relacionada con el
financiamiento electoral es compleja. En
México el debate se ha concentrado en el
otorgamiento de mayores facultades de
fiscalización al Instituto Federal Electoral
(IFE) la institución que regula estos
procesos a nivel federal. Entre otras
acciones, puede mencionarse el
reglamento de fiscalización creado por el
IFE. Este instrumento, de acuerdo con lo
expresado por esa institución, obliga a los
partidos y coaliciones a presentar tres
informes de gastos, emitidos durante el
desarrollo del proceso electoral. "Las
fechas para la entrega de esos informes
parciales serían el 30 de marzo, el 30 de
mayo y el 31 de julio, para saber cuánto
están gastando." 5 La intención es
introducir transparencia sobre los gastos
de los partidos, especialmente con
respecto a los gastos de propaganda en
medios de comunicación. Otras acciones
son el conocimiento de monitoreos de
mensajes transmitidos por radio y
televisión, y especialmente la apertura del
secreto bancario en materia electoral, así
como la prohibición de recibir
5 Expresado por Luis C. Ugalde Consejero
Presidente del IFE en la rueda de prensa
donde se hizo público el nuevo reglamento,
dic, 2005.
bonificaciones en la contratación de
espacios y tiempos en los medios.
Sin embargo, no existen reglas electorales
que permita una fiscalización precisa de
los recursos erogados en promociones de
precampaña, por lo que el control de estos
procesos es fundamentalmente social.
Este vacío puede fácilmente ser
aprovechado por intereses privados como
respuesta a “crisis” operativas. Por
ejemplo, la medición constante de
popularidad, tendencias, e intenciones de
voto, además de requerir fondos para
ejecutar investigaciones de campo,
comúnmente obliga a “correcciones”
urgentes de la baja presencia de
candidatos o partidos en la conformación
de preferencias electorales. Para corregir
tendencias desfavorables los estrategas
de campaña exigen recursos inmediatos y
cuantiosos que son destinados al
marketing electoral. La premura y la
ansiedad cotidiana que introduce esta
competencia pueden permitir el ingreso de
fondos vinculados con intereses perversos.
La idea es sencilla, como expresa
Thompson (2005: 143) “...para ser electos,
los políticos toman dinero de
contribuyentes y después, simplemente,
les conceden favores...” El mismo
Thompson (2005: 143) llama a esto
corrupción mediada (mediated corruption)
debido a que los actos de corrupción son
facilitados por los procesos políticos. De
ahí la capacidad del capital privado para
influir en la implementación de programas
de desarrollo y reformas; actuales y
futuras (Hellman et al., 2000).
Evidentemente, estos fenómenos no son
exclusivos de México. En América Latina,
por ejemplo, algunas estimaciones
concluyen que aproximadamente 2/3 de
los gastos estimados en las competencias
electorales es de origen desconocido. De
ello se puede suponer que existen
recursos que se invierten en la
competencia política, que si bien no todos
son de origen ilícito, si tienen razones
para ocultar su procedencia. Expresa
Hodess, como conclusión del Reporte
Global de Corrupción 2004, que “...el
financiamiento de partidos políticos con
fuentes ilegales debe ser criminalizado...”
y el mismo reporte, a partir de un análisis
2 7
extensivo de la corrupción en diferentes
instituciones en el mundo, señala que “si
los ciudadanos tuvieran una “varita
mágica” para eliminar la corrupción de una
sola institución, la mayoría elegiría
erradicarla de los partidos políticos antes
que de cualquier otra.” La preeminencia
de corrupción en los procesos electorales
produce apatía y abstención, desilusión
con la democracia, falta de confianza en
los gobiernos establecidos de manera
obscura y un constante acción política
ciudadana opositora.
La captura del Estado se convierte en un
riesgo mayor ante de presencia de
“maquinarias” políticas electorales.
Definidas como “...organizaciones no
ideológicas interesadas mucho menos en
principios políticos que en asegurar y
preservar cargos para sus líderes y
otorgar beneficios a quienes colaboran
para ello...” (Scott, 1969: 222). Se trata de
agrupaciones que buscan incesantemente
los beneficios que representa el poder; y
eso las convierte en “...instituciones
flexibles que pueden acomodar nuevos
grupos y líderes en situaciones muy
dinámicas...” La experiencia de estas
organizaciones ha mostrado que en
ambientes donde prevalece la pobreza y
la ignorancia se pueden obtener
fácilmente “votos” a partir de incentivos
materiales, a veces magros, pero
concretos (Scott, 1969: 223). La aparente
satisfacción de demandas populares se
realiza a través de la concesión de favores
y corrupción. Esta parece ser la
característica básica de las maquinarias
políticas (Scott, 1969: 221-231; Etzioni-
Halevy, 2005: 233-248).
4. Corrupción, Economía y Gobernanza
La corrupción es una manifestación nítida
de la relación entre política y economía.
En diversos países de América Latina, por
ejemplo, lo señalado por Andreski (1969)
persiste como un fenómeno intrínseco a la
administración pública, él comenta que
“En los Estados Unidos los beneficios que
pueden obtenerse a través de la política
han sido siempre despreciables en
comparación con las ganancias de
negocios exitosos”, pero “En contraste, a
lo largo de América Latina el poder político
ha sido la forma más segura y rápida de
obtener riqueza, y a menudo la única vía.”
(Andreski, 1969: 10-11). Sin embargo, es
preciso observar que si bien esta
expresión tuvo una vigencia indiscutible
hace treinta años, la situación actual
muestra que la generalización es
inadecuada en ambos sentidos. Por una
parte, las empresas estadounidenses han
buscado cada vez más obtener privilegios
a través del proceso político. Y, por otra,
en diversos países de América Latina, por
ejemplo en México, el desarrollo político
ha impuesto cada vez mayores obstáculos
a las facilidades de enriquecimiento de los
servidores públicos.
Vale la pena revisar algunos antecedentes
de esta discusión. Entre otros argumentos,
Huntington (1968) explica cómo la
corrupción favoreció el rápido crecimiento
económico de Estados Unidos durante la
década de 1870 a 1880 (esto sin dejar de
señalar que la “...corrupción es
incompatible con el desarrollo político”).
De alguna manera, la opinión mencionada
prevalece en el juicio de algunos
estudiosos de las transiciones económicas
y políticas de las repúblicas ex-socialistas
de Europa y de los países
latinoamericanos ⎯ocurridas desde
principios de los noventas (Miller et al.,
2001). Por ejemplo, Basu y Li (1998)
mantienen que “...cierta corrupción
transitoria puede ser deseable si facilita
los cambios institucionales orientados al
mercado... lo cual puede ser cierto aún si
la corrupción es destructiva antes y
después de los procesos de reforma..
”.
Tal planteamiento, sin embargo, resulta de
una concepción básicamente mercantilista
donde ciertas actividades de las
instituciones públicas pasan a formar
parte de los “bienes” del mercado. Esto es,
los “actos de corrupción” se agregan al
conjunto de transacciones que realizan los
agentes económicos (y los particulares)
de manera usual. O bien, desde la
perspectiva opuesta, se puede decir que
el mercado se extiende ilegalmente al
entorno “burocrático” donde se toman las
decisiones políticas y económicas (Advig,
2003). A este respecto, Advig (2003)
2 8
señala diferencias importantes entre el
peculado (la corrupción que involucran
sólo a funcionarios públicos y fraude o
malversación del erario) que de acuerdo
con sus estudios no implica crecimiento
económico a través de expansiones de
mercado, y la “corrupción” (la colusión de
particulares y funcionarios públicos) la
cual implica un crecimiento vinculado con
la expansión del mercado. De hecho,
Advig va más allá de esas conclusiones
en su análisis de la corrupción en los
países ex-socialistas y relaciona la
corrupción con la expansión monetarista
propia de las transiciones de régimen
económico. Argumenta que la corrupción
dentro de los sistemas comunistas “...fue
aparentemente estimulada por el
crecimiento de mercados regulares o
irregulares”, pero que “...el control estricto
del efectivo actuó como un freno de la
expansión de los actos de corrupción”. Sin
embargo, señala el mismo Advig, la
regularización de los mercados ilegales,
durante la transición al capitalismo,
contrario a lo que podría suponerse, no
redujo sustancialmente los niveles de
corrupción. Aparentemente, el cambio en
el sistema de normas y valores sociales
simplemente produjo nuevas formas de
corrupción en términos de las nuevas
estructuras económicas y políticas (Advig,
2003; Miller et al., 2001).
Señala Andreski, por ejemplo, que “En los
Estados Unidos los cargos públicos que
en la mayoría de los países de Europa
están reservados a funcionarios civiles
permanentes (o de carrera), se distribuyen
entre los militantes o entre quienes
apoyan al partido que gana las
elecciones” (Andreski, 1969: 10). En este
sentido, las posibilidades de cambio en los
gabinetes introducen desviaciones en el
ejercicio público; sobre todo por
inestabilidades vinculadas con la dinámica
electoral. Por ejemplo, inducen a crear,
enfatizar y publicitar diferencias entre las
“acciones gubernamentales” propias del
partido oficial respecto a las emprendidas
o promovidas por partidos opositores; a
utilizar recursos públicos para apoyar a
candidatos o partidos, y en última
instancia motiva a los funcionarios a
buscar alternativas ocupacionales frente a
la eventualidad de no preservar el cargo
presente ⎯u otro cargo público⎯, debido
a que se pierdan elecciones futuras. En
México, por ejemplo, la Ley de Servicio
Profesional de Carrera en la
Administración Pública Federal entró en
vigor apenas el 10 de abril de 2003. A
diferencia de la gran discrecionalidad con
la que muchos cargos públicos podían ser
asignados anteriormente, esta ley regula
ahora el ingreso y las promociones de
funcionarios públicos hasta el nivel de
director general (Pardo, 2003).
Por otra parte, también es habitual que los
nuevos gobiernos emprendan acciones
que impliquen expansiones de control
sobre actividades económicas o sociales;
lo cual crea nuevas oportunidades para
obtener beneficios económicos mediante
el proceso político. De hecho, la
capacidad de crear y aplicar normas con
mayor o menor flexibilidad o arbitrariedad,
o crear confusión y ambigüedades, es uno
de los orígenes de la corrupción; es ahí
donde los funcionarios encuentran
oportunidades rentistas. (Acemoglu and
Verrier, 1998; Benson). Sin embargo, en
el sentido opuesto, la desregulación no
implica eficacia en la erradicación de la
corrupción. Por ejemplo, Glaeser y
Golding (2004) señalan, con respecto a la
relación entre regulación y corrupción en
los Estados Unidos que “La desregulación
fue el arma que se eligió contra la
corrupción, debido a que la reducción de
requisitos oficiales limitó la habilidad del
gobierno de administrar su monopolio de
manera corrupta.” Es por supuesto
previsible que en ambientes donde
prevalezca la corrupción, las acciones de
desregulación se interpreten simplemente
como un liberalismo que promueve
arbitrariedades, especialmente cuando no
se impone la premisa de que los
funcionarios públicos sólo pueden hacer lo
que la ley les permite u obliga. Y, en otro
sentido, la ausencia de regulación puede
generar un contexto en el que ciertos
comportamientos no sean regulados y por
tanto predominen conductas inaceptables,
que no se sujeten a norma alguna. Por
ejemplo, en la Ciudad de México las
licencias de conducir se expiden con el
único requisito de comprobar la mayoría
2 9
de edad y el compromiso de acatar el
reglamento de transito. Esto a diferencia
de épocas pasadas en que el
otorgamiento de una licencia de conducir
demandaba la aprobación de una serie de
exámenes, que en la mayoría de los
casos eran finalmente aprobados
mediante un soborno al funcionario
responsable. De esta manera, la ausencia
actual de requisitos en el otorgamiento de
licencias ha erradicado prácticamente la
corrupción, pero, por otra parte, permite
que un sinnúmero de conductores no
aptos cuentes con acreditación legal para
conducir. Esta situación no es distinta a la
anterior, por supuesto, con la diferencia de
que no hay pagos involucrados; de
cualquier manera el propósito de una
licencia de conducir, como un elemento de
regulación social, no se satisface.
Finalmente, asociado con las
características funcionales y de estructura,
se puede comentar que al admitir
beneficios de la corrupción en el servicio
público se pueden alimentar ideas como
que los pagos que reciben los funcionarios
públicos al incurrir en corrupción sirven
para compensar sus bajos salarios. Este
es un aspecto interesante y merece una
discusión más profunda. Sólo para motivar
un análisis en ese sentido puede aquí
comentarse la postura de Johnston, quien
afirma que a los servidores públicos debe
recompensárseles de una marea
equilibrada con remuneraciones,
reconocimiento y respeto del público. Ese
autor señala que el “...el servicio público
nunca competirá con el sector privado con
la base del pago exclusivamente...”
(Johnston, 2004).
En suma, las acciones de captura política,
similar a los procesos clientelares y el
“patronaje”, es un tipo de alta corrupción
que influye negativamente en la calidad
del ejercicio gubernamental. Ello se debe
a que bajo condiciones de corrupción la
implementación de leyes y políticas deja
de ser imparcial ﴾Rothstein and Teorell)
y porque la posibilidad de crear un
sistema de incentivos y una estructura
organizacional en contra de la corrupción
siempre es limitada (Mishra, 2000).
5. Corrupción y Desarrollo
Diversas investigaciones involucrando
modelos y datos empíricos muestran que
las condiciones en que la corrupción
puede tener efectos positivos en el
crecimiento económico son difíciles de
encontrar en la práctica. Entre otros,
Mauro (2004) y Pellegrini y Perlagh (2004)
concluyen que la corrupción se asocia con
bajos niveles de inversión y lento
crecimiento económico.
En particular, Mauro ﴾2004 ﴿ menciona
dos factores asociados con el fenómeno.
Uno es “...el desperdicio de horas de
trabajo dedicadas a transferencias
improductivas de recursos...” y el otro se
debe a “...un producto marginal reducido
en el capital, debido a la baja proporción
del gasto público que alcanza los
procesos productivos, para los cuales el
gasto público es una entrada (input)...” La
conclusión de Mauro resulta de un
examen del fenómeno de
complementaridad estratégica, en el cual
un agente económico se beneficia en
términos del número de agentes que
realizan una misma acción. En ese caso
se observa un equilibrio múltiple donde un
“buen” equilibrio se asocia con baja
corrupción y un “mal” equilibrio con
corrupción elevada; esto es, un agente se
beneficia de la corrupción cuando muchos
agentes también lo hacen.
Como consecuencia, se puede decir que
los ambientes donde existe corrupción
sistemática son “inhóspitos” para la
inversión y por tanto característicos de
bajo desarrollo (MacIntyre, 2003). La
corrupción sistemática, se puede delimitar
dentro de las condiciones en que “los
agentes políticos crean rentas
−deliberadamente− a través de un proceso
selectivo de concesión de privilegios
económicos” (Wallis, 2004). A diferencia
de los procesos “venales” donde los
actores buscan beneficios económicos a
través del proceso político (Wallis, 2004).
Rose-Ackerman (1975, 1978) coincide
también en afirmar que las condiciones
que pueden hacer que la corrupción sea
3 0
propicia para el crecimiento económico
son remotas. Y sobre todo, es
fundamental referir que los efectos
negativos de la corrupción se advierten
con mayor intensidad en los sectores
sociales vulnerables o más pobres. Se ha
encontrado que la corrupción afecta de
manera directa a esos sectores en la
forma de retrasos y malversación de
pensiones y fondos sociales, clientelismo,
disminución o negación de servicios a
personas con discapacidad, y por la
frecuente necesidad de pagar sobornos
para asegurar la incorporación a
programas de beneficio social u obtener
servicios básicos (CIRIS, 2001). Así
mismo, hay afectaciones indirectas como
baja calidad en servicios públicos, mala
distribución de recursos sociales y
retrasos en la aplicación de reformas
económicas necesarias, todo ello con
especial énfasis en los países en
transición (CIRIS, 2001).
No obstante la validez de estos
argumentos, el enfoque de mercado para
explicar la corrupción se muestra limitado
por diversas razones. Una de ellas es el
reconocimiento de la ética pública como
elemento fundamental del buen gobierno,
y especialmente la preeminencia del
concepto de rendición de cuentas (e.g.
Abed y Davoodi, 2002: 493).
Discusión
Las secciones anteriores proporcionan
importantes elementos de reflexión. En
cuanto a los vínculos de la corrupción con
la democracia, la política y el ejercicio
gubernamental, diversos autores afirman
que la gobernanza democrática es “...el
mejor ambiente para contener la
corrupción...” (MacIntyre, 2003). Sin
embargo, a partir de una definición amplía
y más actual de corrupción, considerada
como el uso personal del patrimonio
público (incluido el poder), no es posible
afirmar que los procesos
democratizadores conducen de manera
inmediata y directa al abatimiento de la
corrupción. Como se ha señalado, las
transiciones generalmente inducen
nuevas formas de corrupción (Bohara et.
al., 2004). Y como advierte Hodess (2004),
se puede afirmar que como parte de un
contexto más amplio, “...la corrupción
política no necesita que haya dinero que
cambie de manos; puede tomar la forma
de “tráfico de influencias” o concesión de
favores, lo cual envenena el proceso
político y amenaza la democracia.”
En su mayor parte, los procesos de
transición política se han orientado a la
consolidación de sistemas de partido y a
la institucionalización de la competencia
electoral. Además de los inconvenientes
propios del “dominio de las mayorías”
intrínseco a la competencia electoral por
pluralidad6, la intensidad y especialmente
las exigencias financieras de las
campañas electorales occidentales se
presentan como lugares favorables para
que emerjan las “reciprocidades” que
caracterizan a los actos de corrupción
(Anechiarico, and Jacobs, 1996: 3,6,7].
Entre ellas, destacan los fenómenos de
corrupción asociados con el
financiamiento excesivo o ilegal de los
procesos electorales y la consecuente
captura política. Hodess (2004: 9) afirma
que “...a menudo la corrupción política
inicia aquí, con el financiamiento...“
La captura política o captura del Estado,
como se ha definido en las secciones
anteriores, implica esfuerzos de grupos de
interés, para obtener ventajas especiales
través de la captación de políticos o
funcionarios públicos (CIRIS, 2001;
Hellman et al., 2000). Es por supuesto
conveniente enfatizar la diferencia entre
los fenómenos de captura del Estado y las
manifestaciones, un tanto más
tradicionales, de corrupción sistemática:
burocrática o política. En este caso, no se
trata de fraudes al erario, evasión de
impuestos, perversión de procesos
judiciales, o de agilizar las relaciones
entre empresas y entidades públicas,
como asume la corrupción burocrática
(Clarke y Colin Xu, 2002; Hunt y Laszlo,
2005; IADB, 2001); o de beneficiar a
familiares o amigos con la asignación de
cargos públicos, clientelismo o utilización
de recursos públicos con fines político-
6 Un sistema de votación por pluralidad es donde
gana el que obtiene la mayor proporción de votos.
3 1
electorales, considerados éstos como
ejemplos de corrupción política (Johnston,
1994; della Porta y Vanucci, 1999: Cap. 3
y 4). En la captura del Estado se trata de
construir un entorno legal conveniente y a
la generación de compromisos, con
políticos, de los que se exigen
reciprocidades (Hellman et al., 2000).
La captura política es por supuesto una
forma de gran corrupción con efectos
trascendentes (que pueden ser nacionales
y de largo plazo y se asocia con
funcionarios públicos de alto nivel y
legisladores. La gobernanza se ve
afectada debido a que los grupos captores
generalmente representan intereses
perversos, orientados a obtener ganancias
en función de objetivos que con frecuencia
se contraponen a los programas de
reforma del Estado y al interés público
(Hellman et al., 2000). Se incluye aquí
desde ambiciones o intereses
completamente ilícitos, como los del
crimen organizado, hasta intereses
privados que se ubican en las fronteras de
la legalidad.
Un caso interesante, derivado de la
captura política, es el “fraude honesto”
(honest graft); es una situación que
aparece esencialmente cuando los
servidores públicos obtienen ganancias a
través de información obtenida de
particulares y de su posición en el servicio
público (Glaeser y Goldin, 2004). En la
terminología de Johnson, en el “fraude
honesto el dinero beneficia a quien lo
recibe (funcionario), pero no le cuesta al
público”; esto es, no hay un fraude en
primera instancia, pues las decisiones o
acciones de los funcionarios no se alteran
por el recibimiento de sobornos.
Considérese, por ejemplo, que un
legislador está completamente de acuerdo,
ideológica y racionalmente, con la
aprobación de una reforma de ley; pero al
mismo tiempo es “aproximado” por
cabilderos que le dan regalos,
comprometen apoyo electoral u ofrecen
alguna posición ocupacional para el
momento en que el legislador termine sus
funciones. Se puede admitir que ese
legislador aprobaría la reforma de
cualquier manera, y legítimamente de
acuerdo con sus funciones de
representante popular; sin embargo, éste
acepta convenientemente los regalos y los
compromisos y vota a favor de la reforma.
Investigaciones recientes muestran que
este fenómeno se manifiesta con mayor
intensidad en países que atraviesan
etapas intermedias de procesos de
transición (económica y política) y tiende a
moderarse al enfrentar balances
democráticos tales como los asociados
con el equilibrio de poderes (Kudamatsu,
2002).
En este sentido, la captura del Estado
refleja una concepción contemporánea del
fenómeno de corrupción ⎯señalada en
las secciones previas⎯, la cual concibe
que los agentes económicos son los
corruptores de la política; en contraste con
un concepto primitivo ⎯para las
democracias desarrolladas⎯ que
mantiene que la política y la función
pública son los corruptores de la
economía.
APUNTES Y ANÁLISIS A PARTIR DE LA EXPERIENCIA
MEXICANA
Gustavo Mazcorro-Téllez, Nicolás Rodríguez-Perego
Sección de Estudios de Posgrado e Investigación
UPIICSA, IPN
México
Resumen
Los mecanismos de captura del Estado suponen coerción o arreglos de mediano y largo
plazos, donde los agentes públicos (incluyendo a los legisladores) se comprometen o son
obligados a actuar en beneficio de intereses privados, y en general a vincular su actuación
con las necesidades de los grupos “captores.” Esto da cuenta de una diferencia importante
con procesos “típicos” de corrupción: la deformación en los mecanismos de aplicación de
leyes, y la deformación en los procesos de creación de leyes.
Un mecanismo clásico de ocurrencia de la captura del Estado es el financiamiento −legal o
ilegal− de actividades proselitistas. En este caso, los agentes corporativos (empresas,
sindicatos, iglesias, etc.) dan soporte a partidos y candidaturas mediante artificios que
incluyen donativos en efectivo, bienes o servicios. La diferencia entre las contribuciones
políticas y la compra de favores o la extorsión puede ser muy pequeña o flexible.
Evidentemente, esto incide negativamente en los procesos democráticos y en la governanza.
La captura política es una forma de “gran corrupción” con efectos trascendentes (que
pueden ser nacionales y de largo plazo, y que se asocia con funcionarios públicos de alto
nivel y legisladores). La gobernanza se ve afectada debido a que los grupos captores
generalmente representan intereses perversos, orientados a obtener ganancias en función
de objetivos que con frecuencia se contraponen a los programas de reforma del Estado y al
interés público. Esto incluye desde ambiciones o intereses completamente ilícitos, como los
del crimen organizado, hasta intereses privados que se ubican en las fronteras de la
legalidad. El trabajo que se presenta analiza los fundamentos de esta problemática y
algunos aspectos de la experiencia de México.•
Palabras Claves
Corrupción, gobernanza, captura política, crecimiento económico
Introducción
El ambiente sociopolítico de la década de
los sesentas propició un interesante
debate sobre los efectos económicos de la
corrupción y sus implicaciones en la
función pública. Autores como Nathaniel
Leff (1964) y Samuel Huntington (1968)
sugirieron que la corrupción podía tener
consecuencias positivas en el crecimiento
económico, particularmente cuando la
actividad comercial estaba sujeta a la
injerencia predatoria de instancias
gubernamentales. La corrupción,
entendida como pagos de agentes
privados a funcionarios públicos, se
reconocía como un “lubricante” útil para el
funcionamiento de las actividades
productivas.
Bajo esta perspectiva, el principal
argumento es que la corrupción evita
demoras, facilita trámites, y en general
permite contrarrestar o negociar la
arbitrariedad asociada con regulaciones
2 2
excesivas o deficientes, a la vez que
muestra un efecto “compensatorio” en los
bajos salarios de los servidores públicos.
La discusión continúa hasta la fecha,
aunque cada vez más conclusiones
fortalecen la idea de que la corrupción
tiene efectos negativos. Por ejemplo,
Kaufmann (1997) afirma que “en las
sociedades corruptas los políticos tienen
discreción sobre la creación, proliferación,
e interpretación de regulaciones
contradictorias. Y por tanto, en lugar de
que la corrupción sea un lubricante para el
“engrane atascado” de una administración
pública rígida, se convierte en el
combustible para la creación de reglas
discrecionales excesivas“. Así mismo,
Mauro (1995) y Kaufmann (1997)
sostienen que la corrupción afecta
negativamente variables económicas de
desarrollo, como la pobreza, la inversión,
el gasto público y la recaudación fiscal.
La relación entre corrupción y crecimiento
económico se ha estudiado
convenientemente, tomando en cuenta
diversos factores. Entre ellos sobresale la
afectación de ese fenómeno en el
desempeño de las empresas pequeñas o
medianas ⎯agentes fundamentales⎯
sobre todo en economías emergentes
donde ese sector es el principal
empleador. Otra vertiente de estudio ha
sido el encarecimiento del gasto público
que imponen las externalidades
vinculadas con la corrupción (pagos
laterales a servidores públicos, menor
calidad en obras, desvío de recursos, etc.),
así como la existencia de relaciones
directas entre la magnitud de la corrupción
y deficiencias operativas en los sistemas
de salud, educación, y en general, en
políticas públicas que tienden a promover
mayor equidad y menor pobreza. Así
mismo, un cúmulo de trabajos académicos
de índole econométrico se han
concentrado en aspectos muy puntuales
como los efectos de la descentralización
gubernamental en la corrupción (Bardhan
y Mookerhee, 2005), los efectos
desequilibrantes de los cambios en la
regulación (Benson) y la relación de la
corrupción con políticas proteccionistas
(Dutt, 2002).
Sin embargo, la relación entre desarrollo
económico y los procesos de “captura del
Estado”, definidos como los esfuerzos que
realizan los particulares (sobre todo
empresas) para conformar ambientes
económicos y legales que les concedan
privilegios u oportunidades específicas,
comunes en la mayoría de los países con
democracias consolidadas o en desarrollo,
ha recibido menor atención por parte de
analistas e investigadores.
El presente trabajo expone las
generalidades de este fenómeno y
examina algunas particularidades en el
contexto mexicano. La primera sección se
dedica a establecer las diferencias entre
captura política y corrupción sistemática.
La segunda y tercera secciones plantean
algunas consecuencias adversas de la
corrupción. La tercera sección establece
las relaciones entre gobernanza
(ocasionalmente llamada gobernabilidad)
y captura política; y en la cuarta sección
se discuten algunas repercusiones de la
corrupción en el desarrollo económico. El
trabajo concluye con una discusión final.
1. Corrupción Sistemática y Captura
Política
Un estudio estadístico sobre
gobernabilidad y desarrollo empresarial en
México, elaborado a mediados de 2005,
reveló ⎯entre otros datos
sorprendentes⎯ que un 20% de las
empresas encuestadas no sólo admitió
haber pagado sobornos a funcionarios
públicos, sino que manifestó haber
destinado importantes recursos (en
promedio el 6% de sus ingresos) para
influir en los procesos legislativos (CEESP,
2005). En otras palabras, las empresas,
además de aceptar haber incurrido en
actos de corrupción para evadir
obligaciones, violar reglas o acelerar
trámites, también reconocieron haber
intervenido en la definición del marco
legal.1
1 Además de CEESP (2005) es interesante
consultar el trabajo de del Castillo y Ampudia
(2005), el cual proporciona datos y
2 3
Este tipo de fenómenos, sin embargo, no
representa una variedad innovadora de
corrupción. El concepto captura política o
captura del Estado se ha utilizado
especialmente a partir de la presente
década para denotar los “...esfuerzos que
realizan las empresas para influir y
delinear las reglas básicas del juego
(legislación, leyes, reglamentos, decretos)
a través de pagos de agentes privados a
funcionarios” (Hellman et. al., 2000). Este
fenómeno es una variedad de “alta”
corrupción, propia de las democracias
desarrolladas y de las que experimentan
procesos de transición.
1.1 Corrupción Sistemática
Los países con bajo desarrollo y
democracias incipientes combinan las
distorsiones de políticas económicas
predatorias o restrictivas con la debilidad
institucional del Estado, generando con
ello deficiencias en el sector público y
ambientes propicios para el asentamiento
de corrupción institucionalizada o
sistemática (Abed y Davoodi, 2002: 292).
La corrupción sistemática ocurre en la
relación cotidiana de los particulares con
la burocracia gubernamental; depende de
ambientes socioeconómicos específicos,
exhibe un alto nivel de organización y
tiene como base el monopolio coercitivo y
la arbitrariedad del Estado (Anechiarico y
Jacobs, 1996; Miller et. al., 2001;
Robinson, 2002; Johnston, 2002). El
nepotismo, las “mordidas” y de vehículos
o instalaciones públicas para fines
personales son casos típicos de esta
variedad (Caiden et al., 2001: 1-14; Morris
﴾sin fecha); Scott, 1972: 2-19).
1.2 Captura Política
En los países desarrollados la corrupción
sistemática es relativamente menor ⎯o
tiende a disminuir⎯, pero importantes
oportunidades de corrupción se presentan
a menudo en los procesos de transición
política, en el perfeccionamiento de las
instituciones gubernamentales y en la
definición de la acción pública; así como
en los procesos legislativos, el comercio
conclusiones sobre el impacto de la
corrupción en empresas pequeñas o medianas.
globalizado, la competencia política, y en
cualquier actividad que implique recursos
públicos cuantiosos y escasa rendición de
cuentas. Las “nuevas” oportunidades de
corrupción involucran conductas
incidentales o intercambios mucho más
sofisticados que, por ejemplo, sobornar a
un inspector para que sea omiso frente al
incumplimiento de un reglamento, comprar
protección policíaca, o influir en una
sentencia judicial. Los fenómenos que
surgen en tal contexto, considerados
fenómenos de “gran corrupción,” tienen
que ver con la interacción de legisladores
y políticos de alto nivel, con empresarios y
grupos de poder. Este fenómeno también
implica el “abuso de la función pública
para beneficiar intereses privados”, pero
no involucra actividades burocráticas,
rutinarias, o “al detalle.” Se trata de actos
que resultan de la capacidad de manipular
estratégicamente la función pública para
obtener y perpetuar rentas (Nef, 2001).
Los mecanismos de captura del Estado
suponen coerción o arreglos de mediano y
largo plazos, donde los agentes públicos
(incluyendo a los legisladores) se
comprometen o son obligados a actuar en
beneficio de intereses particulares, y en
general, a vincular su actuación con las
necesidades de los grupos “captores.”
Esto da cuenta de una diferencia
importante entre los dos fenómenos: la
corrupción sistemática se caracteriza por
deformaciones en los mecanismos de
aplicación de la ley, la captura política
asume deformaciones en los procesos de
creación de leyes.
Un mecanismo clásico de incubación y
desarrollo de este fenómeno es el
financiamiento −legal o ilegal− de
actividades proselitistas (della Porta y
Vanucci, 1999: Caps. 3,4; Carrillo-Flores,
1999; Zovatto, 2005). En este caso los
agentes corporativos (empresas,
sindicatos, iglesias, etc.) dan soporte a
partidos y candidaturas mediante artificios
que incluyen donativos en efectivo o
bienes, uso de inmuebles, descuentos,
viáticos, y promoción o “comentarios
favorables” en los medios de
comunicación, entre otros. En el mejor de
los casos, los compromisos derivados
2 4
asumen el carácter de “deudas de
gratitud” que son medianamente
correspondidas; sin embargo, los apoyos
pueden convertirse en obligaciones de
reciprocidad que afecten seriamente las
decisiones gubernamentales (Carrillo-
Flores, 1999). Por tanto, es natural
conceder que “...la línea que separa las
contribuciones políticas y la compra de
favores o la extorsión puede ser muy
delgada...” (Anechiarico y Jacobs, 1996:
4). Y evidentemente estas posibilidades
tienen el riesgo de incidir negativamente
en los procesos democráticos (Caiden,
2002). A este respecto, como expresa,
Zovatto (2005) es importante asegurar
que sea “...el sistema democrático el que
controle al dinero y no a la inversa”.
En la corrupción sistemática, expresa
Wallis, “los agentes políticos
deliberadamente crean rentas a través de
la concesión selectiva de privilegios
económicos” a particulares. Es decir: la
política corrompe la economía. Sin
embargo, en la captura del Estado se
promueven intereses económicos a través
del proceso político. El fenómeno ocurre
en sentido opuesto al anterior, es decir, la
economía corrompe la política (Wallis,
2004).
2. ¿Por qué y cómo imponer límites a la
Corrupción?
Los países que experimentan procesos de
transición democrática y ajustes
económicos −como México− sufren
simultáneamente problemas de corrupción
sistemática y de captura política. En estos
países prevalecen viejas instituciones con
altos niveles de corrupción y la sociedad
es extraordinariamente tolerante al
respecto (p. ej. en lo relacionado con la
actuación de policías); a la vez que surgen
instituciones que muestran una ética
distinta, mayores niveles de eficacia,
profesionalización y corrupción esporádica,
aislada, o prácticamente nula (p. ej. el IFE
y el IFAI en México) 2 . En la corrupción
2 El IFE es el Instituto Federal Electoral y el
IFAI es el Instituto Federal de Acceso a la
Información Gubernamental.
sistemática los procesos rutinarios del
Estado son dominados, organizados y
utilizados por funcionarios deshonestos, y
quienes no quieren tolerar esas
actividades tienen pocas alternativas para
enfrentarlos; es más sencillo, y desde el
punto de vista económico es hasta cierto
punto justificable tolerar prácticas
habituales de corrupción (Johnston, 2002;
Acemoglu and Verrier, 1998). 3 Un paso
fundamental para superar estos
problemas es reducir el nivel de tolerancia
de la sociedad, de manera que los actos
de corrupción sean fuertemente
condenados, y el trabajo de la estructura
institucional anticorrupción cuente con la
colaboración extensiva del público
(Johnston, 2002).
La corrupción sistemática significa una
perversión generalizada de la función
pública, con alto grado de tolerancia social.
No obstante, diversas experiencias han
mostrado ser eficaces para contrarrestar
el fenómeno. Entre los mecanismos más
efectivos se encuentra la desregulación y
la imposición de medios de rendición de
cuentas verticales y horizontales. Es el
caso de México, a nivel federal existen la
Auditoría Superior de la Federación y la
Secretaría de la Función Pública, las
cuales conjugan sus funciones de
fiscalización con imposiciones legales de
transparencia, libertad de acceso a la
información gubernamental y libertad de
expresión. Este arreglo institucional sirve
de complemento a políticas y mecanismos
de “mercado” como la privatización de
empresas públicas, así como el fomento
de servicios (no monopólicos del Estado)
a través de organizaciones sociales
autónomas (Goldin y Glaeser, 2004). Tal
conjunto de ideas caracteriza un enfoque
“económico-institucional” que asume que
el comportamiento rentista es ineludible y
por tanto el adelgazamiento del Estado y
la imposición de controles y sanciones son
el antídoto eficaz para evitar la corrupción
(Klitgaard, 1988).
3 Sin embargo, es importante subrayar que la
corrupción afecta severamente el desarrollo,
además de que es éticamente inadmisible. Ver,
entre otros, (Mauro, 2004; Heidenheimer y
Johnston, 2005: 251-353).
2 5
Sin embargo, el Estado no debe eludir sus
obligaciones en cuanto a la protección de
la integridad de las personas y los
derechos de propiedad privada, por lo que
el adelgazamiento no debe ser extremo de
manera que produzca un Estado débil,
que en principio no pueda controlar su
propia burocracia y consecuentemente
sea incapaz de cumplir sus obligaciones
constitucionales (OCDE, 2004; Hellman et
al., 2000; Myrdal, 1968).
Por otra parte, en la captura del Estado
los funcionarios aprovechan sus
jerarquías dentro de la estructura de
gobierno, lo cual, además de los
privilegios inherentes a sus puestos
(salarios elevados, discrecionalidad,
inmunidad), les permite incidir en la
formulación de las políticas públicas y del
estatus legal (y ocasionalmente ejercitar
facultades meta-legales). La jerarquía
también hace factible conocer o generar
información privilegiada e incrementa la
posibilidad de incurrir en el “fraude
honesto.” Por ejemplo, tomar ventaja de la
revelación de criterios reservados de
elegibilidad en licitaciones públicas futuras
o delinear proyectos a manera de que
ciertos intereses se vean necesariamente
favorecidos (Anechiarico y Jacobs, 1996:
Cap. 4-5).
Así mismo, las reciprocidades que
caracterizan la captura política pueden
satisfacerse mediante la asignación de
cargos administrativos a individuos
convenientes a ciertos intereses; o a
través de la agilización o el retraso
deliberado de pagos de instituciones
públicas a empresas privadas, la creación
de entidades redundantes o el
financiamiento a proyectos que no
necesariamente representan el interés
general. “Los intereses económicos que
pueden capturar o influir las políticas
gubernamentales son la esencia de la
corrupción moderna” (Wallis, 2004).
3. Factibilidad y Riesgos de la Captura
Política
De acuerdo con algunas investigaciones,
la captura política es menos factible en
regímenes que muestran balance
institucional, sobre todo en cuanto a la
separación eficaz de los poderes
gubernamentales (Kudamatsu, 2002).
También se observa que la forma como se
integran los órganos legislativos influye en
los niveles de captura. A partir del estudio
de 94 democracias, Kunicova y Rose-
Ackerman (2003) concluyen que las
legislaturas de representación
proporcional son más susceptibles de
corrupción que las legislaturas integradas
por pluralidad. Muestran, además, que los
sistemas presidenciales combinados con
legislaturas de representación
proporcional exhiben mayores niveles de
corrupción. La idea que parece derivar
tales conclusiones es que la estructura o
configuración política influye
significativamente en las posibilidades de
captura. Por ejemplo, la estructura sufre la
intermediación de los sistemas electorales
y la influencia de partidos políticos.
Las elecciones independientes son un
componente básico de cualquier sistema
democrático. Constituyen el momento que
mejor caracteriza la máxima: gobierno
“por el pueblo.” A través de elecciones
democráticas los políticos rinden cuentas
a los electores y reciben el aval o el
rechazo mayoritario. Sin embargo, los
sistemas electorales están muy lejos de
ser perfectos, o incluso congruentes con
ciertos principios básicos;4 amén de que
como instituciones públicas pueden
corromperse cuando no se les aplican
controles adecuados. Algunas
consecuencias no deseadas son el
exceso electoral, la “partidocracia”, la
tiranía de la mayoría y la “oclocracia”.
Como aspecto crucial hay que reconocer
que las competencias electorales
4 Los problemas de elección colectiva fueron
examinados de manera fundamental a
mediados del siglo XX, la conclusión más
importante, llamada “Teorema de
Imposibilidad de Arrow” muestra que ningún
sistema de elección colectiva garantiza la
satisfacción de un conjunto básico de
propiedades democráticas [Arrow (1963); Sen
(2002)].
2 6
contemporáneas emplean grandes
cantidades de recursos. En México, por
ejemplo, la competencia electoral federal
de 2006 contempla un presupuesto
público de operación y financiamiento a
partidos y agrupaciones políticas cercano
a los 12 mil millones de pesos (un poco
menos de mil millones de dólares
americanos). Sin embargo, las extensivas
campañas políticas asociadas con el
posicionamiento de precandidatos y las
elecciones internas (partidistas)
evidencian claramente la erogación de
enormes cantidades de dinero privado. La
participación de capital privado en
campañas políticas no está prohibida en
México, pero tiene importantes
restricciones en cuanto a los montos y la
procedencia del financiamiento: no
permite el dinero de corporaciones, ni del
extranjero.
La problemática relacionada con el
financiamiento electoral es compleja. En
México el debate se ha concentrado en el
otorgamiento de mayores facultades de
fiscalización al Instituto Federal Electoral
(IFE) la institución que regula estos
procesos a nivel federal. Entre otras
acciones, puede mencionarse el
reglamento de fiscalización creado por el
IFE. Este instrumento, de acuerdo con lo
expresado por esa institución, obliga a los
partidos y coaliciones a presentar tres
informes de gastos, emitidos durante el
desarrollo del proceso electoral. "Las
fechas para la entrega de esos informes
parciales serían el 30 de marzo, el 30 de
mayo y el 31 de julio, para saber cuánto
están gastando." 5 La intención es
introducir transparencia sobre los gastos
de los partidos, especialmente con
respecto a los gastos de propaganda en
medios de comunicación. Otras acciones
son el conocimiento de monitoreos de
mensajes transmitidos por radio y
televisión, y especialmente la apertura del
secreto bancario en materia electoral, así
como la prohibición de recibir
5 Expresado por Luis C. Ugalde Consejero
Presidente del IFE en la rueda de prensa
donde se hizo público el nuevo reglamento,
dic, 2005.
bonificaciones en la contratación de
espacios y tiempos en los medios.
Sin embargo, no existen reglas electorales
que permita una fiscalización precisa de
los recursos erogados en promociones de
precampaña, por lo que el control de estos
procesos es fundamentalmente social.
Este vacío puede fácilmente ser
aprovechado por intereses privados como
respuesta a “crisis” operativas. Por
ejemplo, la medición constante de
popularidad, tendencias, e intenciones de
voto, además de requerir fondos para
ejecutar investigaciones de campo,
comúnmente obliga a “correcciones”
urgentes de la baja presencia de
candidatos o partidos en la conformación
de preferencias electorales. Para corregir
tendencias desfavorables los estrategas
de campaña exigen recursos inmediatos y
cuantiosos que son destinados al
marketing electoral. La premura y la
ansiedad cotidiana que introduce esta
competencia pueden permitir el ingreso de
fondos vinculados con intereses perversos.
La idea es sencilla, como expresa
Thompson (2005: 143) “...para ser electos,
los políticos toman dinero de
contribuyentes y después, simplemente,
les conceden favores...” El mismo
Thompson (2005: 143) llama a esto
corrupción mediada (mediated corruption)
debido a que los actos de corrupción son
facilitados por los procesos políticos. De
ahí la capacidad del capital privado para
influir en la implementación de programas
de desarrollo y reformas; actuales y
futuras (Hellman et al., 2000).
Evidentemente, estos fenómenos no son
exclusivos de México. En América Latina,
por ejemplo, algunas estimaciones
concluyen que aproximadamente 2/3 de
los gastos estimados en las competencias
electorales es de origen desconocido. De
ello se puede suponer que existen
recursos que se invierten en la
competencia política, que si bien no todos
son de origen ilícito, si tienen razones
para ocultar su procedencia. Expresa
Hodess, como conclusión del Reporte
Global de Corrupción 2004, que “...el
financiamiento de partidos políticos con
fuentes ilegales debe ser criminalizado...”
y el mismo reporte, a partir de un análisis
2 7
extensivo de la corrupción en diferentes
instituciones en el mundo, señala que “si
los ciudadanos tuvieran una “varita
mágica” para eliminar la corrupción de una
sola institución, la mayoría elegiría
erradicarla de los partidos políticos antes
que de cualquier otra.” La preeminencia
de corrupción en los procesos electorales
produce apatía y abstención, desilusión
con la democracia, falta de confianza en
los gobiernos establecidos de manera
obscura y un constante acción política
ciudadana opositora.
La captura del Estado se convierte en un
riesgo mayor ante de presencia de
“maquinarias” políticas electorales.
Definidas como “...organizaciones no
ideológicas interesadas mucho menos en
principios políticos que en asegurar y
preservar cargos para sus líderes y
otorgar beneficios a quienes colaboran
para ello...” (Scott, 1969: 222). Se trata de
agrupaciones que buscan incesantemente
los beneficios que representa el poder; y
eso las convierte en “...instituciones
flexibles que pueden acomodar nuevos
grupos y líderes en situaciones muy
dinámicas...” La experiencia de estas
organizaciones ha mostrado que en
ambientes donde prevalece la pobreza y
la ignorancia se pueden obtener
fácilmente “votos” a partir de incentivos
materiales, a veces magros, pero
concretos (Scott, 1969: 223). La aparente
satisfacción de demandas populares se
realiza a través de la concesión de favores
y corrupción. Esta parece ser la
característica básica de las maquinarias
políticas (Scott, 1969: 221-231; Etzioni-
Halevy, 2005: 233-248).
4. Corrupción, Economía y Gobernanza
La corrupción es una manifestación nítida
de la relación entre política y economía.
En diversos países de América Latina, por
ejemplo, lo señalado por Andreski (1969)
persiste como un fenómeno intrínseco a la
administración pública, él comenta que
“En los Estados Unidos los beneficios que
pueden obtenerse a través de la política
han sido siempre despreciables en
comparación con las ganancias de
negocios exitosos”, pero “En contraste, a
lo largo de América Latina el poder político
ha sido la forma más segura y rápida de
obtener riqueza, y a menudo la única vía.”
(Andreski, 1969: 10-11). Sin embargo, es
preciso observar que si bien esta
expresión tuvo una vigencia indiscutible
hace treinta años, la situación actual
muestra que la generalización es
inadecuada en ambos sentidos. Por una
parte, las empresas estadounidenses han
buscado cada vez más obtener privilegios
a través del proceso político. Y, por otra,
en diversos países de América Latina, por
ejemplo en México, el desarrollo político
ha impuesto cada vez mayores obstáculos
a las facilidades de enriquecimiento de los
servidores públicos.
Vale la pena revisar algunos antecedentes
de esta discusión. Entre otros argumentos,
Huntington (1968) explica cómo la
corrupción favoreció el rápido crecimiento
económico de Estados Unidos durante la
década de 1870 a 1880 (esto sin dejar de
señalar que la “...corrupción es
incompatible con el desarrollo político”).
De alguna manera, la opinión mencionada
prevalece en el juicio de algunos
estudiosos de las transiciones económicas
y políticas de las repúblicas ex-socialistas
de Europa y de los países
latinoamericanos ⎯ocurridas desde
principios de los noventas (Miller et al.,
2001). Por ejemplo, Basu y Li (1998)
mantienen que “...cierta corrupción
transitoria puede ser deseable si facilita
los cambios institucionales orientados al
mercado... lo cual puede ser cierto aún si
la corrupción es destructiva antes y
después de los procesos de reforma..
”.
Tal planteamiento, sin embargo, resulta de
una concepción básicamente mercantilista
donde ciertas actividades de las
instituciones públicas pasan a formar
parte de los “bienes” del mercado. Esto es,
los “actos de corrupción” se agregan al
conjunto de transacciones que realizan los
agentes económicos (y los particulares)
de manera usual. O bien, desde la
perspectiva opuesta, se puede decir que
el mercado se extiende ilegalmente al
entorno “burocrático” donde se toman las
decisiones políticas y económicas (Advig,
2003). A este respecto, Advig (2003)
2 8
señala diferencias importantes entre el
peculado (la corrupción que involucran
sólo a funcionarios públicos y fraude o
malversación del erario) que de acuerdo
con sus estudios no implica crecimiento
económico a través de expansiones de
mercado, y la “corrupción” (la colusión de
particulares y funcionarios públicos) la
cual implica un crecimiento vinculado con
la expansión del mercado. De hecho,
Advig va más allá de esas conclusiones
en su análisis de la corrupción en los
países ex-socialistas y relaciona la
corrupción con la expansión monetarista
propia de las transiciones de régimen
económico. Argumenta que la corrupción
dentro de los sistemas comunistas “...fue
aparentemente estimulada por el
crecimiento de mercados regulares o
irregulares”, pero que “...el control estricto
del efectivo actuó como un freno de la
expansión de los actos de corrupción”. Sin
embargo, señala el mismo Advig, la
regularización de los mercados ilegales,
durante la transición al capitalismo,
contrario a lo que podría suponerse, no
redujo sustancialmente los niveles de
corrupción. Aparentemente, el cambio en
el sistema de normas y valores sociales
simplemente produjo nuevas formas de
corrupción en términos de las nuevas
estructuras económicas y políticas (Advig,
2003; Miller et al., 2001).
Señala Andreski, por ejemplo, que “En los
Estados Unidos los cargos públicos que
en la mayoría de los países de Europa
están reservados a funcionarios civiles
permanentes (o de carrera), se distribuyen
entre los militantes o entre quienes
apoyan al partido que gana las
elecciones” (Andreski, 1969: 10). En este
sentido, las posibilidades de cambio en los
gabinetes introducen desviaciones en el
ejercicio público; sobre todo por
inestabilidades vinculadas con la dinámica
electoral. Por ejemplo, inducen a crear,
enfatizar y publicitar diferencias entre las
“acciones gubernamentales” propias del
partido oficial respecto a las emprendidas
o promovidas por partidos opositores; a
utilizar recursos públicos para apoyar a
candidatos o partidos, y en última
instancia motiva a los funcionarios a
buscar alternativas ocupacionales frente a
la eventualidad de no preservar el cargo
presente ⎯u otro cargo público⎯, debido
a que se pierdan elecciones futuras. En
México, por ejemplo, la Ley de Servicio
Profesional de Carrera en la
Administración Pública Federal entró en
vigor apenas el 10 de abril de 2003. A
diferencia de la gran discrecionalidad con
la que muchos cargos públicos podían ser
asignados anteriormente, esta ley regula
ahora el ingreso y las promociones de
funcionarios públicos hasta el nivel de
director general (Pardo, 2003).
Por otra parte, también es habitual que los
nuevos gobiernos emprendan acciones
que impliquen expansiones de control
sobre actividades económicas o sociales;
lo cual crea nuevas oportunidades para
obtener beneficios económicos mediante
el proceso político. De hecho, la
capacidad de crear y aplicar normas con
mayor o menor flexibilidad o arbitrariedad,
o crear confusión y ambigüedades, es uno
de los orígenes de la corrupción; es ahí
donde los funcionarios encuentran
oportunidades rentistas. (Acemoglu and
Verrier, 1998; Benson). Sin embargo, en
el sentido opuesto, la desregulación no
implica eficacia en la erradicación de la
corrupción. Por ejemplo, Glaeser y
Golding (2004) señalan, con respecto a la
relación entre regulación y corrupción en
los Estados Unidos que “La desregulación
fue el arma que se eligió contra la
corrupción, debido a que la reducción de
requisitos oficiales limitó la habilidad del
gobierno de administrar su monopolio de
manera corrupta.” Es por supuesto
previsible que en ambientes donde
prevalezca la corrupción, las acciones de
desregulación se interpreten simplemente
como un liberalismo que promueve
arbitrariedades, especialmente cuando no
se impone la premisa de que los
funcionarios públicos sólo pueden hacer lo
que la ley les permite u obliga. Y, en otro
sentido, la ausencia de regulación puede
generar un contexto en el que ciertos
comportamientos no sean regulados y por
tanto predominen conductas inaceptables,
que no se sujeten a norma alguna. Por
ejemplo, en la Ciudad de México las
licencias de conducir se expiden con el
único requisito de comprobar la mayoría
2 9
de edad y el compromiso de acatar el
reglamento de transito. Esto a diferencia
de épocas pasadas en que el
otorgamiento de una licencia de conducir
demandaba la aprobación de una serie de
exámenes, que en la mayoría de los
casos eran finalmente aprobados
mediante un soborno al funcionario
responsable. De esta manera, la ausencia
actual de requisitos en el otorgamiento de
licencias ha erradicado prácticamente la
corrupción, pero, por otra parte, permite
que un sinnúmero de conductores no
aptos cuentes con acreditación legal para
conducir. Esta situación no es distinta a la
anterior, por supuesto, con la diferencia de
que no hay pagos involucrados; de
cualquier manera el propósito de una
licencia de conducir, como un elemento de
regulación social, no se satisface.
Finalmente, asociado con las
características funcionales y de estructura,
se puede comentar que al admitir
beneficios de la corrupción en el servicio
público se pueden alimentar ideas como
que los pagos que reciben los funcionarios
públicos al incurrir en corrupción sirven
para compensar sus bajos salarios. Este
es un aspecto interesante y merece una
discusión más profunda. Sólo para motivar
un análisis en ese sentido puede aquí
comentarse la postura de Johnston, quien
afirma que a los servidores públicos debe
recompensárseles de una marea
equilibrada con remuneraciones,
reconocimiento y respeto del público. Ese
autor señala que el “...el servicio público
nunca competirá con el sector privado con
la base del pago exclusivamente...”
(Johnston, 2004).
En suma, las acciones de captura política,
similar a los procesos clientelares y el
“patronaje”, es un tipo de alta corrupción
que influye negativamente en la calidad
del ejercicio gubernamental. Ello se debe
a que bajo condiciones de corrupción la
implementación de leyes y políticas deja
de ser imparcial ﴾Rothstein and Teorell)
y porque la posibilidad de crear un
sistema de incentivos y una estructura
organizacional en contra de la corrupción
siempre es limitada (Mishra, 2000).
5. Corrupción y Desarrollo
Diversas investigaciones involucrando
modelos y datos empíricos muestran que
las condiciones en que la corrupción
puede tener efectos positivos en el
crecimiento económico son difíciles de
encontrar en la práctica. Entre otros,
Mauro (2004) y Pellegrini y Perlagh (2004)
concluyen que la corrupción se asocia con
bajos niveles de inversión y lento
crecimiento económico.
En particular, Mauro ﴾2004 ﴿ menciona
dos factores asociados con el fenómeno.
Uno es “...el desperdicio de horas de
trabajo dedicadas a transferencias
improductivas de recursos...” y el otro se
debe a “...un producto marginal reducido
en el capital, debido a la baja proporción
del gasto público que alcanza los
procesos productivos, para los cuales el
gasto público es una entrada (input)...” La
conclusión de Mauro resulta de un
examen del fenómeno de
complementaridad estratégica, en el cual
un agente económico se beneficia en
términos del número de agentes que
realizan una misma acción. En ese caso
se observa un equilibrio múltiple donde un
“buen” equilibrio se asocia con baja
corrupción y un “mal” equilibrio con
corrupción elevada; esto es, un agente se
beneficia de la corrupción cuando muchos
agentes también lo hacen.
Como consecuencia, se puede decir que
los ambientes donde existe corrupción
sistemática son “inhóspitos” para la
inversión y por tanto característicos de
bajo desarrollo (MacIntyre, 2003). La
corrupción sistemática, se puede delimitar
dentro de las condiciones en que “los
agentes políticos crean rentas
−deliberadamente− a través de un proceso
selectivo de concesión de privilegios
económicos” (Wallis, 2004). A diferencia
de los procesos “venales” donde los
actores buscan beneficios económicos a
través del proceso político (Wallis, 2004).
Rose-Ackerman (1975, 1978) coincide
también en afirmar que las condiciones
que pueden hacer que la corrupción sea
3 0
propicia para el crecimiento económico
son remotas. Y sobre todo, es
fundamental referir que los efectos
negativos de la corrupción se advierten
con mayor intensidad en los sectores
sociales vulnerables o más pobres. Se ha
encontrado que la corrupción afecta de
manera directa a esos sectores en la
forma de retrasos y malversación de
pensiones y fondos sociales, clientelismo,
disminución o negación de servicios a
personas con discapacidad, y por la
frecuente necesidad de pagar sobornos
para asegurar la incorporación a
programas de beneficio social u obtener
servicios básicos (CIRIS, 2001). Así
mismo, hay afectaciones indirectas como
baja calidad en servicios públicos, mala
distribución de recursos sociales y
retrasos en la aplicación de reformas
económicas necesarias, todo ello con
especial énfasis en los países en
transición (CIRIS, 2001).
No obstante la validez de estos
argumentos, el enfoque de mercado para
explicar la corrupción se muestra limitado
por diversas razones. Una de ellas es el
reconocimiento de la ética pública como
elemento fundamental del buen gobierno,
y especialmente la preeminencia del
concepto de rendición de cuentas (e.g.
Abed y Davoodi, 2002: 493).
Discusión
Las secciones anteriores proporcionan
importantes elementos de reflexión. En
cuanto a los vínculos de la corrupción con
la democracia, la política y el ejercicio
gubernamental, diversos autores afirman
que la gobernanza democrática es “...el
mejor ambiente para contener la
corrupción...” (MacIntyre, 2003). Sin
embargo, a partir de una definición amplía
y más actual de corrupción, considerada
como el uso personal del patrimonio
público (incluido el poder), no es posible
afirmar que los procesos
democratizadores conducen de manera
inmediata y directa al abatimiento de la
corrupción. Como se ha señalado, las
transiciones generalmente inducen
nuevas formas de corrupción (Bohara et.
al., 2004). Y como advierte Hodess (2004),
se puede afirmar que como parte de un
contexto más amplio, “...la corrupción
política no necesita que haya dinero que
cambie de manos; puede tomar la forma
de “tráfico de influencias” o concesión de
favores, lo cual envenena el proceso
político y amenaza la democracia.”
En su mayor parte, los procesos de
transición política se han orientado a la
consolidación de sistemas de partido y a
la institucionalización de la competencia
electoral. Además de los inconvenientes
propios del “dominio de las mayorías”
intrínseco a la competencia electoral por
pluralidad6, la intensidad y especialmente
las exigencias financieras de las
campañas electorales occidentales se
presentan como lugares favorables para
que emerjan las “reciprocidades” que
caracterizan a los actos de corrupción
(Anechiarico, and Jacobs, 1996: 3,6,7].
Entre ellas, destacan los fenómenos de
corrupción asociados con el
financiamiento excesivo o ilegal de los
procesos electorales y la consecuente
captura política. Hodess (2004: 9) afirma
que “...a menudo la corrupción política
inicia aquí, con el financiamiento...“
La captura política o captura del Estado,
como se ha definido en las secciones
anteriores, implica esfuerzos de grupos de
interés, para obtener ventajas especiales
través de la captación de políticos o
funcionarios públicos (CIRIS, 2001;
Hellman et al., 2000). Es por supuesto
conveniente enfatizar la diferencia entre
los fenómenos de captura del Estado y las
manifestaciones, un tanto más
tradicionales, de corrupción sistemática:
burocrática o política. En este caso, no se
trata de fraudes al erario, evasión de
impuestos, perversión de procesos
judiciales, o de agilizar las relaciones
entre empresas y entidades públicas,
como asume la corrupción burocrática
(Clarke y Colin Xu, 2002; Hunt y Laszlo,
2005; IADB, 2001); o de beneficiar a
familiares o amigos con la asignación de
cargos públicos, clientelismo o utilización
de recursos públicos con fines político-
6 Un sistema de votación por pluralidad es donde
gana el que obtiene la mayor proporción de votos.
3 1
electorales, considerados éstos como
ejemplos de corrupción política (Johnston,
1994; della Porta y Vanucci, 1999: Cap. 3
y 4). En la captura del Estado se trata de
construir un entorno legal conveniente y a
la generación de compromisos, con
políticos, de los que se exigen
reciprocidades (Hellman et al., 2000).
La captura política es por supuesto una
forma de gran corrupción con efectos
trascendentes (que pueden ser nacionales
y de largo plazo y se asocia con
funcionarios públicos de alto nivel y
legisladores. La gobernanza se ve
afectada debido a que los grupos captores
generalmente representan intereses
perversos, orientados a obtener ganancias
en función de objetivos que con frecuencia
se contraponen a los programas de
reforma del Estado y al interés público
(Hellman et al., 2000). Se incluye aquí
desde ambiciones o intereses
completamente ilícitos, como los del
crimen organizado, hasta intereses
privados que se ubican en las fronteras de
la legalidad.
Un caso interesante, derivado de la
captura política, es el “fraude honesto”
(honest graft); es una situación que
aparece esencialmente cuando los
servidores públicos obtienen ganancias a
través de información obtenida de
particulares y de su posición en el servicio
público (Glaeser y Goldin, 2004). En la
terminología de Johnson, en el “fraude
honesto el dinero beneficia a quien lo
recibe (funcionario), pero no le cuesta al
público”; esto es, no hay un fraude en
primera instancia, pues las decisiones o
acciones de los funcionarios no se alteran
por el recibimiento de sobornos.
Considérese, por ejemplo, que un
legislador está completamente de acuerdo,
ideológica y racionalmente, con la
aprobación de una reforma de ley; pero al
mismo tiempo es “aproximado” por
cabilderos que le dan regalos,
comprometen apoyo electoral u ofrecen
alguna posición ocupacional para el
momento en que el legislador termine sus
funciones. Se puede admitir que ese
legislador aprobaría la reforma de
cualquier manera, y legítimamente de
acuerdo con sus funciones de
representante popular; sin embargo, éste
acepta convenientemente los regalos y los
compromisos y vota a favor de la reforma.
Investigaciones recientes muestran que
este fenómeno se manifiesta con mayor
intensidad en países que atraviesan
etapas intermedias de procesos de
transición (económica y política) y tiende a
moderarse al enfrentar balances
democráticos tales como los asociados
con el equilibrio de poderes (Kudamatsu,
2002).
En este sentido, la captura del Estado
refleja una concepción contemporánea del
fenómeno de corrupción ⎯señalada en
las secciones previas⎯, la cual concibe
que los agentes económicos son los
corruptores de la política; en contraste con
un concepto primitivo ⎯para las
democracias desarrolladas⎯ que
mantiene que la política y la función
pública son los corruptores de la
economía.
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